[13:02]
Tras
corear alegremente el nombre de "señor Gruñidos" en dedicatoria para
Uriel, Aidee se volvió sobre sus pasos. Ahora quedaba en sus manos encargarse,
como su título indicaba, de los residentes de Nuevo Jardín, lo que con suerte
venía a significar poner un poco de orden y organizar como utilizar los
recursos de la residencia de una forma equitativa. Desgraciadamente una parte
de su mente le decía que acabaría cuidando de niños revoltosos. Al menos
esperaba que la dejasen preparar su almuerzo.
Llegó
a la puerta de la cocina justo cuando Un chico de cabello castaño vestido con
unos vaqueros y una cazadora bajaba por las escaleras, la velocidad de sus
pasos se había reducido. Apoyado en la baranda de madera miraba hacia el piso
del que venía. A los pocos segundos continuó bajando hasta que su mirada se
topó con la de Aidee. Le dedicó una dulce sonrisa a Edín.
-Buenos de nuevo, tesoro. ¿Todo bien?
Edín
asintió. En su rostro se veía la extrañeza por el repentino tratamiento cercano
que Aidee había usado con él. La muchacha sonrió. Le resultaba divertido que
reaccionase así. Buscó en sus bolsillos hasta encontrar una llave que tenía
preparada y la puso ante él.
-La
llave de la puerta delantera, cuidado de no perderla. – Pidió dulcemente. – ¿Has
conocido ya a tus nuevos compañeros?
-No
he tenido el gusto.
Aunque
intentaba que no se notase, estaba claro que algo le enfadaba. No sabía si se
debía a las tres chicas que habían llegado a primera hora o al innombrable
nuevo residente. Aidee volvió a sonreír.
-Lo
entiendo perfectamente.
-¿El
qué? – Preguntó confuso.
-Rechazas
todas las posibles amistades para pasar un rato con la atractiva Encargada de
la residencia. – Afirmó levantando parte de su melena en un femenino
movimiento.
-¡N-no
es así! – Se había sonrojado casi por completo.
-¿Entonces
no te gusto? – Inquirió mostrándose dolida.
-T-tampoco
quería decir eso.
-Entonces
te gusto.
Edín
fue a hablar pero las palabras se perdieron en sus labios. Aidee le observaba
con un rostro dulce y afligido que tras unos segundos no pudo contener más
cuando se le escapó una carcajada. Comenzó a reír.
-¡Tendrías
que verte la cara ahora mismo! – Exclamó entre carcajadas. Edín miró en otra
dirección.
-Me…
me la imagino…
-No
te enfades, no te enfades. Solo intentaba que te soltases un poco. Estas tan
serio y rígido que pareces un velatorio.
-Gracias
por la sincera opinión. – Masculló. Aidee se acercó a él.
-Eres
demasiado mono para estar tan serio. – Nuevamente volvió a sonrojarse, aunque
ahora con menos fuerza. – ¿Vas a salir? – Preguntó estudiando su vestimenta.
-Voy
a… – Edín permaneció en silencio, probablemente buscando una respuesta que no
era capaz de inventar. – Dar una vuelta…
-¡Qué
bien! ¿A dónde? – Preguntó sonriente.
-Por…
ahí.
-¿Por
ahí cerca de alguna tienda de alimentación? – Edín asintió con cansancio.
-A
comprar algo de comida…
-Es
muy tarde para comprar comida cariño. ¿Por qué no vas después de almorzar?
-Es
que no tengo nada que comer. – Respondió avergonzado.
-Ya
veo… – Aidee giró sobre sí misma agarrando su brazo y arrastrándole hacia la
puerta de la cocina. – Es una suerte porque voy a hacer salteado de arroz y no
tenia con quien compartirlo. – Explicó ella con felicidad, ignorando las
protestas de Edín.
[13:20]
Como ya había pasado el día
anterior, la encargada Aidee Hyome la había avisado de ello, la puerta de su
habitación se quedó repentinamente atrancada sin cerrarse del todo. Liam
suspiró al percatarse y agarró el picaporte con fuerza. Comenzó a tirar pero
simplemente no se movía. Acabó cansada y jadeando.
-También es mala suerte… –
Afirmó en voz baja.
Escuchó tras ella el sonido de
otra puerta al cerrarse. Sorprendida Liam se volvió al origen de aquel sonido.
Provenía de las duchas, desde donde una imponente figura avanzaba hacia ella.
Era la alta muchacha que había llegado aquella mañana, quien se había mostrado
tan desconsiderada con Edín Dageste. En aquel momento llevaba unos pantalones
de tela gris, una camiseta blanca y su toalla alrededor del cuello. Su largo
cabello, brillante por el agua, estaba recogido en una coleta. Se miraron.
-Hola. – Saludó Liam con
incomodidad. – Creo que aun no hemos podido presentarnos. Mi nombre es Liam
Negiru. Un placer. – Trazó una reverencia que quedó ligeramente ridícula al
olvidársele soltar el picaporte de su puerta.
-Yuna Haejin. – Sentenció. –
¿Qué haces aquí parada?
-¿Eh? ¡Ah! La puerta de mi
habitación no siempre cierra y tengo que hacer fuerza para poder-
-Levántala.
-Que la… ¿Levante?
-Si se ha quedado atascada es o
bien porque es más grande que el marco o porque está ligeramente descolgada y
roza contra el suelo. Levántala.
Yuna Haejin caminó hacia la
puerta de su habitación, despreocupándose por completo de si Liam seguía su
aviso o no. Mirando el picaporte se decidió a probar y lo levantó ligeramente.
La puerta se cerró.
-Cómo decía. – Haejin desapareció
hacia el interior de su habitación.
-Gracias.
No hubo respuesta, salvo el
sonido de la puerta al cerrarse. Quizá no era tan desconsiderada como su
primera impresión sacaba a relucir.
Liam se detuvo en el pasillo
antes de dirigirse a la habitación directamente ante la suya. No provenía
sonido alguno del interior. Probó en la siguiente puerta. Dos voces hablaban
acerca de hacer un pedido a un restaurante de comida rápida. Una de las voces
parecía recitar una larga lista de variados platos que podían pedir, aunque
daba la impresión, por lo emocionada que estaba, que si le daban la oportunidad
repetiría esa misma lista por teléfono.
Tocó a la puerta y se creó el
silencio. Escuchó los pasos acercarse mientras una de las voces le pedía a la
otra que dejase el teléfono. Abrió una muchacha de cabello negro.
-Niko suelta el teléfono. –
Ordenó. Miraba al interior de la habitación.
-Pero si ya tengo el pedido.
-Sí, pero vamos a comer dos
personas. Como mucho tres si contamos a la otra tú dentro de ti. – La risa
consiguió que se volviese.
-Hola. – Saludó Liam.
-Hola, perdona por no atenderte.
– Se disculpó. – Es que estamos-
-Buenas, ¿El Palacio de Yuyuku?
Sí, quiero hacer un pedido.
-Discúlpame un segundo.
La muchacha de cabello negro
desapareció. Liam esperó ante la puerta mientras escuchaba el silencioso
forcejeo en el interior, seguido por una disculpa a través del teléfono. Su
interlocutora reapareció. Se escuchaban quejidos y protestas hambrientas tras
ella.
-Lo siento mucho. ¿Puedo
ayudarte en algo?
-Mie Souten. – Rió Liam. –
Verdaderamente eres Mie Souten.
Su sorprendida compañera la
miraba sin saber qué decir. Tras unos instantes se detuvieron los quejidos,
uniéndose también la otra voz dentro de aquella habitación. Una chica de
cabello rosa.
-Nieriko Eino ¿Qué te has hecho
en el pelo?
Seguían observándola sin
comprender. Con una sonrisa Liam recogió su melena entre las manos y la colocó
tras ella, ocultándola lo máximo posible.
-Lo llevaba así… ¿No?
-¿Eres…
Liam Negiru? – Preguntó Mie.
-Así
es.
-¿Liam?
Niko
la estudiaba con la mirada tratando con exagerados movimientos de sacar el
parentesco. Finalmente lo descubrió, dando una sonora palmada. Liberó un alegre
grito y cogió sus manos con fuerza mientras daba excitados saltitos.
-¡No
me lo puedo creer! ¡No me lo puedo creer! ¡No me lo puedo creer!
-No
esperaba encontrarme con nadie conocido en el campus y mira con quien he ido a
topar. ¡Qué alegría! – Afirmó Liam dejando que sus brazos se moviesen al ritmo
de los vaivenes de Niko.
-¡Nomelopuedocreer!¡Nomelopuedocreer!¿Tútelopuedescreer?
– Chilló mirando a Mie. Esta suspiró con cansancio, pasándose los dedos por el
puente de la nariz. – ¿Puedodarleunabarazo?¿Puedodarleunabrazo?¡Déjamequeledeunabrazo!¡Unabrazo!
Se
abalanzó sobre Liam bamboleándola de un lado a otro. Necesitó unos minutos para
poder recuperarse tras el arrebato y se acercó a Mie.
-Las
últimas personas que esperaba encontrar. Este es un día feliz.
-Ha
pasado mucho tiempo. Me alegro de verte bien. – Dijo esta al abrazarla.
-¿Quéhacesaquí?¿Quéhacesaquí?¡¿Quéhacesaquí?!
– Niko gritaba emocionada.
-He
venido a estudiar aquí.
-¡Quéeee!
¡¿En serio?! – Liam asintió. – ¡Quédivertido!¡Quésúperdivertido!
-Haz
el favor de relajarte.
La
petición de Mie solo consiguió que Niko sustituyese parte de sus gritos con
rápidas palmadas de alegría.
-Pasa
por favor. – Dijo invitándola al interior. Niko la arrastró de un brazo.
-¡Nomepuedocreerqueestésdeverdadaquíestanimpresionante!
-Por
lo que veo. Sigues tan formal como siempre. – Miraba a Mie.
-¡Yapodíashaberavisado¿Nocrees?¡Enrealidadnoimporta!¡Estásaquí!¡Nomelocreo!
-No
es que me dejen otra alternativa.
El
inacabable discurso de Niko, su música de fondo durante los últimos minutos, se
detuvo repentinamente. Se giró con una amable sonrisa para fulminar a su amiga.
-¿Qué
se supone que significa eso?
-Absolutamente
nada.
-¡Vale!
– Chilló la aludida. – Voyallamarparapedircomidaparalastres.
Arrastraba
otra vez a Liam, quien no pudo evitar reír, su alocado comportamiento era tal y
como lo recordaba. Solamente había una cosa que no encajaba con la imagen que
su mente tenía de ella.
-Seguroqueestásmuertadehambreyoestoymuertadehambre.
– La miraba sin dejar de asentir. –
Mietambiétienehambreperonuncaloadmitiráporqueesunasiesayclaro-
-¿Tu
pelo? – Preguntó señalando al cabello de Niko.
-¿Eh?
– Su inagotable discurso se detuvo de nuevo. Liberó una exclamación al entender
a qué se refería. – ¿Te gusta? Me hacía falta un cambio de imagen y me decidí
por algo llamativo.
-Llamativo
es la palabra adecuada. – Sentenció Mie. Ante el comentario, Niko repitió su
fulminante mirada, aquella vez sin rostro amable que la acompañase.
-¿Intentas
decir alguna cosa?
-Absolutamente
nada.
-Seguís
pareciendo un dúo cómico. – No podía dejar de reír. Repentinamente Niko asintió
con absoluta convicción.
-¡Decidido!
¡Pediré comida para tres! – Levantó el teléfono como si se tratase de una
poderosa arma y se lo llevó rápidamente al oído. – ¡Hola! ¿El Palacio de
Yuyuku?
-¡Dame
el teléfono ahora mismo! – Exigió Mie forcejeando contra ella.
Liam
volvió a reír.
[13:47]
-Ponemos
un poquito de salsa y… listo.
Aidee
volvió a introducir el cucharón en la cacerola sacando algo más de salsa para
el otro plato de arroz. Edín se lo acercó para que no gotease.
-¿Verduras?
– Preguntó. Antes de que hubiera respondido ya le había servido, quisiese o no.
-Tiene
buena pinta. – Comentó mientras olfateaba su aroma. – Cocinas muy bien Encargada
Aidee.
-Tampoco
es que tú estés muy lejos de mí, o al menos eso parece.
-Bueno…
llevo mucho tiempo cocinando para mí mismo.
-Te
entiendo, es como mejor se aprende. Pero admito que me alegro de poder cocinar
para alguien. – Explicó mientras vaciaba lo que quedaba de salsa. – Al final cocinar
para ti solo se vuelve aburrido.
-La
verdad es que no lo entiendo bien.
-¿El
qué cielo?
-Esta residencia está bien ubicada, bien
equipada y es muy elegante. Y aun así está vacía. – Comentó. Aidee le sonrió
ante su curiosidad.
-Hemos
pasado por muchas reformas. Antes esta residencia estaba peor de lo que ves,
por eso la teníamos vacía.
-No
sé qué habréis reformado, pero fuese lo que fuese no se nota. – La joven rompió
a reír, dirigiéndose hacia el otro lado de la cocina.
-He
ahí la buena reforma, la que no se nota. ¿Yogur? – Preguntó al abrir la nevera.
-¿Hay
algo que pueda decir que signifique no?
-¿Limón
o fresa? – Continuó como si su respuesta hubiera sido sí.
-Limón…
Aidee
volvió para dejar los yogures en la encimera. Entonces metió la mano en un
hueco de madera del mobiliario de la cocina, sacando dos bandejas que colocó
ante ella.
-Y
dime cariño. ¿De dónde eres exactamente? – Preguntó mientras abría un cajón
para sacar los cubiertos.
-De…
el Protectorado… – Le observó con una mueca sarcástica.
-Hasta
ahí llego sola…
-¡Ah!
Perdona… es que mucha gente no pregunta la zona especifica. – Explicó
avergonzado. – Vizhan… En el sur. ¿Lo conoces? – Aidee asintió.
-Lo
conozco, aunque nunca he estado allí. ¿Eres de la capital? ¿Azurei?
-Mucha
gente pregunta lo mismo. Soy de Haeleria, a unas cuantas horas de la capital. –
La muchacha emitió un ruido de placentera sorpresa.
-Suena
a sitio precioso.
-Lo…
es.
Había
algo extraño en la pausa de su frase. Decidió dejarlo estar mientras seguía
colocando la comida en las bandejas. Tuvo que apartarse cuando Yoosu Tanra
entró en la cocina para buscar cubiertos. Le dedicó una disculpa por su
repentina aparición.
-No
te preocupes. – Entonó coquetamente, consiguiendo que el joven se ruborizase.
Aparentemente
aquel año iba a tener muchos y divertidos objetivos a los cuales fascinar. El muchacho
se marchó de la cocina entre tartamudeos, dejando vía libre a Aidee.
-¿Tu
eres de aquí… de Yakeru? – Edín prosiguió con la conversación.
-No.
Soy de Fouhe-Ji. La capital imperial. ¿La conoces? – Preguntó con una sonrisa
al recordar su parentesco con la frase anterior. – ¿No hemos dicho ya algo así?
Esto parece un bucle. – Rió.
-La
conozco… Aunque nunca he estado.
Su
respuesta mantuvo la diversión de Aidee, aunque parecía que el muchacho era una
de esas personas a las que era complicado hacer reír.
-Es
un sitio bonito, pero muy bullicioso. – Cogió servilletas para los dos. –
Normalmente los alumnos de intercambio suelen ir allí y no a una ciudad
apartada de las islas centrales.
-No
me gusta el bullicio… prefiero algo más tranquilo.
-¿No
te gusta la marcha y el movimiento? En la capital todo es dinamismo.
-Soy…
muy amante de la tranquilidad.
-Lo
entiendo… aunque no lo comparto. – Afirmó con una risita. – Yo soy de
zambullirme de cabeza en la fiesta.
-Más
bien parece que la fiesta va un paso por detrás de ti.
-Puede
decirse más alto pero no más claro. – Le guiñó un ojo.
-¿Y
entonces como has acabado en Yakeru?
-Las
cosas de la vida…
Aidee
terminó de preparar las bandejas e invitó a Edín a que cogiese una. Avanzaron
hacia el comedor. No eran los únicos allí, Yoosu Tanra, Maino Szure y Airu
Kressligh estaban terminando de comer. La muchacha no se había sentado junto a
ellos, sino separada, al otro lado de la mesa, emanando una suave aunque
persistente aura de imponente frío. Con aquel comportamiento le recordaba a
Uriel, lo cual quería decir que se llevaría a muerte con Uriel y este
respondería con el mismo tratamiento. Era lo mejor, si se aliaban podrían
volverse insoportables.
Se
acomodaron en las sillas ante Maino y Yoosu. Szure les observaba desde que
habían entrado por la puerta y por su rostro se podía notar que estaba molesto.
-Espero
que haya estado rico. – Dijo dulcemente. Aparentemente Maino Szure salió de un
trance al ver que le hablaban.
-Sí…
estaba muy rico…
-¿Qué
tal llevamos nuestro primer día en este nuevo hogar?
-Agradable.
– Respondió Yoosu Tanra.
-Y
delicioso.
Fue
el añadido Airu Kressligh desde el otro lado de la mesa. Como siempre sus
palabras y su rostro iban a tempos diferentes. Maino Szure bajó la cabeza para
mirar su plato fijamente. Aidee les estudiaba.
-Eres
una chica muy interesante. Diría que espero que nuestra convivencia nos lleve a
conocernos, pero eso no va a pasar ¿Verdad?
-Has
dejado cualquier respuesta que pueda realizar como redundante. – Se secaba los
labios con su servilleta.
-No
te preocupes. Tengo experiencia en este campo concreto. – Sus palabras
detuvieron a Airu. – Al final hasta nos llevaremos bien y todo.
-Me
carcajearía, pero lo encuentro demasiado vulgar.
Escucharon
el sonido de unos potentes pasos que resonaron por la cocina. Pronto apareció
por la puerta una figura que Aidee ya conocía. Un joven musculoso y de
mandíbula amplia que le daba una apariencia primitiva. Con su pelo rapado
creando un tatuaje a lo largo de su cabeza. El recién llegado, Ohouji Kiraibeki,
se apoyó pesadamente en el marco de la puerta para pasar su mirada de uno a
otro.
-Hablando
de vulgaridad. – Dijo Airu Kressligh.
-Mira
con quien me encuentro de nuevo. – Bramó al entrar en el comedor. – Mi
Encargada favorita, Sexy. Venía a contarte que ya tengo habitación.
-¿No
puedes apuntarlo en un diario rosa como todas las chicas de tu edad? –
Kiraibeki liberó una carcajada.
-Dura
hasta la médula. – Sonrió socarronamente. – ¿Has acabado de comer? Puedes subir
a verla tú misma.
-Veo
que buscas trato personal.
-Sin
duda.
-Soy
una experta en chicos como tú…
-¿Entonces
a qué estamos esperando?
-Tendrás
que darme una semana.
-¿Una
semana? – Preguntó confuso.
-Tengo
el látigo roto. – Comentó pensativa, se había llevado un dedo a una mejilla. –
El último chico me hizo usarlo a tope y se rompió. Aunque si no quieres esperar
tengo otros juguetes. – Se centró en su contrariado rostro y liberó una risita.
– No te hagas el beato conmigo, ¿No te gustaba lo duro?
En
el silencio helado del comedor Ohouji Kiraibeki no emitió respuesta, logrando
que Aidee volviese a reír.
-¿Qué
pasa? ¿No te encuentras bien? – Su interlocutor se mantuvo en silencio hasta
que la encargada chasqueó la lengua. – La próxima vez limítate a algo que esté
a tu nivel… Ki-ra-i-be-ki. – Afirmó observándole fríamente. Entonces varió de
semblante por completo para mostrar una dulce sonrisa. – ¿Vale?
Edín,
Maino y Yoosu atendieron a aquella muestra de múltiple personalidad sin ser
capaces de dejar de asombrarse. Llegó hasta tal punto que Aidee se estiró sobre
la mesa con una risita para cerrarle la boca a Maino. Por su parte Airu
Kressligh parecía estar observando una representación en vivo, con la ausencia
de palomitas como la única molestia que era capaz de pensar. Ohouji Kiraibeki se
irguió observándoles con ira. En respuesta se limitó a sonreírle con dulzura
antes de comenzar a comer.
-Bien
cariño. ¡Que aproveche!
-Que…
q-que aproveche.
Antes
de que pudieran llegar siquiera a probar la comida Kiraibeki liberó una furiosa
exhalación.
-Guay,
entiendo de lo que vas. Ya caerás, no te preocupes.
Retrocedió
a la cocina con sus poderosos pasos retumbando. Aidee miró a Maino Szure y Yoosu
Tanra durante unos segundos consiguiendo que se estremecieran. Tras lanzarles
un beso ambos se levantaron con sus platos, estando a centímetros de chocarse
de frente con Uriel Aidara y su almuerzo. El encargado les fulminó con la
mirada mientras ambos pedían disculpas. Tras el evento se sentó en la mesa
resoplando ofendido, percatándose entonces de cómo Aidee reía.
-¿Me
he perdido algún evento social de incuestionable valor emotivo? ¿Estaba
relacionado con el mastodonte furioso que ha entrado en la cocina? – Preguntó
el encargado Aidara con aburrimiento mientras desplegaba su servilleta de tela.
-Parece
que soy incompatible con los hombres. – Explicó dolidamente la muchacha. Edín la
observó horrorizado por el nuevo cambio de tono. – Me veo obligada a
rechazarlos a todos.
-Interesante,
¿Qué joven en concreto ha sido emasculado? – Aidee se llevó una mano a la
mejilla, mirando hacia un lateral afligidamente.
-Que
cruel eres Uriel, con lo mucho que yo intento encontrar al hombre correcto y tú
no sabes hacer otra cosa que reírte de mí.
-Tus
artimañas no funcionan conmigo. – La joven rió alegremente.
-Porque
yo no quiero que funcionen. Si lo quisiese al final del día estarías
arrodillado detrás de mi belleza.
-Ee… ¿Va a haber otra representación? –
Preguntó Airu Kressligh tras unos minutos de silencio. – Tengo cosas que hacer,
pero puedo posponerlas siempre que haya humillaciones ajenas por medio.
-Te
dije que al final seríamos amigas y todo.
-I-nu, i-zee. Estoy meditando la
propuesta. Por ahora gana el nu, pero
quien sabe. – Comenzó a recoger sus platos. – Aubensut, egrienne u-egriennies. Voy a prepararme un tée.
Mientras
Airu Kressligh caminaba hacia la puerta de la cocina Aidee centró su mirada en
Edín. El muchacho parecía haber perdido color hasta quedar pálido, seguramente
impresionado con la facilidad dramática que tenía su nueva Encargada de
residencia.
-¿Estás
bien?
-S-sí.
-No
te asustes. – Volvió a reír. – Solo actúo así para que me dejen en paz.
-E-es
que ha sido una… actuación muy real…
-Suele
pasar, soy una experta.
-Y
modesta. – Añadió el encargado Aidara.
-Cierra
la boca. – Exigió sin perder su rostro sonriente y dulce, consiguiendo que su
compañero mostrase una mueca cercana a una sonrisa. – Bien, a ver si ya podemos
comer en paz.
Según
dijo aquellas palabras comenzó su almuerzo mientras un plácido silencio tomaba
posesión del comedor. La comida estaba deliciosa, algo que Edín tardó pocos
segundos en comentar. El muchacho parecía algo más relajado, probablemente
porque Uriel “Gruñidos” Aidara era mucho amenazante que el día anterior. La
ironía residía en el hecho de que su pacífico comportamiento era únicamente su
mente trabajando con ideas y problemas.
-Entonces…
¿Qué cosas de la vida te han traído a Yakeru? – La pregunta de Edín sorprendió
a Aidee. – Nos habíamos quedado ahí… ¿No? – Asintió comprendiendo lo que le
decía.
-Necesitaba
un cambio en mi vida.
-Teniendo
en cuenta cómo eres… tuvo que ser un gran cambio.
-La
verdad es que sí. – Dijo con un suspiro. – Aunque he de admitir que agradezco
vivir en una ciudad en la que no pasa nada de nada. Aburrida y anodina día y sí
y día también. – Aidee se sorprendió al ver que Edín la observaba horrorizado,
entonces recordó el día anterior. – Quiero decir… lo de ayer… no es… volveré a
empezar… – El encargado Aidara resopló.
-Lo
que mi balbuceante compañera intenta decir es que normalmente tenemos un
ambiente más relajado y menos propenso a lo que ocurrió ayer. Esperamos que el
evento no enturbié tu visión de nuestra ciudad. – Aguardó su respuesta,
estudiándole milimétricamente.
-Cosas…
cosas así pasan en todos los sitios. Así que no, no ha enturbiado mí visión de
la ciudad.
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