[19:40]
Aunque
el frío de la ciudad había helado los deseos de conversar de Liam Negiru, Edín
Dageste y Zei Aoke, se animaron cuando finalmente pudieron alcanzar uno de los
puentes que conectaba con Toriade. Las miles de tiendas climatizadas que
bombeaban ondas de calor hacia el exterior les dieron la bienvenida y ellos
disfrutaron cada segundo de su paseo por la zona. Ajardinadas avenidas,
carteles luminosos. Habían barrido la nieve con tal eficiencia que no quedaba
un solo rastro. Desde allí alcanzaron el distrito Ki'een, hogar de la fiesta,
los restaurantes y las discotecas. Aun era muy temprano para cualquiera de
aquellos pasatiempos por lo que las calles se encontraban ligeramente más
silenciosas.
Sumidos
en el paseo no se percataron de lo cuidados que estaban sus alrededores hasta
cruzar el río Yonma. El Distrito Fen era otro universo que demostraba que el
Toriade, Ki'een y la Rivera eran el corazón económico de Yakeru y aquello no
había cambiado desde la última vez que Liam lo había visto. Las calles estaban
mucho más desatendidas, las casas, normalmente de dos plantas, se alternaban
entre perfectamente cuidadas y completamente echadas a perder. La famosa calle
del Mercado Sur, tan extensa que no se llegaba a apreciar su final, se encontraba
vacía de cualquier negocio, muchos de ellos reemplazados por restaurantes de
comida Qeinese cuyas excesivas decoraciones más de una vez dañaban la vista.
Tras
desviarse de la calle del Mercado Sur entraron por una zona peatonal que
finalizaba en una curva entre dos edificios. Si su mapa no estaba equivocado,
la residencia El Cruce de Caminos se encontraría no muy lejos, avanzando un
poco por la calle. Adormecidos por el frío y el largo viaje se dispusieron a
cruzar ciegamente en diagonal por aquella curva cuando un sonoro pitido les
devolvió a la realidad. Liam retrocedió con un brinco. Se habían apartado
corriendo de la trayectoria de un coche de policía que casi les había
atropellado.
-¡¿Qué
hacéis?! – Protestó enfadada.
El
vehículo prosiguió su acelerada marcha hasta detenerse cerca de la multitud que
inundaba parcialmente la calle ante ellos. No se había percatado antes, quizá
verdaderamente se estaba durmiendo por el frío. Se volvió para comprobar que
Zei Aoke y Edín Dageste se encontrasen bien. El primero, como siempre, se
mantenía apático ante lo que acababa de pasar, pero el segundo, había
retrocedido contra la pared de un edificio cercano. Le temblaban las piernas.
-¿E-estas
bien?
-Sí…
s-sí. Es solo… nada. – Respondió entrecortadamente.
-¿Te
has hecho daño? – Preguntó al ver que se pasaba la mano por la cabeza.
-No…
me encuentro bien…
-Tengo
la impresión de que aquello es nuestra residencia. – Señaló Aoke.
Esperaron
a Edín Dageste antes de avanzar hacia la multitud. Estaba en lo cierto, aquel
edificio era su residencia. Por su aspecto Liam dedujo que debía haberse
derrumbado, era viejo, destartalado. Se notaba que le habían dado una capa de
pintura azul probablemente para alegrar la pared que habría debajo, pero el
clima se había encargado de descubrir el color original. Las ventanas tenían
marcos de madera que se habían ido resquebrajando sobre y bajo incontables
capas de pintura marrón. Algunas también tenían contraventanas en las mismas si
no peores condiciones. La puerta delantera estaba acristalada y acotada por un
feo pórtico de piedra, a un lado había un cartel que mostraba “El Cruce de
Caminos” en coloridas letras que se superponían al dibujo de un árbol. Aunque
podía engañar por fuera, que un edificio tuviese esas características
exteriores no venía a indicar que fuesen también interiores.
Todo
el vecindario estaba allí en aquel momento. El área había sido rodeada con
cinta policial para evitar que nadie entrara, lo que no impedía que los
curiosos se arremolinasen alrededor. Intentó agudizar el oído para captar de
alguna de las múltiples conversaciones lo que había ocurrido, pero no consiguió
sacar nada en claro ya que cada grupo tenía una versión distinta. La voz de un
policía atravesó el ruido potenciada por un megáfono.
-¡Se
ruega a todos los residentes acudan al lateral derecho del edificio por favor!
¡El Prefecto de esta residencia les atenderá ahí en breve! – El joven policía
repitió su mensaje un par de veces más mientras algunos jóvenes entre la
multitud seguían sus órdenes.
Al
acercarse al lateral vio a dos jóvenes cerca de la zona acordonada. Le
resultaban ligeramente familiares, quizá se habían cruzado antes. Una de ellas,
cargada de bolsas de diversas tiendas, le gritaba a un policía. Cuando este
negó con la cabeza ella soltó las bolsas en un desafiante movimiento. La otra
joven puso sus manos en la espalda de su compañera y comenzó a empujarla hacia
el grupo de estudiantes que se había formado en el lateral derecho. Tras una
breve espera salió del edificio un muchacho alto. Tenía el pelo negro
perfectamente peinado, acentuando un aura de seriedad. Parecía que las
circunstancias, fueran las que fuesen, habían dejado su rostro pálido,
demacrado y con unas marcadas ojeras. Aun así se mantuvo serio y conciliador
cuando trató con los alumnos.
-Por
favor, prestadme atención. Lamentablemente la residencia no puede atenderos
ahora mismo por causas ajenas a nuestra voluntad. – Prosiguió pese a los
comentarios que surgían del grupo de estudiantes. – Cread una cola ordenada por
favor, os atenderé uno a uno para explicaros que hacer ahora.
La
policía había preparado una mesa y una silla para que las usase. Los
estudiantes se colocaron creando una perfecta cola mientras el Prefecto los
despachaba. Afortunadamente no eran demasiados alumnos, el sol descendía y
recorrer una ciudad a media noche cargado de maletas no era una idea acogedora.
Sin ser consciente se había colocado la primera de sus tres acompañantes, con
Dageste detrás y Aoke el último. Se dedicó a estudiar a los alumnos ante ella,
la cerrada residencia y casi cualquier cosa que pudiese distraer su atención
mientras esperaba. Comenzó a escuchar susurros tras ella.
-¿Qué
pasa? – Le preguntó a Dageste.
-Aoke
está hablando con tres chicas para enterarse de que ha pasado.
Aunque
observó el grupo solo podía ver a Aoke y a una desconocida muchacha. Las otras
dos, la chica de la coleta rosa y su compañera de cabello negro estaban
parcialmente de espaldas.
-¿Y
se sabe algo?
-Dicen
que… aparentemente han atacado a alguien en su habitación.
-¿C-cómo?
– Insistió horrorizada.
-Otras
comentan que creen que ha sido un intento de suicidio.
-No
mejora…
-Parece
que ya había alumnos en la residencia cuando ha ocurrido y están reubicándonos
a otros lugares.
-¿Saben
cómo? Es decir ¿Por apellidos, nombres, edad?
Edín
Dageste negó y cuando se disponía a responder un potente carraspeo consiguió
que la totalidad de la fila de alumnos se volviese. Provenía de una alta y
robusta joven situada tras las alumnas que hablaban. Sobresalía, el alumno más
alto le llegaría entre los hombros y el cuello. Lo que más destacaba de ella
era su figura, su abrigo parecía grueso, pero claramente lo que había bajo ese
abrigo eran músculos. En aquel momento, cruzada de brazos, destacaban aun más. Su
melena marrón estaba recogida en una corta y basta trenza, aunque parte de su
cabello caía a ambos lados de su rostro. Lo que creía que era un amenazante
rostro, aunque a lo mejor simplemente estaba molesta por tener que esperar en
la cola, o quizá porque se comentasen las desgracias que podían haber ocurrido
en aquel lugar. Se mantenía con los ojos cerrados, como si estuviese meditando,
aunque los abrió mostrando dos brillos de un color grisáceo que les fulminaron.
Estaba exigiendo silencio en la fila de estudiantes y con aquella mirada lo
consiguió.
Los
suaves susurros que quedaron después variaron de tema. Ahora en lugar de hablar
de lo que había ocurrido, comentaban quien era aquella imponente joven. Liam
volvió a atender la fila justo a tiempo para darse cuenta de que era su turno.
Avanzó con una sonrisa hacia el Prefecto.
-¿Apellido
y nombre?
-Negiru,
Liam.
Sin
responder nada el Prefecto comenzó a buscar en una lista de nombres que tenía ante
él. Finalmente tachó un nombre.
-Sentimos
mucho no poder atenderte, pero todo estudiante de la residencia debe ser
reubicado a otra. Un segundo que mire tus plazas disponibles en base a tu
apellido. – Tecleó en un pequeño portátil que mantenía a su lado.
-¿Y…
que ha pasado exactamente para tener que reubicarnos? – Preguntó, las manos del
Prefecto se tensaron durante un segundo.
-Lo
siento… pero no puedo divulgar esa información.
La
miró con una sonrisa pensada para esconder sus propias preocupaciones y
prosiguió con su búsqueda en el ordenador. Liam esperó contrariada, había
pasado algo lo suficientemente grave como para que no quisiesen decirlo, pero
no podía presionar para enterarse. El Prefecto liberó una repentina exclamación
de sorpresa.
-¿Todo
bien?
-Sí…
sí. Negiru, Liam ¿Correcto?
-Así
es. – Cada segundo que pasaba se encontraba aun más confusa.
-Tengo
una plaza para ti en Nuevo Jardín. Es una residencia en el campus
universitario. – Hizo unos garabatos sobre un papel y se lo entregó.
-Pero…
¿Por qué esa repentina sorpresa?
-Por
nada. Disculpa de nuevo las molestias.
-No…
no pasa nada. Solo una pregunta ¿Es esta residencia temporal?
-Es
imposible saberlo ahora mismo. Considérala permanente hasta que se diga lo
contrario. Si alguna vez se dice.
Con
una amable reverencia se apartó de la fila de estudiantes para permitir que
Edín Dageste avanzase. No podía evitar que sus ojos mirasen las garabateadas
frases de aquella hoja. Cuando levantó la vista se encontró a Dageste hablando
con el Prefecto. El rostro de este era completamente distinto a cuando la
atendía a ella. Su compañero parecía molesto, aunque no llegaba a escuchar nada
de su conversación. El Prefecto de la residencia jugueteaba con un bolígrafo
mientras hablaba con él. Finalmente se apartó, dándole paso a Zei Aoke.
-¿Ha
pasado algo? – Preguntó al ver como se acercaba.
-Nada…
no ha pasado nada.
-¿Qué
residencia te han dado?
-Nuevo
Jardín. – Afirmó molesto.
-Qué
bien. – La miró confuso. – Es la misma residencia que me han dado a mí.
-Pero…
aun nos queda un buen rato andando…
-No
te preocupes. Podemos coger el monorraíl en Ki'een y nos dejará directamente en
la universidad.
Pese
a lo tranquila que resultaba la conversación por dentro su mente estaba
analizando una importante pregunta, Edín Dageste y ella tenían apellidos con
muchas letras en el alfabeto de diferencia, ¿Cómo era posible que les hubiesen
dado la misma residencia? Entonces un grito ahogado rasgó el aire. Se volvieron
a la fila de estudiantes, muchos se tapaban la boca mientras y contemplaban
algo en la distancia. Un grupo de policías que movían una bolsa de cadáveres
por el pórtico de la residencia. Las exclamaciones y los gritos se fueron
sucediendo tras el paso de la bolsa hasta que esta desapareció en el interior
de una ambulancia.
-P…pero
qué… ¿Qué es esto?
-¿H-ha…
ha muerto… alguien? – Dijo Edín Dageste.
La
ambulancia arrancó dejando tras ella la devastada escena de estudiantes
horrorizados por lo que acababan de ver. Los susurros crecieron en intensidad y
aquella vez nadie, siquiera la muchacha corpulenta, se atrevieron a
silenciarlos. Pese al ruido quedó sobre ellos una permanente sensación de frío
que se unía al clima de la ciudad. No era miedo, o no solo miedo, era una
mezcla entre confusión y preocupación. Todo el mundo en aquella fila de alumnos
quería saber qué había pasado, pero viendo al Prefecto, estaba claro que se
enterarían con el periódico.
Lentamente
los estudiantes volvieron, más o menos, a la normalidad, sus conversaciones
eran de nuevo acerca de la ciudad, las residencias y otros temas de
importancia. Zei Aoke terminó de hablar con el Prefecto y se acercó a ellos. En
su rostro proseguía aquel gesto apático, aunque ahora sus ojos se movían con
mayor velocidad, seguramente estaba tan afectado como ellos. Les mostró su
hoja.
-Residencia
Senzu. Cerca de la universidad. En la Ciudad Antigua.
-Qué
pena… Nosotros tenemos Nuevo Jardín. – Afirmó Liam. – Pero podemos ir todos
hacia la estación de Monorraíl. Allí tendremos que despedirnos. Por ahora. –
Añadió con una suave risa.
[20:10]
Se
mantuvo con los brazos cruzados al colocarse nuevamente en la fila de
estudiantes. Ya solo quedaban los últimos rezagados, dos muchachas y ella.
Avanzaron en riguroso silencio hasta que llegó el turno de las dos muchachas.
Una de ellas llevaba su llamativo cabello rosa oscuro recogido en una compleja
coleta que también combinaba una trenza. De rostro soñador y redondeado, era
sin duda alguna una joven rebosante de incontrolable energía. Portaba un
elegante abrigo, en realidad ambas llevaban refinadas vestimentas, y cargaba
con una veintena de bolsas de diversas tiendas. Su compañera, de cabello negro
sujeto por un elaborado broche plateado, poseía una presencia mucho más
recatada y cortés, acorde con sus educadas formas.
Entonces
la muchacha de la coleta rosa comenzó a protestar. Era una ruidosa fuente de
constantes quejas basadas en el argumento irrebatible de que, como eran amigas,
debían ser enviadas a la misma residencia. Su compañera se mantenía en un
complicado silencio. Por un lado coincidía en los argumentos presentados, al
mismo tiempo parecía controlarse a sí misma para no cruzarse de brazos y
comenzar una elaborada reprimenda.
Ante
ellas, el Prefecto de la residencia Luoji Kei mantuvo su neutral semblante que
lentamente se fue convirtiendo en una cansada mueca. Con cada queja y protesta
sus labios se torcían más y más.
-Por
si las señoritas no se han percatado, tenemos una situación más allá de mi
control. – Afirmó furioso al levantarse de su asiento.
-Lo
entendemos. – Dijo la muchacha de cabello negro con tono conciliador.
-¡Pero
no nos parece justo que nos separen en base a los apellidos! – Añadió la
muchacha de cabello rojo.
Mientras
debatían acerca de las múltiples posibilidades para arreglar su problema, la
policía comenzó a retirarse de la zona, dejando únicamente una presencia
simbólica. Respiró con fuerza, la discusión ante ella no cesaba y aquellas dos
muchachas no debían tener demasiada idea del reglamento de residencias.
-Si
proseguimos con esta discusión se hará mañana y no concluiremos. – Dijo con su
potente tono. Los tres jóvenes la miraban.
-Perdón.
– Se disculpó la muchacha de cabello rojo.
-No
es necesario. – Le mostró su hoja al Prefecto. – Yo tampoco acepto este cambio
de residencia.
-¿Cuál
es su nombre?
-Yuna
Haejin. – Sentenció.
Su
presencia no le intimidaba, aquel debía ser uno de esos pocos hombres de verdad
que no temían a una mujer poderosa que duplicaba su musculatura.
-Por
desgracia tengo las manos bastante atadas con respecto a lo que puedo hacer
señorita Yuna Haejin.
-Este
barrio. – Señaló a su destino en la hoja. – Es un lugar peligroso. Me sorprende
que las residencias de la zona sigan abiertas.
-Lo
siguen.
-No
seré una de sus alumnas.
-Por
desgracia-
-El
reglamento de residencias y alojamientos afirma que si una residencia no puede
acoger a sus estudiantes por causa de fuerza mayor se ejecutaran tres planes.
El primero consistente en adecuar una zona acotada de la residencia para
permitir pernoctar. El segundo trasladar a los alumnos a otras residencias. Si
este último no fuese posible o los alumnos no estuviesen conformes, se
ejecutaría el tercer plan, costear un albergue cerca de la universidad.
¿Correcto?
-Correcto
señorita Haejin.
-En
base a esos planes yo, personalmente, desearía ser acogida en un albergue. Pese
a lo que pueda encontrar en él, será mejor que dormir en este lugar al que se
me manda.
-Con
todos mis respetos, no creo que usted tenga problema alguno en el barrio
Gotabe, por muy próxima que esté su residencia a… zonas como los barrios Sekoji
o Yorou.
-Coincidimos.
Puedo enseñarles a todos los hombres armados de ese barrio el principio de
retribución sagrada. Lo cual no significa que desee hacerlo, prefecto Kei.
-Visto
así… yo creo que podríamos pasar la noche en un albergue. – Afirmó la muchacha
de las coleta rosa.
-Pero
eso no arregla donde iremos mañana. – Añadió la muchacha de cabello negro.
-Si
mi memoria no me falla, usted, señorita Eino, tiene como destino la residencia
Nuevo Jardín. ¿Es así?
-Sí,
esa es mi residencia.
En
el rostro de Luoji Kei, Prefecto de la residencia El Cruce de Caminos, se formó
una sonrisa que en principio debía resultar apacible, pero que para Yuna poseía
matices preocupantemente sádicos.
-Creo
que esa residencia posee plazas para las tres. – Comenzó a redactar una nueva
hoja. – Aunque ya es demasiado tarde, por lo que prepararé un escrito para que
se hospeden en un albergue cercano a la universidad. Mañana a primera hora
podrán ir a Nuevo Jardín.
-¿Qué
es lo que trama? – Preguntó Yuna.
-¿Tramar?
-Su
sonrisa de felicidad le delata.
-Para
nada. Estoy alegre de finalmente haber solucionado este problema.
Con
unos pocos trazos y tras teclear en su ordenador había preparado los escritos
que necesitaban. Tenían que marchar hacia el albergue Fujisute, a una calle de
distancia de la universidad. Con una amable reverencia Luoji Kei se despidió de
ellas, seguía notando algo acerca de este cambio que la preocupaba, ese joven
estaba demasiado alegre de despacharlas hacia Nuevo Jardín y debía haber una
razón.
-Disculpa…
esto Haejin. – Observó a la joven de cabello rojizo. – Mi nombre es Nieriko
Eino, pero todo el mundo me llama Niko. Encantada de conocerte. – Añadió
sonriendo.
-Mie
Souten. Encantada de conocerte y muchas gracias por tu ayuda. – Terminó con una
educada reverencia.
-Conocerse
los reglamentos universitarios es una necesidad. Si no os los estudiáis la
administración os arrollara con ellos cada vez que tenga la oportunidad. ¿Lo
comprendéis? – Asintieron. – Tenemos que llegar al albergue Fujisute. Será
conveniente que nos hagamos compañía, comienza a anochecer.
-¡Sí!
Gracias. – Dijo Eino.
Yuna
se armó con su equipaje y comenzó a andar hacia la estación de monorraíl más
cercana. Tras ella escuchaba los pasos de sus dos acompañantes.
[20:32]
Durante
todo su viaje desde El Cruce de Caminos hacia la universidad Edín había
caminado furioso, sintiéndose impotente ante los argumentos del Prefecto a la
hora de decretar para él una nueva residencia. Aunque sabía que estaba llevando
a cabo su trabajo, dudaba si la actitud que había mostrado era cosa de las
circunstancias o por ser extranjero. Esa idea le ponía aun más furioso, en
realidad le ponía furioso siempre, pero tenía la decencia de hacer oídos sordos
al asunto. Perdido en su monologo interior habían llegado a la estación, dónde
parecía que la gente se agolpaba sobre ellos para huir de un joven con el pelo
rojo fuego visiblemente despeinado y atado en una coleta que escuchaba música a
través de unos grandes auriculares sin prestar atención.
Zei
Aoke se despidió de ellos al tomar otra línea de monorraíl que le dejaría cerca
del centro de la ciudad. Liam Negiru y él se subieron con todo su equipaje en
dirección a la estación de la universidad, justo ante sus puertas. Atardecía,
la luz anaranjada se colaba por las ventanas, bañando con su suave calor el
interior. Veía como el sol se escondía tras un horizonte de edificios. Al
llegar a la estación de la universidad ya se había ocultado, pero su luz aun
permanecía creando un hermoso cielo violeta.
Habían
realizado una modesta parada desde la estación, comprando algo de comida
preparada y así cenar una vez llegasen a la residencia. Durante unos minutos se
afanó en llevar todo su equipaje y la bolsa sin que nada acabase por los
suelos. Negiru se había ofrecido, más de una vez, para llevar una de sus
maletas, afirmando que no era molestia. No le parecía correcto que ella cargase
con su equipaje así que se negó constantemente. No ocurrió lo mismo con la
bolsa de comida. Tras observarle hacer malabares la muchacha le arrebató su
bolsa y la colocó junto a la suya. Ninguno de los argumentos de Edín consiguió
que se la devolviese, por lo que se vio forzado a arrastrar su equipaje
siguiéndola hacia la universidad.
El
campus universitario estaba ajardinado. Se accedía por una gran entrada que
desembocaba en una plazoleta de piedra donde reposaba una fuente. Alrededor se
alzaban imponentes edificios de ladrillo y piedra, ocultos algunas veces entre
los altos arboles. Si no hubiera sido por el esmero con el cual los jardines
estaban colocados, creando una armónica totalidad, Edín hubiera pensado que no
se había movido de su hogar. Era algo común que las universidades y muchos
edificios públicos de Rantei intentasen emular los estilos y estética del Protectorado,
en lugar de mantener su apariencia única y tradicional. Aunque al mismo tiempo
veía en la distancia los característicos tejados curvados que se usaban en todo
el oeste, así que supuso que más de un edificio se había mantenido como en eras
pasadas.
No
quedaba mucha gente por el campus, y casi todos los que vieron parecían parejas
o gente que caminaba rápidamente por los jardines. Cerca de la plaza principal
encontraron un mapa de las instalaciones universitarias, estaba junto al
edificio de entrada, que servía como centro de información. El dedo de Liam se
movía por el mapa tallado, al principio con alegre tranquilidad. Pero pronto
comenzó a extrañarse al no encontrar su destino. Comenzó a alejarse de los
edificios centrales y ondeó por lo que representaba a los amplios jardines
universitarios, buscando su residencia.
-N-no
la encuentro… – Suspiró alicaída.
-Quizá
está escondida. Definitivamente tiene que estar en el campus.
-Lo
intentaré de nuevo. – Afirmó con renovadas energías. – Estos edificios entre
los jardines parecen residencias. Está Henmei Souzi, El Fenix Imperial, Aguas
Tranquilas- – Liberó una tenue exclamación.
-¿La
encuentras?
-Sí…
está un poco alejada. Solo tiene jardines alrededor.
-¿No
te gusta? – Liam negó.
-Me
encanta que esté rodeada de jardines. Es solo que si hubiésemos salido en línea
recta desde la estación ya estaríamos allí. – Explicó con una cansada risita.
-Tampoco
podíamos saberlo. Bueno… ¿En qué dirección vamos?
-¡Sí!
– Exclamó al darse cuenta de que seguía mirando el mapa. – Por aquí.
Rodeando
el edificio de información se internaron en los jardines. Aunque el invierno
había pasado por allí, todo el paseo entre la naturaleza le resultó relajante.
Los aletargados arboles ya no tenían hojas para demostrar el otoño, las flores
también se habían ocultado hasta la primavera, solo los setos mantenían un
brillante verdor que parecía desafiar al la nieve del invierno. Su nuevo hogar
estaba lo suficientemente alejado del centro del campus como para considerarse
un largo paseo, más aun con sus maletas. Era un edificio majestuoso de tres
plantas construido en piedra. Las ventanas eran amplias con hermosos y cuidados
marcos de madera oscura. Entre cada planta había una cenefa que creaba un leve
bordillo en piedra oscura produciendo un precioso contraste con el tejado
castaño, todo ello iluminado por el violáceo cielo y las farolas cercanas. Al
pórtico se accedía desde unas pequeñas escaleras que tenían al lado una rampa. Se
aproximaron a la puerta principal subiendo las maletas por la rampa. Allí su acompañante
llamó al timbre.
A
los pocos segundos les abrió la puerta una mujer ataviada con un elegante
vestido azul oscuro. Pese a lo ofensivo que consideró su propio gesto, Edín no
pudo evitar mirarla de la cabeza a los pies. Parecía directamente extraída de
algún lejano tiempo pasado en que su atuendo, con sus lazos, sus bordados, sus
amplias mangas, su tela de relleno para darle holgura al vestido, hubiesen
pasado como algo normal, pero en aquel momento de aquel tiempo no. Su rostro
era férreo, firme, hubiera dicho que hasta severo, con una piel blanca como la
nieve que había en el exterior y unos ojos color oro. Alrededor de aquel rostro
fluía un sedoso cabello blanco plateado, largo hasta un poco por encima de su
cintura. No había nada en aquella mujer que pudiese llamar siquiera ligeramente
"normal". Con la mano en la que portaba un trabajado abanico les
señaló al interior.
-Pasen
al interior antes de que se resfríen por favor. El clima no acompaña hoy. –
Pidió serena y pausadamente.
Poseía
la voz de una persona capaz de detener un conflicto entre cuatro ejércitos sin
verse obligada a levantar el tono. Firme, simplemente no había manera de decir
algo parecido a una negativa. Estaba tan sorprendido por aquella mujer que no
podía responder algo coherente. Al final simplemente entró con su equipaje,
cerrando la puerta tras él.
-Muchas
gracias por su hospitalidad. – Afirmó Negiru. A ella no debía afectarle en
absoluto las extrañezas de aquella mujer.
-Tienen
que esperar aquí temporalmente hasta que venga el Prefecto de la residencia. –
Les señalaba a una pequeña sala, parecida a una recepción, situada junto a la
entrada.
-Por
supuesto. Gracias de nuevo.
Tras
asentir tranquila se alejó andando por aquella palaciega entrada, su vestido
flotaba tras ella con tal glamour que parecía antinatural. Desapareció en un
recodo en la lejanía del pasillo y dejaron de escucharla. Negiru caminó con su
equipaje al interior de la pequeña recepción mientras Edín se situaba en el
arco de madera que separaba esa estancia de la entrada para así poder ver si
venía alguien. Solo podía pensar una cosa, aquel lugar debía ser caro. Apliques
de pared simulando candelabros, espejos, cuadros de paisajes, muchos de ellos
de la ciudad. Hasta la recepción estaba decorada con esmero.
-Es
precioso, este lugar. – Negiru dio voz a sus pensamientos.
-Sí…
lo es.
-Aunque
esa mujer vestía de un modo un poco extraño. – Rió suavemente. Parecía que una
mezcla entre cansancio, las horas de viaje y los eventos del día habían extenuado
sus ánimos.
Edín
se serenó por la apacible estancia, llegando a calmarse tanto que la repentina
aparición de un joven ante él estuvo a punto de hacerle gritar. Le acompañaba
la elegante mujer que acababa de abrir la puerta, pero su mera presencia dejaba
claro que la escena le pertenecía a él en su totalidad. Toda su existencia
emanaba poder. Poder avasallador, poder imbatible. La inamovible sensación de
que por muchas montañas que escalases o mares que cruzases a nado, él, por y
para siempre, se encontraría sobre ti por el simple hecho de respirar. Aunque
lo dudaba, si le hubiesen dicho que su rostro estaba cincelado en mármol lo
hubiese creído a la primera, tanto por el color y la perfección, como por su
inquebrantable gesto. En un complejo contraste de temperaturas, podía decir que
era tan arrogantemente helador que, como el mismísimo sol, dolía solo con ser
mirado. Sus ojos azules, dos ventiscas, no solo ayudaban a congelar la sangre
de quien fuese tan inconsecuente como para observar directamente su solar
forma, sino que en aquel momento conjuntaban tedio, odio y furia con perfecta
armonía. Por su parte, su peinado era un elegante mar de mechones negros
curvados desde una perfecta raya. Tal era su esmero que cada cabello
independiente debía poseer más estatus social que algunas familias nobles.
Su
vestimenta, probablemente llamarla ropa resultaría una ofensa imperdonable,
estaba compuesta por un pantalón de tela oscura con una elegante raya y una
camisa de botones en el mismo tono. Fuera quien fuese, se encontraba a una
guadaña de distancia de segar almas y llevarlas al Inframundo.
-Encantada
de conocerle señor Prefecto. Mi nombre es Liam Negiru. – Afirmó trazando una reverencia.
El joven la observó por vez primera. – Gracias por acogernos en su residencia.
Tras
terminar su extenso estudio de Liam Negiru, y aun sin decir una sola palabra,
pasó su mirada de los ojos de Edín a las maletas y luego volvió a él,
apuñalándole en el trayecto unas diez o veinte veces. Sin romper su silencio
absoluto, extendió la mano como si esperase algo. La iluminación de las
lámparas y los colores apagados de la entrada le daban un toque siniestro que
le hizo suponer que deseaba nada menos que su alma.
-El
impreso. – Exigió el joven.
Exigir
era la palabra correcta, su tono simplemente ordenaba en la comprensión de que
quien le rodeaba tenía como simple objetivo en su vida obedecer. Y es que aquel
tono era una aristocrática bofetada con guante de satén y la contundencia de
una mano de oro incrustada de diamantes. Moviéndose como un robot por aquel
despliegue de odio no-verbal, Edín lo sacó de una carpeta que llevaba en la
mochila. No hizo falta, una delicada mano se adelantó.
-Aquí
tiene.
Liam
Negiru no dejaba de sonreír, aunque al iceberg que era su interlocutor no
parecía derretirle demasiado su dulce aspecto. Al menos a ella no la observaba
con odio contenido, incluso cogió su hoja con delicadeza, pasando su mirada por
ella con celeridad. La repasó varias veces, buscando alguna información en
concreto. La confusión se marcaba lentamente en su rostro.
-¿Ocurre
algo?
-Nada.
– Sentenció firmemente. – Tu impreso. – Exigió mirando a Edín. Quizá era más
correcto decir fulminando.
Nuevamente estudió la hoja durante unos
inacabables segundos, al final levantó su vista. Las ventiscas de sus ojos se
habían transformado en dos vórtices de fuegos destructores.
-Sois
la cuarta y el quinto alumno ya hoy. Desearía que la residencia El Cruce de
Caminos explicase de una vez las razones que les han llevado a enviar a sus
alumnos aquí. Esto. – Dobló el impreso por la mitad con tanta fuerza que podría
haberle prendido fuego. – Es altamente irregular.
Antes
de que ninguno pudiera replicar escucharon pasos que provenían de las escaleras
al final del pasillo y una femenina voz seductora que hablaba.
-¿Qué
ocurre?
Solo
podía ser definida por la palabra belleza y sus sinónimos. Dentro de esas
palabras tendría que hacerse una lista y ella cumpliría cada ítem sobradamente.
Presencia perfecta, sí. Piel perfecta, sí. Pelo perfecto, sí. Cuerpo perfecto,
sobradamente que sí. Su rostro en forma de corazón estaba dominado por sus ojos
color miel, dulces, no podía ser de otra forma, que centelleaban con la misma
potencia que el suave rosa de su pintalabios. Sus labios, esa era otra, estaban
en un constante gesto, casi como si fuese a lanzar un esquivo beso de un
momento a otro. Alrededor de aquel precioso y delicado rostro, su pelo, de un
castaño casi dorado, caía grácilmente sobre sus hombros. Su cuerpo era un
asunto aparte, no era solo en lo referente a medidas o estatura, era que si
habían usado un molde con ella, tendrían que haberlo roto, ya que solo podía haber
una mujer así a la vez. Sin duda era consciente de su propia belleza, se notaba
en su coqueta forma de moverse y gesticular con cada paso, pero era
especialmente obvio cuando se observaba su ropa. Un jersey rojo carmesí, de los
que tienen un cuello extremadamente ancho que en realidad está pensado para ir justo
debajo de los hombros, que no ocultaba en absoluto dos atributos muy destacados
de su físico. Su minifalda vaquera también contribuía a su manera.
Definitivamente,
en Yakeru debía de haber accidentes de tráfico cuando aquella muchacha cruzaba
una calle, ya que no había una sola persona en Daivha, por no decir el
universo, que no se hubiese parado a mirarla. Hombres, mujeres y cualquier ser
carente de género.
Se
detuvo cerca de ellos y sus labios en forma de beso mostraron una candente
sonrisa. En su renovado voto de silencio, el joven arrogante le pasó el impreso,
permitiendo que ella lo estudiase con una aburrida mirada. Ni se molestó en
leerlo, entregándoselo a su elegante compañera según cayó en sus manos.
Repentinamente volvió a proyectar una alegre sonrisa sobre Liam Negiru y Edín
que hizo que el joven se sobresaltase.
-¡Bienvenidos
a Nuevo Jardín! Aidee Hyome es mi nombre. Soy la Encargada de esta residencia.
– Realizó un elaborado giro con su mano hasta colocar su dedo índice en una de
sus mejillas. – Sentimos mucho que hayáis tenido que pasar por todos estos
quebraderos de cabeza. Esperamos que vuestra estancia aquí, permanente o
temporal, sea lo más placentera posible. – Terminó con una reverencia.
-Gracias
por recibirnos, Encargada Hyome. – Negiru realizó otra reverencia.
-Es
nuestro trabajo. – La estudió durante unos segundos. – Vaya… Eres preciosa.
-Gracias.
– Respondió ligeramente ruborizada. – Tú también lo eres.
-No
hay comparación. Pareces una muñequita.
-Me
lo dicen a menudo. – Rió.
Edín
pasaba su mirada de una interlocutora a otra mientras debatían quien de las dos
era más bonita, algo que resultaba tan ridículo como ver a dos piedras
preciosas discutiendo quien refulgía más. No debía ser el único que lo pensaba
así ya que el Prefecto parecía contenerse sus deseos de exigir el fin de
aquella conversación. Por su parte, la mujer elegante leía el impreso,
ignorando por completo lo que ocurría a su alrededor.
-¿No
piensas leer el impreso? – Preguntó el Prefecto. Por su tono, más que una forma
educada de entrar en la conversación parecía un ultimátum para que esta concluyese
inmediatamente.
-¿Dice
algo interesante?
-Ni
una explicación.
-Rápido,
inexpresivo, carente de información. Claramente ha ocurrido un evento que se ha
escapado a su control normal sobre esta residencia. – Afirmó la elegante mujer.
– Aun así porta algo más de información acerca del traslado que los tres
anteriores juntos.
-Supongo
que aun no han podido avisar por lo repentino. – Explicó Edín.
El
arrogante Prefecto de la residencia y su atractiva Encargada le observaron
sorprendidos. Como muchos antes que ellos, habían asumido que su dominio del
idioma seria deficiente. Durante unos segundos se miraron entre sí.
-Además
al Prefecto de la residencia no le han dejado divulgar ninguna información. – Prosiguió
Liam Negiru.
-Le
ha preguntado al respecto. – Afirmó la elegante mujer.
-Así
es… pero no me ha dado respuesta.
-Intrigante.
– Comentó perdida en sus pensamientos.
-¿Avisar…?
¿Repentino…? – La Encargada Aidee Hyome les miraba con curiosidad.
-¿Está
muerta entonces? – Inquirió secamente el arrogante Prefecto, de nuevo fue como
sentir una bofetada, aquella vez doble por las palabras usadas. Su compañera le
miró horrorizada y sin comprender.
-S-sí.
– Respondió entrecortadamente Negiru.
Edín
acababa de darse cuenta del horror que portaba aquella simple afirmación. No
debía ser el único, el rostro de Liam Negiru también se ensombreció. Ante
ellos, Aidee Hyome miró al Prefecto culpándole de haber asustado a la pobre
muchacha.
-Se
la estaban llevando cuando el Prefecto nos atendía. – Añadió Edín. – Si no
fuera por eso no nos habríamos enterado… en realidad no sabíamos siquiera que
era una “ella”.
Se
produjo un incomodo silencio en aquella entrada. Liam Negiru, entristecida,
bajó la cabeza. Aquel gesto pertenecía tan poco a su rostro, que le dolió más a
Edín que lo que había pasado en el cruce. Ante ellos, la mujer elegante doblaba
el impreso en silencio. Su compañera, la Encargada Aidee Hyome también había
perdido su fuelle inicial, mostrándose quizá algo cansada mientras miraba a su
compañero. Este se dedicaba a estudiar a Edín de arriba a abajo. Finalmente se
alejó por el pasillo.
-Uriel.
– Dijo la Encargada Aidee Hyome en un tono de protesta. El joven no se volvió.
– ¿Qué se supone que ha pasado? ¿Uriel?
Desapareció
por el recodo del pasillo, dejando a la muchacha sin respuesta alguna. Resopló
mostrándose aun más cansada que antes.
-Creo
que es innecesario que nos dé una respuesta, la información que buscas es obvia
Aideelyn. – Explicó la elegante mujer. Su compañera tardo unos segundos en
volver a la realidad.
-Ya…
y lo siento. – Les miró.
-¿Es
el Prefecto de la residencia? – Preguntó Liam Negiru con un suave tono, parecía
que le preocupaba levantar demasiado la voz. La Encargada asintió.
-Uriel
Aidara. – Tras la respuesta, sus miradas se centraron en la elegante mujer.
-Mi
nombre es Moyra Vontirel. – La elegante mujer le tendió su mano a Edín cual
reina de algún país del Protectorado. – Encantada
de conocerte.
-Igualmente,
igualmente. – Se volvió hacia Negiru.
-Un
placer, querida.
-Encantada.
– Respondió ella con una reverencia.
-¿Vosotros
sois…? – Les preguntó la Encargada Hyome.
-Liam
Negiru. – La muchacha sonrió débilmente.
-Edín
Dageste. – Respondió él, seguía sin dar crédito por aquella silenciosa
reacción. – Perdonad, pero… el Prefecto Aidara, esta… está ¿Bien?
-No
te preocupes. Es que… es el presidente del consejo estudiantil, este tipo de
cosas le afectan.
-Pobre.
– Susurró Negiru.
-Ha
sido un día largo, supongo que también para vosotros…
-Un
poco largo sí. Nos vendría bien descansar algo Encargada Hyome.
-Por
favor… no quiero un título. – Suspiró. – Me conformaría con Aidee, pero sé que
es un poco difícil.
Liam
Negiru asintió apopléjicamente. La Encargada le sonreía a él, suponía que, al
venir del Protectorado, le sería más fácil desprenderse de la costumbre de
llamar a la gente por los apellidos, títulos y honoríficos. Por desgracia, esa
formalidad estaba demasiado arraigada en él como para olvidarla con esa
rapidez. La joven observaba su equipaje con un pensativo gesto.
-Tenemos
habitaciones listas. Os ayudare con las maletas.
-Iré
pues a hablar con Uriel. – Edín suspiró aliviado de que Moyra Vontirel no
subiese sus maletas con aquel elaborado vestido. – Salvo que la ayuda sea
necesaria.
-No,
tranquila, nos bastamos nosotros tres. – La mujer asintió antes de caminar tras
el Prefecto Uriel Aidara. – Bueno… ¿Nos movemos?
Intentaron
negarse. Edín, más que por cortesía, por los inmensos tacones que la joven
calzaba. Irónicamente los manejaba a la perfección. De hecho si alguien se
podía haber caído por la escalera, era él. La Encargada Aidee Hyome les guió al
primer piso explicándoles lo que había a su alrededor. Por el camino le señaló
las puertas del comedor, el salón, la cocina y un pasillo por el cual se iba a
la lavandería. En el primer piso, el cual tenía solo habitaciones de chicos,
cruzaron un rellano convertido en pequeña salita y entraron por un pasillo cercano.
A un lado les señaló la habitación del Prefecto Uriel Aidara, por si necesitaba
algo, luego unas duchas y por último se detuvo ante una puerta cerrada, era la
tercera en el lado derecho del pasillo.
-Tenemos
dos chicos y una chica llegados hoy también, y si es un caso como el que
mencionáis, supongo que mañana vendrán más. – Explicó suspirando.
La
Encargada les indicó que dejasen las maletas en el suelo. Del bolsillo de la
minifalda sacó un gran llavero cargado de llaves de mil tamaños. Estuvo unos
segundos mirándolas y pasando de una a otra como si fuera algún tipo de
oración. Al final exclamo un suave “esta” y desenganchó una llave del anillo
abriendo con ella la cerradura de la puerta, luego se la entregó.
-Mañana
os daré la llave de la puerta delantera. Por cierto, no solemos cerrar por
dentro, por si algún tipo de emergencia no tener que tirar la puerta. Las
duchas como te he dicho son aquella puerta del fondo. Acuérdate Negiru, es
igual en el piso de arriba. – Pidió mirándola. Ella asintió. – Todas las habitaciones
tienen aseo, pero si queréis ducharos tiene que ser en las respectivas duchas
de cada planta. La lavandería, abajo. Y en la planta baja ya has visto que
tienes la cocina, el comedor y un salón muy chulo… y no sé si tengo que deciros
algo más…
La
Encargada Hyome se mantuvo pensativa unos segundos, jugueteando con el llavero
mientras esperaban en silencio.
-¡Ahh
si! – Dijo al fin. – Aunque la cocina está abierta a cualquier hora, pedimos a
todo el mundo que trate de adaptarse a los horarios que tenemos, por ahorro
eléctrico. – La chica miró el reloj de su muñeca. – Son las nueve menos cuarto.
Solemos cenar entre las nueve y las diez y media, pero si estáis hambrientos
antes no dudéis en bajar, y… creo que eso es todo. – Les sonreía con dulzura. –
Si necesitas lo que sea, búscanos o a mi o a Uriel, si no nos encuentras abajo
estaremos en nuestras habitaciones. ¿Seguimos nosotras? – Preguntó mirando a
Negiru.
-Sí,
por favor.
-Pues
vamos.
-Hasta
más tarde.
Liam
Negiru le dedicó una rápida y coqueta reverencia antes de marcharse tras la Encargada
Aidee Hyome. Edín pudo darle las gracias unos segundos antes de que
desapareciesen por la esquina del pasillo. Entonces, con un giro de picaporte
entró en su nueva habitación, la cual solo tenía una definición, inmensa. Había
visto en diversos panfletos la habitación que le habían asignado en el Cruce de
Caminos y en la que se encontraba ahora mismo la vencía por completo. Tenía una
gigantesca mesa de estudio, colocada estratégicamente para que toda la luz de
la ventana cayese sobre ella. El armario era múltiples veces más grande que
toda la ropa que llevaba en la maleta y de una de las puertas colgaba un espejo
a cuerpo completo. La pared cerca de su mesa estaba cargada de pequeñas
estanterías. También había una amplia cama, mucho más amplia de lo que sería
normal y una puerta que marcaba la entrada al aseo, que si bien era pequeño,
estaba excelentemente equipado. Empezó a colocar parte de la ropa de su maleta
en el armario mientras hacía tiempo para que fuera la hora de cenar.
A
las nueve y media no podía aguantar más el hambre así que decidió que era un
buen momento para ir a cenar. Salió de su habitación y se dirigió al rellano
para bajar al primer piso. Al acercarse a las escaleras estuvo a punto de
chocar contra alguien.
-¡Perdón!
– Se disculpó Liam Negiru al apartarse. – Ah… Dageste. – Bajó el último escalón
para colocarse ante él. – Lo siento mucho, estaba distraída.
-No
pasa nada, yo también lo estaba.
-¿Vas
a cenar? – Edín asintió. – Parece que nos ha dado hambre a la vez. ¿Recuerdas
dónde estaba la cocina?
-Era
una de las puertas del primer piso.
-Siempre
podemos ir mirando en el interior hasta que la encontremos ¿No?
Liam
Negiru avanzó ante él, dejando tras ella un delicado aroma a frutas. Había
cambiado su abrigo por una blusa azul, aunque llevaba su falda plisada. Tras
bajar las escaleras se encontraron de nuevo en la entrada. Tenían siete
puertas, dos a cada lado, el arco que llevaba a la recepción, una cercana a las
escaleras que supuso bajaba al piso inferior y la que servía de entrada, así
como un cercano pasillo que llevaba a otras dos puertas más.
-Recuerdo
que eso era el salón. – Liam Negiru avanzó un par de pasos. – Y aquello es la
recepción.
-Este
pasillo es el que lleva a la lavandería.
-Intentemos
aquí.
Abrieron
la primera puerta a su derecha y se encontraron en la cocina. Era una
habitación de brillantes colores que estaba cuidadosamente decorada. Los
muebles tallados le daban un aspecto elegante y clásico, pero estaba claro que
tenia lo último en comodidades del hogar, así como suficiente espacio y
electrodomésticos como para acoger a una horda de estudiantes hambrientos. Un
grupo de gente, entre ellos el Prefecto Uriel Aidara y la Encargada Aidee Hyome,
se movían por la cocina preparándose la cena. La Encargada les vio al girarse y
les dio la bienvenida, acercando a todos los residentes para presentárselos.
Consistían, como le había explicado, en dos chicos y una chica.
-Estos
son Liam Negiru y Edín Dageste. Negiru, Dageste, este es Maino Szure. –
Presentó la joven señalando al joven más cercano a ella.
-Hola.
– Saludó, aunque era más propio decir que casi ladró. Lo acompañó todo de una
corta y fría reverencia.
De
una estatura inferior a la suya, aunque sin duda porque estaba ligeramente
encorvado, como si se hubiese olvidado de estar erguido ante los demás o
directamente no le importase. Su rostro era, sin más rodeos, una extensión de
la frase "Si no te metes en mi vida, yo no me meto en la tuya". No
huraño u hosco, pero sí con una pincelada de distanciamiento que probablemente
se debía a que le estaban presentando a un extranjero. El resto de su físico se
encontraba dominado por la palabra desaliñado, aunque quizá ese fuese un
término muy duro. Desarreglado, o una persona a la que no le importaba
demasiado la imagen que los demás tuviesen de su aspecto. Alborotado cabello
castaño oscuro, con suaves matices claros bajo la luz, que rodeaba su cabeza en
todas las direcciones. No lo suficientemente largo para ser una melena, pero
tampoco corto para considerarse tradicional. Llevaba también una barbita de
varios días que se añadía sobre la idea de descuidado que emanaba, aunque
curiosamente daba la sensación, por la forma de su rostro, por los brillantes
ojos color madera, que si le pasabas un peine, una maquinilla de afeitar y le
colocabas recto, habría mujeres haciendo cola por conocerle.
Su
vestuario consistía en una gastada camiseta azul oscuro que tenía escrito en rantesi
las palabras "fuego negro", fuera lo que fuese eso, unos pantalones
de chándal en un tono parecido y unas negras zapatillas de andar por casa.
-Es
un placer conocerte. – Afirmó Negiru con otra reverencia, le mostró su
sonriente rostro. Su interlocutor la observó sorprendido mientras comenzaba a
sonrojarse. Al final se apartó entre balbuceos.
-Y
este es Yoosu Tanra. – Continuó la Encargada Aidee.
-H-hola
¿Qué t-tal? – Con rapidez trazó una reverencia.
-Encantada
de conocerte.
A
Edín no le era necesario hablar, simplemente movía la cabeza y reverenciaba
mientras las sonrisas de Liam Negiru hacían el resto. Yoosu Tanra asintió
amablemente antes de alejarse junto a su compañero nerviosamente. Tampoco
debían hacerle gracia los extranjeros.
Aunque
algo más alto que Maino Szure, probablemente se debía a que estaba más erguido.
Su rostro se asemejaba a una constante máscara de tristeza, con unos labios
sumidos en una curva caída. Sus ojos estaban marcados por unas definidas ojeras
que era imposible saber si eran fruto del cansancio o de algo más. Cualquier
persona coherente, nada más verle, se hubiese acercado a consolarle, aunque a
Edín le parecía que su rostro era simplemente así y que en realidad sería una
persona bastante más vitalista de lo que las apariencias dictaban. Su cabello
negro estaba peinado en perfectos mechones desde una ralla a medio camino de
alcanzar el lateral de su cabeza, algunos de estos se habían desprendido sobre
su frente y eran los suficientemente largos como para alcanzar sus cejas y
ocultarlas junto con parte de sus ojos. Estos, de un aspecto entre caoba y
marrón, suponían el único foco de luminosidad en su rostro, vivos y brillantes,
eran la justificación que Edín había encontrado para suponer que su rostro no
tenía porqué corresponder con su personalidad.
En
lo referente a su ropa, llevaba una holgada camiseta roja con el logotipo del
videojuego "Las Crónicas de Frenn", espadas cruzadas y escudos
grabados en un tono negro reluciente. La camiseta era lo suficientemente larga
para tapar la entrepierna de sus vaqueros azul claro. Igual que su compañero,
calzaba unas zapatillas de andar por casa.
-Y
esta es Airu Kressligh. – Afirmó la Encargada.
Edín
observó a la muchacha con interés, al contrario que ella, quien le contemplaba sin
variar su rostro lo más mínimo. Era bajita, la más bajita de todos. Con un liso
cabello negro que en algunos puntos brillaba morado y que caía en una firme
línea sobre su redondeado rostro. Poseía una ligera reminiscencia infantil,
pero solo era necesario un vistazo a sus ojos ámbar para que aquel rostro
obtuviese la categorización de "fría indiferencia". Iba vestida con
un largo suéter negro que se transformaba casi en una falda, pese a que debajo
llevaba, o parecía que llevaba, unos finos pantalones del mismo color. Era una Saar.
Una raza del continente de Sehril, aunque no tan común en el Protectorado, ya
que su país, Dramdahl, no formaba parte de él. Todos eran bajitos, de orejas
levemente puntiagudas, estrambóticos en el vestir, en el hablar o en cualquier
otra cosa. Lo que no era normal es tuviesen aquella mirada que, pese a la
neutralidad que trataba de emitir, era lo mismo que ser contemplado por alguien
que te consideraba por debajo de los microorganismos. La chica avanzó
firmemente hacia él omitiendo las reverencias de Rantei y dándole la mano como
era más tradicional en Sehril.
-Un
habitante del Protectorado, supongo. – Comenzó. Tenía un acento que no era
capaz de ubicar.
-Supones
bien.
-Vaya…
– Se llevó una mano a los labios, mostrándole el único toque de color en su
ropa, unas largas uñas violeta. – No estaba entre mis expectaciones encontrarme
con los vecinos tan lejos del hogar.
Nuevamente
y pese al rostro inexpresivo, Edín entendió que sobraba en aquella residencia,
y, teniendo en cuenta la fingida sorpresa, en aquel universo. Parecía que su
"fría indiferencia" estaba maquillada con unos intachables modales.
Airu Kressligh debía ser el tipo de persona experta en diplomacia. En una sola
frase ofendería a toda tu ascendencia hasta el principio del tiempo primordial
y tú solo serias capaz de darle las gracias por su alegre y educado comentario.
-Aubensut, egrien Dageste ¿O quizá sería
mejor decir Auvensas, Dageste krateon? Sea como fuere, un placer señor
Edín Dageste.
-Lo
mismo… digo…
Fue
su única respuesta después de aquella combinación entre el idioma de Bavlien y
su natal Vizaita. Seguía sin tener ni idea de la procedencia exacta de aquella
muchacha.
-Encantada.
– Añadió Negiru.
-Es
un placer para mí conocerte Liam Negiru.
Una
vez acabadas las presentaciones los tres volvieron a sus quehaceres por la
cocina. La Encargada Aidee permaneció junto a ellos.
-Al
señor Prefecto ya le conocéis… no se ha molestado ni en venir.
En
respuesta el aludido emitió una tenue exhalación, parecida a una risa
entrecortada. Daba la sensación de estar molesto por alguna desconocida razón,
casi como si la presencia de todas aquellas personas le incomodase.
-Y
queda Moyra, que debe estar en algún lugar de arriba.
-Es
una residencia preciosa, Prefecto Aidara, Encargada Hyome. – Comentó Negiru con
una sonrisa.
-Muchas
gracias. – Respondió ella alegremente. – Bueno chicos ¿Tenéis para cenar?
-Sí.
Tenemos unas bolsas con comida preparada.
-¿Comida
preparada?
-Mañana
iremos a comprar, pero hoy no ha sido posible.
-Lo
entiendo. – Aidee Hyome asentía mientras les llevaba hacia lo que estaba
cocinando. – Si queréis un poco, va a sobrar.
-No.
– Edín respondió más secamente de lo que deseaba. Se había sorprendido por su
generosidad. – Quiero decir, gracias, pero no.
-En
serio. Muchas gracias por su generosidad pero-
-Descuidad,
os pondré un plato. – Dijo cortando la frase de Negiru mientras ella y Edín se
miraban.
Al
poco rato todos los habitantes de Nuevo Jardín se encontraban sentados en la
mesa del elegante comedor adyacente a la cocina, tratando de degustar su
comida. Los cinco nuevos residentes, entre los que estaba Edín, miraban a sus
platos sin intentar entablar ningún tipo de conversación, y cuando no era así
se distraían con la decoración. Pese a su elegancia y formas, el Prefecto
Aidara parecía asesinar su comida con cada pinchazo del tenedor y la Encargada
Hyome pasaba su mirada de unos a otros esperando a que alguien rompiera el
incomodo silencio. Al final desistió y se dedicó a comer mientras suspiraba.
Según acabaron de cenar empezaron a fregarlo todo. El primero en desaparecer
por la puerta de la cocina después de limpiar fue Aidara, seguido al poco
tiempo por Hyome, los nuevos residentes permanecían fregando.
-Creo
que eso es todo. – Negiru le miraba. – Ya puedes fregar.
-Gracias.
-No
es nada. – Rió. – Voy a irme a dormir. Me encuentro un poco cansada. Buenas
noches Dageste, buenas noches chicos.
Se
marchó de la cocina sin dejar un solo segundo de sonreír, permitiendo que Edín
pudiese fregar. A su lado, la saar Airu Kressligh parecía entretenida mientras
estudiaba a Maino Szure. Al percatarse de que Edín la miraba le dedicó una fría
sonrisa sinónimo de "metete en tus asuntos". En realidad no le
interesaban sus asuntos lo más mínimo, pero había sentido algo de curiosidad al
ver que alcanzaba el fregadero sin problema. En un primer momento pensó que se
trataba de una saar excepcionalmente alta, luego descubrió que las plataformas
de sus botas le daban los centímetros de más.
-¿Cómo
pu-puede estar esto t-tan vacio? – Pregunto Yoosu Tanra a Maino Szure. – Si es
u-un palacio gi-gigantesco.
Su
compañero necesitó un suave codazo para percatarse de que le hablaban y
entonces su única que pudo respuesta fue encogerse de hombros mientras dejaba
un par de platos para secar.
-Con
el humor que se gasta el Prefecto no me extraña en absoluto. – Contestó al
final Maino Szure. Tras unos segundos comenzó a reírse por su propia gracia. Poseía
una peculiar forma de reírse, ligeramente emparentada con los cerdos.
-M-más
te vale que n-no te oiga.
-Qué
me oiga si quiere. Si antes ha sido solo porque me has obligado.
-Solo
deseaba que fueses un caballero y subieses el equipaje de una dama a su
habitación. – Se volvió para observar a Airu Kressligh, quien se había detenido
ante él con sus platos en las manos. El rostro de Szure cambió de su enfadado
gesto a uno más sumiso, de furia contenida. – Te encuentras en medio y no puedo
pasar…
-Perdona.
-No
me has dejado terminar de hablar, es de pésima educación no permitir que los
demás terminen de hablar. – La boca de Maino Szure se desencajó levemente. –
Seré breve, me produce dolor mirar tu cara y además de ello, tu risa es
idéntica a la de un cerdo.
-¡¿C-cómo?!
– Gritó horrorizado.
-Me
produce dolor mirar tu cara y además de ello, tu risa es idéntica a la de un
cerdo.
-¡Y
encima lo repites de nuevo!
-No
lo entiendas como un odio visceral por favor, acabo de conocerte no me ha dado
tiempo a detestarte, pero tu rostro… tu rostro es como el de un animal
primitivo y estúpido que solo sabe mover su cachiporra y aporrear el suelo.
Solo hay que verte ahora mismo, gruñendo y rugiendo enfadado. Encima poniendo
las vistas en lo inalcanzable, sigue soñando. Resumiendo, no sé si arriesgarme
a considerarlo el epítome de lo patético. – Al ver el dolido rostro de Maino
Szure se sorprendió. – ¡Vaya! Tenía una buena cualidad que decirte…
-¿T-tenías?
-Así
es, tristemente me he dado cuenta de que tus capacidades auditivas son
deficientes, es decir, mírate, sigues en medio, estorbando.
Apuñalado
más veces de las saludables, el aludido se apartó junto a Yoosu Tanra mientras Airu
Kressligh dejaba los platos secando en el fregadero, cogía un trapo de la
encimera y se secaba las manos adoptando nuevamente aquel rostro inexpresivo.
Finalmente colocó el trapo donde estaba, dedicándole una amable sonrisa, o una
amable puñalada sonriente, dependía de quien lo mirase, a Maino Szure y se
marchó de la cocina. Edín permaneció en silencio ante el despliegue verbal que
la muchacha acababa de demostrar hasta que la mirada de Szure se cruzó con la
suya.
-¿A
ti te pasa algo? – Preguntó con la voz llena de falsa bravuconería.
Decidido
a no verse cobrando lo que Maino Szure no había sido capaz de decir en su
momento, Edín se encogió de hombros antes de dejar también sus platos en el
fregadero. Sin decir palabra alguna, salió por la puerta de la cocina como
antes había hecho la saar y se fue a su habitación.
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