[15:44]
Niko bajaba la escalera junto a
Mie y Liam. La muchacha se entretenía rememorando su exploración de la planta
de los dormitorios masculinos, como si sus dos acompañantes no hubiesen estado
con ella. Mie ignoraba lo que decía, dentro de lo posible, quedándose con
palabras sueltas para deducir si tenía que responder algo o no. Mientras
pensaba que con lo poco que habían visto, podía admitir que aquella residencia
era extremadamente elegante, incluso para un edificio del campus. Suelos de
madera, paredes de estuco y madera tallada, brillantemente decoradas con
apliques de pared que se asemejaban a candelabros, cortinas de suave tela sujetas
limpiamente con cordones a los laterales de cada ventanal. Rellanos que
perfectamente se podrían haber considerado salones supletorios. Con cómodos
sofás franqueados por lámparas de pie y rodeando a mesitas de café. Un deleite
para la vista que iba más allá de una habitación cómoda. Se sentía como la
habitante de una mansión del lejano este.
-La
planta de los chicos y las chicas parece que es idéntica, ocho habitaciones más
una para los encargados, el rellano y suponemos que un baño con dos duchas… ya
que no me has dejado entrar. – Recalcó Niko.
-Había
alguien duchándose.
-Bueno…
tampoco es que fuera a espiarle. – Liam rió ante aquella respuesta.
-Había
alguien duchándose es una frase de cierre. – Explicó Mie. – Nadie entra en un
baño del género contrario si hay alguien duchándose. Es simplemente
irrespetuoso e inconcebible.
-Aguafiestas…
– Liam volvió a reír.
Las
chicas llegaron al pasillo central de entrada. Estaba decorado exactamente como
los pasillos de los pisos superiores. La puerta de madera que marcaba la
entrada tenía dos preciosas vidrieras que convertían la luz del exterior en
brillos multicolor. Directamente al lado de donde acababan las escaleras por
las que habían bajado tenían una puerta cerrada que supusieron que llevaba al
piso inferior. No les dio tiempo a comprobarlo, dos personas salían de la
primera puerta a su derecha.
-¡Hola
chicas!
Era
la encargada Aidee Hyome. Iba acompañada por el joven extranjero al que habían
conocido en las escaleras.
-¡Hola!
– Aunque Niko puso su mejor sonrisa para saludarles, el muchacho se mantuvo
serio y silencioso. – Esto… emm…
-Hyome,
Aidee Hyome. – Le susurró Mie al ver que se había quedado atascada. Fue
bastante obvio, pero Niko parecía no darse cuenta.
-¡Eso!
Encargada Hyome, hola. – La aludida emitió una risita.
-Aidee,
llamadme Aidee.
-Vale,
Encargada Aidee.
-Con
Aidee a secas vale. – Suspiró mientras su susurro se perdía en el pasillo.
-Voy
a ir a comprar… antes de que me cierren las tiendas. – Explicó el joven
extranjero mirándola. La Encargada se sorprendió levemente por lo repentino,
pero mostró una sonrisa con celeridad.
-Muy
bien cielo, ten cuidado.
-Espera.
– Comenzó Liam. – Iré contigo.
-¿Segura?
– Preguntó observando a Mie y Niko.
-Sí.
Iba a salir a comprar de todos modos. Mejor acompañada que sola. – Explicó con
una alegre sonrisa. – Claro… si no te molesta que vaya.
-No
molesta, no era… da igual. – Con un simple asentimiento se despidió de la
Encargada Aidee, Mie y Niko, caminando firmemente hacia la puerta delantera.
-Nos
vemos más tarde. – Dijo Liam con una apopléjica sonrisa.
Se acercó rápidamente al joven extranjero. La
puerta delantera se cerró tras ellos. Niko giró la cabeza para mirar a Mie
dándose cuenta de que era verdad que estaba ofendido. Su amiga se limitó a
encogerse de hombros.
-¿Qué
hacéis por aquí? – Preguntó la encargada Aidee una vez se quedaron solas.
Antes
de que pudiese responder un maullido llamó su atención, un gato gris daba
vueltas alrededor de sus piernas. Niko liberó un alegre gritito.
-¡Un
gato! – Dijo capturándolo y abrazándolo contra ella.
Sin
dejar que pasasen siquiera unos segundos Mie se lo arrebató para evitar que en
su ciego amor animal lo vapulease aun más, en el mismo movimiento se lo entregó
a la encargada.
-¡No
sabía que se podían tener animales en la residencia! Si llego a saberlo me
hubiese comprado un perro antes de venir.
-Que
eso nunca ocurra. – Suspiró Mie. Aidee liberó una incómoda risita mientras
acurrucaba al gato contra ella.
-No
solemos permitir mascotas, pero este gato es de Moyra Vontirel, creo que ya la
conocéis. – Las chicas asintieron. – Es la única que tiene ese privilegio, pero
por circunstancias propias.
-¿Cuáles?
-Eso
no se pregunta Niko. – Siseó Mie.
-¿Tiene
nombre? – Prosiguió como si el comentario de su amiga careciese de importancia.
-Se
llama Arquímede. – Afirmó la encargada Aidee.
-¿Jarquinedes?
-Ar-quí-me-de.
– Recalcó Mie.
-¿No
he dicho lo mismo? – Su amiga negó. Entre risas la Encargada dejó el animal en
el suelo, donde comenzó a caminar hacia las escaleras, Niko se colocó de
cuclillas. – Ven bonito.
-Mejor
no lo toqueteéis demasiado, no le hace caso a casi nadie que no sea Moyra. –
Explicó antes de verlo desaparecer. – Bueno… ¿Qué hacéis por aquí?
-Estamos
explorando la residencia. – Afirmó Niko al levantarse, como si fuera una gran
aventura digna de varios libros y una telenovela. Mie suspiraba.
-Uuuuuh
¡Que divertido!
La
inesperada y alegre respuesta de la Encargada dejó sin palabras a la muchacha,
mientras a su lado Niko asentía feliz.
-Os
aviso que ya no nos quedan tesoros. Pero… si queréis puedo haceros un pequeño
tour por esta planta.
-¡Sí!
Así será más divertido. – La Encargada sonreía.
-Esperad
un segundo, voy a mirar la lavadora y vuelvo. – Nada más decirlo desapareció
por el cercano pasillo.
-¡Muy
bien! – Gritó Niko.
-Vivir…
para ver. – Masculló Mie. Hubo unos segundos de silencio antes de que Niko se
volviese para mirarla.
-Mie…
Está enfadado con nosotras. – Comentó la muchacha, quizá incluso más ofendida
que el propio joven. – ¡Pero si no le hemos hecho nada!
-Eso
debería decirlo yo. También me mira a mí con malos ojos y YO sí que no le he
hecho nada de nada. – Mie resopló cansada. Entonces comenzó a estudiar a su
amiga, leía sus ideas casi instantáneamente. – ¿No estarás pensando en utilizar
el sistema Nieriko Eino de acoso y derribo?
-No…
no, para nada. – Afirmó con una preocupante sonrisa.
-Tú
misma. Si le persigues y se lo toma a mal es problema tuyo, luego no vengas a
llorarme. – Su amiga asintió. Más que sentirse amenazada por su frase parecía
que acababa de darle el visto bueno a cualquier cosa que hiciese.
-Listo.
– Afirmó la encargada al reaparecer. – Si me siguen las señoritas las llevaré
al salón. – Afirmó marchando como una autentica guía turística hacia una
cercana puerta a su izquierda.
-¡Bien!
¡A explorar! – Anunció con un tono aventurero. Mie las siguió con una desganada
exclamación de júbilo.
-Este
es el salón de la residencia. – Explicó al detenerse junto a los sofás. – Lo
decoré yo misma. – Niko no contuvo su admiración.
-Es
precioso.
-Gracias.
Como veis posee una gran iluminación natural por los inmensos ventanales que
dan al exterior. – Avanzó hasta sentarse en un pequeño asiento de cojines
adherido al alfeizar de la ventana. – Yo misma elegí los colores y combinación
de tonos en estos sillones así como en los que rodean a la mesa de café
central. También escogí las cortinas. – Anunció cogiendo una de ellas sin dejar
de sonreír. Tras soltarla se levantó. – El salón posee numerosas comodidades
como televisión, un aparato de música, así como estanterías preparadas con
libros de consulta para quien así lo necesite. Si alguna vez lo deseáis, en la
parte baja también guardamos películas.
-Tenéis
de todo. – Comentó Niko alegremente mientras toqueteaba los botones del equipo
de música.
-A
ver si lo vas a romper. – Regañó Mie.
-No
te preocupes, lo máximo que puede pasar es que se encienda. – Rió la Encargada.
– Si ahora me seguís por favor, os enseñaré el recibidor.
Nuevamente
cual guía turística, lideró la marcha hacia la pequeña habitación junto a la
entrada de la residencia. Un recibidor con asientos para que los visitantes
pudiesen esperar si no se quería que entrasen al salón o al comedor.
-Antes
servía como recepción de la residencia, para guardar las llaves, pero lo
remodelamos como una pequeña sala de espera. A veces no quieres que la gente
esté dando vueltas por las habitaciones si están de paso. Aquí al lado tenemos
el comedor.
Avanzó
hacia las puertas acristaladas a su izquierda para guiarlas dentro de una coqueta
y elegante estancia cuadrada dominada por completo por una inmensa mesa de
madera con veinte sillas de mullidos y aterciopelados asientos.
-Nuevamente
la luz entra por los ventanales, aunque aquí solemos dejar las cortinas casi
siempre, así que no suele notarse. Pese a ello es una habitación muy fresca,
por las flores. – Afirmó la Encargada Aidee señalando a los diferentes jarrones
de flores y plantas que decoraban las repisas.
-¡Qué
guay! – Niko se acercó corriendo a toquetear el terciopelo de las sillas.
-Me
encanta esta residencia. – Mie observaba la estancia maravillada. – Tienes un
gusto exquisito decorando Encargada Hyome. Parece una auténtica mansión de
película.
-Muchas
gracias. ¿Habéis visto la cocina? – Sus dos acompañantes negaron. – Síganme
pues. – Entonó al comenzar la marcha hacia una puerta cercana.
La
cocina era una habitación de colores brillantes con una amplia ventana sobre el
fregadero. La mayor parte de las paredes permanecían ocultas tras las encimeras
y los muebles que colgaban sobre ellas, un compendio de alacenas y estanterías
acristaladas que mostraban vajillas o juegos de vasos y copas. Otras estaban
separadas, creando un pequeño pasillo y un lugar perfecto para preparar
cualquier comida.
-Nuevamente
tiene todo tipo de comodidades necesarias para la vida moderna. Dos fogones
para que pueda haber varias personas cocinando, frigoríficos, hornos,
lavavajillas. Aun no he pedido a los residentes que hagamos un reparto
equitativo del espacio. Aunque lo haga, me conozco estas cosas, yo que vosotras
iba cogiendo alacenas y baldas de frigorífico ya.
-¿Y
qué pasa con la limpieza? – Preguntó Mie.
-¡Oh!
Pues tenemos un servicio de limpieza trabajando extremadamente temprano, para
que no estén por medio. Las habitaciones dependen de vosotros. – Su
interlocutora asintió. – Ahora solo nos queda la lavandería, por aquí.
Aidee
las guió fuera de la cocina, girando a la izquierda y dejando tras ella las
escaleras. Otra pared de ventanales iluminaba aquel trozo hasta llegar a dos
puertas casi juntas.
-Esto
es un baño. – Anunció la encargada señalando a la derecha. – Y esta la
lavandería.
Abrió
la puerta ante ellos para entrar en una estancia en forma de ele que tras una
fila de lavadoras desembocaba en una pared acristalada donde la ropa se secaba
tendida sobre cuerdas.
-Fuera
también tenemos un tendedero, pero para evitar que la ropa vuele, o se olvide
fuera, o la posible aunque no muy común situación de que la robasen, pusimos un
tendedero interior. Espero que podamos organizarnos, no es tan grande como para
que todos lavemos y tendamos a la vez. – Comentó preocupada.
-Seguro
que no encontramos problemas. – Niko sonreía.
-Ya
quisiera yo tener optimismo.
-No
eres la única. – Añadió Mie casi en un susurro.
-Bien.
– Las condujo hacia las escaleras que antes habían dejado atrás. – Con esto
concluimos nuestra visita guiada a la planta baja de Nuevo Jardín, espero que
la hayan disfrutado y por favor valórennos con cinco estrellas en nuestra
página oficial.
-Pero
queda una puerta ¿No? – Niko señalaba hacia las escaleras, donde una puerta
cerrada esperaba.
-Ah…
bueno, esa puerta es la del sótano. Allí abajo solo hay una despensa para
guardar algunas reservas de comida en casos de emergencia. También está la
caldera y una habitación, más bien un almacén, para guardar las cuatro cosas
que no caben en ninguna parte. – Explicó acercándose. – Esta puerta siempre
está cerrada, abajo solo vamos si hace falta revisar la caldera.
-Ya
veo…
-Haz
el favor de dejar de pensar en las hipotéticas e irreales cosas que puedan
estar guardando ahí abajo. – Pidió Mie en un fustigante susurro. Su amiga
resopló.
-¿Qué
quieres que piense si no me dejan bajar? ¿Y aquella puerta? – Preguntó tras su
protesta, señalaba al cercano objeto, no muy lejos de las escaleras.
-Es
un pasillo, lleva a la sala que usamos el encargado y yo para tener papeles
organizados.
-¿Y
no la vemos?
-No
entra dentro de la visita oficial. – Explicó con una risita. Niko resopló
alicaída.
-¿Entonces
ya hemos acabado? Se me ha hecho súper corto…
-Ya
no quedan habitaciones por ver. Salvo que no hayáis pasado por los otros pisos.
-Hemos
pasado, salvo por el baño de ch-
-¡Chicas!
– Acabó Mie aceleradamente. – Porque en ese momento no nos hacía falta entrar,
ya iremos a ducharnos.
-Vale.
– Aidee la observaba sorprendida por aquella rápida intervención. – Entonces, ¿Venís
conmigo arriba? – Niko negó tranquilamente.
-Tendríamos
que organizar las baldas de la cocina. ¿No Mie? – Comenzó Niko. Su amiga la
observó varias veces sin llegar a creérselo.
-Sí…
deberíamos…
-Muy
bien, luego os veo, aun me queda por tender la lavadora. – La encargada subió
la escalera tras despedirse de ellas. Pocos segundos después había desaparecido
de su vista.
-Me
has dejado sorprendida Niko, no esperaba tal responsa… bilidad…
Su
amiga se acercó a la puerta cerrada que daba entrada al pasillo y cogió el
tirador, pero la puerta no cedía. Enfadada comenzó a gruñir realizando un
esfuerzo sobrehumano sin que la puerta se moviese. Mie suspiró.
-Ya
decía yo que aquí algo no me encajaba.
-Puñeta…
está cerrada.
-Ni
me lo imaginaba. – Su sarcasmo fue ignorado. – Entonces… ¿Vamos a arreglar la
cocina o simplemente subimos?
-Tengo
una idea. – Afirmó Niko firmemente. – Vamos al salón. – Ordenó antes de
dirigirse hacia la estancia cercana.
-Pero…
¡Niko! – Entre protestas Mie la siguió.
[16:29]
La
sala común la componía una estancia algo más pequeña que el salón, cuyo nombre
no se adecuaba con la realidad presentada en Nuevo Jardín. En primer y único
lugar se la llamaba “común”, estando claramente preparada para que los
encargados de la residencia se relajasen en ella cuando no quería estar en sus
respectivas habitaciones. Las paredes de un lateral estaban llenas de
estanterías cargadas de miles de libros, salvándose únicamente el ventanal que
iluminaba la estancia. El centro de la misma lo ocupaba una alargada mesita
cercana a un par de sofás y sillones donde una elegante mujer vestida de color
bermellón tomaba té en una taza de porcelana blanca y leía un pequeño libro
desgastado por el paso del tiempo.
En cada lateral de la estancia reposaba un
escritorio. Uno, cercano al piano, adecentado con una lámpara y cubierto por
algún que otro libro, una decorativa planta o figuritas infantiles y el otro
lleno a rebosar de montones de hojas, folios y papeles colocados en perfectos
montones. Uriel Aidara se apoyaba sobre este último, esperando a que le
atendieran por el teléfono. No dejaba de pagar sus frustraciones con un
alargado lápiz de plástico que tenía entre sus manos, estrujándolo y doblándolo
cada vez que resoplaba.
-Pronostico
una corta duración a ese lápiz que torturas entre tus manos. – Comentó Moyra pausadamente
antes de darle un sorbo a su té. – Deberías calmarte Uriel.
-Me
calmaré cuando Residencias Universitarias se consuma en llamas. – Rugió.
-En
lugar de llamar por teléfono sería mucho más útil acercarse al edificio y
prenderle fuego. ¿No lo crees así?
-Era
una forma figurativa de hablar. – Respondió rechinando los dientes.
-Para
ser una forma figurativa tu tortura sobre el lápiz no cesa.
Cuando
se disponía a responder algo ofensivo comenzó a escuchar una voz masculina al
otro lado del teléfono.
-Servicio de residencias de la
universidad de Yakeru, le atiende Jou’zi. ¿En qué puedo asistir-? – Se produjo
un corto silencio. Uriel escuchaba perfectamente sus cuchicheos. – Disculpe
señor Aidara. ¿En qué puedo ayudarle?
-Están mandando alumnos a mi residencia.
– Anunció cortantemente y sin perder oportunidad de recalcar el “mi”.
-¿D-desea una explicación
oficial? – Uriel suspiró.
-No, por favor, llamaba para
informarme de la previsión meteorológica de mañana.
-Dis-disculpe. Ayer hubo un…
desafortunado incidente en la residencia del Cruce de Caminos. El Prefecto de
la residencia ha tratado de desplazar a los alumnos a otros alojamientos, pero
simplemente no tenemos bastantes plazas libres… y comprenderá que Nuevo Jardín
está completamente vacía-
-No lo comprendo, ni tengo
porque, pero ahora mismo no importa. ¿Qué alumnos han sido reubicados aquí?
-Los alumnos que estaban cuando
ocurrió el desgraciado evento, también otros que se negaron a aceptar los
alojamientos que se les entregaban.
-¿En qué momento se decidió que
era necesario escuchar y atender a sus quejas?
-El Prefecto de la residencia lo
estimó conveniente.
-Es un joven ciertamente
entregado a la caridad con los demás. – Afirmó mientras se esforzaba por no
apretar los dientes. – ¿Qué otros alumnos van a ser trasladados?
Cambió de tema al notar que
perdía la poca paciencia que le quedaba. Si comenzaban a hablar del Prefecto
Luoji Kei y sus políticas de caridad con la humanidad dejaría de responder de
sus actos. Para aumentar su frustración Moyra seguía tomando té como quien no
tiene nada mejor que hacer que ver la vida pasar.
-Los alumnos que han llegado o
van a llegar en los últimos días. – Explicó con voz asustada. – No p-podemos
darles plaza en ninguna parte…
Uriel dejó una cómoda y silenciosa
pausa para escuchar como su interlocutor tragaba saliva con dificultad.
-Deseo una lista.
-¿Una lista de los alumnos
trasladados?
-Te ruego me expliques que otra
lista podría desear. – Inevitablemente rugió la última parte de la frase.
-L-lo sient-
-Mándame la lista por facsímil de
inmediato. – Exigió perdiendo los nervios.
-N-no puedo mandarle una lista
señor Aidara…
-¿Por?
-El jefe de sección el señor-
-¡Pásame con el jefe de sección!
Al otro lado escuchó como quien
le atendía cortaba la llamada para comunicar el cambio. Uriel había retorcido
el lápiz lo suficiente como para que ahora formase un perfecto círculo. Una
nueva voz apareció al otro lado.
-¿Quién es y qué quiere? –
Exigió con rudeza.
-Soy Uriel Aidara, Prefecto de
la residencia Nuevo Jardín.
La
persona que le atendía había comenzado a balbucear. Nuevamente se creó el
silencio. El jefe de sección hablaba con alguien aceleradamente.
-Le
mandamos la lista de traslados a Nuevo Jardín. – Avisó asustado.
-Excelente.
– Escuchó un suspiro de alivio. – Pero no pienso colgar hasta que la tenga en
mis manos y la podamos revisar… punto por punto.
La
puerta de la sala común se abrió lentamente. Uriel y Moyra observaron en
silencio como al llegar a su tope se asomaban dos muchachas admirando la
belleza de la estancia. No se percataron de que estaban allí hasta que giraron
la cabeza.
-¡Uy!
– Gritó sorprendida la más cercana. Tenía su chirriante pelo rosa recogido en una
larga coleta que orbitaba en un lateral de su cabeza. – Hola ¿Qué tal? – Dijo
observando a Moyra. – Esto… emm… – Se escucharon cuchicheos tras ella. –
Señorita Vontirello. – Hubo una tremenda palmada al otro lado de la puerta,
como alguien que se golpeaba la frente.
-Vontirel.
– Corrigió la aludida sin variar el gesto. – Buenas tardes señorita Eino y
señorita Souten, un placer volver a verlas. ¿He de asumir que ha concluido ya
la exploración de los dormitorios?
-Más
o menos. – Comentó la muchacha de las coletas al entrar, su compañera de
cabello negro se colocó a un lado. – Hemos visto a su gato, Jarquinedes. – Añadió
emocionada.
-Arquímede.
Espero que lo tratéis con consideración, es un animal de constitución delicada,
como su dueña.
-No
se preocupe, si a mí me encantan los animales.
-Me
alegra oír tal afirmación. – Encontrar alegría en el inexpresivo rostro de
Moyra hubiera constituido un milagro en sí mismo.
-Disculpe
un momento. – Dijo Uriel mientras tapaba el altavoz del teléfono. – No es por
detener esta inolvidable conversación pero, ¿Qué hacéis aquí? ¿Cómo habéis entrado?
Y ¿Qué queréis?
-Explorar,
hemos entrado por la puerta del salón y nada. – Explicó alegremente
consiguiendo que el joven la mirase irritado. Parecía haber olvidado su
encuentro en la puerta principal. – Usted era el Prefecto de la residencia, ¿No?
Esto…
-Aidara,
Uriel Aidara. – Le ayudó rápidamente su compañera.
-Sí,
soy yo.
Estaba
realizando un esfuerzo sobrehumano para no echarlas de allí con un grito,
esperando que se dieran cuenta solas.
-Encantada
de verle de nuevo. Tiene una habitación genial. ¿Es de uso público? Si no lo
es, debería serlo. – Comenzó. Su amiga la retuvo para que no avanzase por la
habitación. – Podría ser una sala de juegos. ¿No te parece Mie?
Uriel
seguía mirándola en silencio, incapaz de abrir la boca para decir algo que no
consistiera en un grito de ira. La chica de las coletas parecía no darse
cuenta, su amiga por el contrario se encontraba cada vez más atemorizada.
-Creo
que deberíamos irnos… le estamos molestando…
-¿Qué
dices? No le estamos molestando. – Protestó mirándola, entonces volvió a
encararse con Uriel. – ¿Verdad encargado Aidara?
Uriel
sonreía con la apacible tranquilidad de alguien que estaba a punto de cometer
un asesinato múltiple. La muchacha de cabello negro comenzó a tirar de su amiga
sacándola de la habitación entre quejas y protestas.
-Hasta
otro momento señorita Eino, señorita Souten. – Moyra le dio otro sorbo a su té.
Incluso desde el interior seguía escuchando sus inagotables quejas por la
apresurada salida.
[17:43]
-Qué
vergüenza. – Suspiró Mie. – Creo que hoy has superado todos los límites de mi
aguante…
-Pues
no sé cómo. – Respondió Niko aburridamente.
Era
la octava o la novena vez que repetía las mismas palabras desde que habían
salido de la sala común, era la octava o la novena vez que recibía la misma
respuesta. Aun así, Niko no se había contenido en absoluto de merendarse media
caja de galletas que la Encargada les había ofrecido al bajar a por la ropa de
la lavadora. Tras arrebatarle la comida, aguantando sus protestas de niña
pequeña, y regañarle un par de veces más, le pidió que subiese a las
habitaciones. En un día ya había sufrido suficientes momentos alegres de Niko
para una semana.
Pese
a la mirada de Mie, Niko se había sentado en el rellano del primer piso, cerca
de las habitaciones de los chicos, comenzando a entretenerse consultando su
móvil. No tuvo más remedio que acompañarla.
-Tu
comportamiento de hoy ha sido imperdonable.
-¿Lo
ha sido? – Seguía con su móvil.
-Ya
sabes que quiero que te comportes con una mínima decencia.
-Eso
hago ¿No? – No levantaba la vista de la pantalla.
-¡Deja
de mirar el móvil y escúchame! – No siguió hablando al ver el fruncido ceño de
su amiga. – ¿Qué-?
-¡¿Otra
vez?!
-¿Qué
pasa? ¿Más mensajes?
-Sí,
más malditos mensajes. – Mie observó afligida como Niko borraba varios mensajes
sin leer y un par de llamadas no respondidas. – Idiota… no se entera de que no
tengo nada que hablar. Si ya he dicho que no, es que no. Hoy, mañana y siempre.
– Con un furioso movimiento guardó el móvil. Mie aguardó unos instantes antes
de hablar de nuevo.
-¿Seguimos
subiendo? ¿O has decidido no levantarte de aquí?
Mientras
Niko meditaba su pregunta acomodándose más en el sofá comenzaron a escuchar pasos
que subían por las escaleras. Era Liam, acompañada por el joven extranjero.
Ella conversaba alegremente mientras él se limitaba a mantenerse silencioso.
Cuando sus miradas se cruzaron, las observó unos segundos y luego bajó la
cabeza. Liam las saludó moviendo una mano. Pese al intento de Mie por agarrarla,
Niko corrió hacia ellos justo cuando llegaban al rellano.
-Hola
de nuevo. – Dijo la muchacha al alcanzarles. Era obvio que se había detenido
únicamente por educación a Liam. Mie se acercó con cautela.
-Hola.
– Respondió secamente.
-Hola
chicas. – Dijo su amiga. – ¿Qué tal la tarde?
-Bien.
– Afirmó Niko con fuerza. Se volvió al muchacho extranjero. – Oye, antes no nos
hemos presentado, ¿Verdad? – Preguntó ladeando la cabeza con una sonrisa. – Me
llamo Nieriko Eino, pero todo el mundo me llama Niko. – Entonces se volvió a
Mie. – Esta es mi mejor amiga Mie Souten.
-Encantada.
– Añadió ella con algo de vergüenza.
El
joven extranjero suspiró. Probablemente Liam ya les había dicho quienes eran y
que se conocían, pero Niko parecía no haberse percatado de esa posibilidad.
-Yo
soy Edín Dageste.
-E-Eduín.
– Repitió Niko con dificultad. Luego asintió como si lo hubiera comprendido. –
Dag… Dagu…
-Edín
Dageste. – Le dijo su amiga.
-¡Ya
lo sé! Es que es difícil.
-Edín
Dageste. – Repitió Liam. – Es como suena.
Mie
observaba al joven, seguramente jamás había considerado que su nombre o
apellido fueran siquiera levemente complicados. Ahí estaba Niko para
sorprenderle.
-Eduín.
– Niko tomó aire, preparándose. – Daguesthi… ¿Así? – Mie suspiró y Liam rompió
a reír. – ¿Qué pasa? ¿No lo he dicho bien?
-Lo
has dicho de una forma… creativa. – Afirmó la alegre joven.
-O
más concretamente, mal. – Sentenció Mie. Niko resopló decaída con una exclamación
de cansancio y derrota.
-Esto…
– Las tres miraron al muchacho extranjero. Parecía levemente incómodo. – Yo… emm, tengo que irme a mi habitación… – Niko
se encaró con él asintiendo alegremente.
-Vale,
es un placer conocerte y compartir residencia contigo.
-Sí…
claro… igualmente…
-Hasta
más tarde, Dageste. – Dijo Liam.
El
joven asintió a modo de respuesta y desapareció por el pasillo mientras Niko se
despedía felizmente de él. Era obvio que no se había dado cuenta de que acababa
de huir, probablemente avergonzado, otra vez.
-¿Ves?
Todo se soluciona hablando. – Explicó con una sonrisa. – Además es un encanto
de chico.
-Niko,
¿Eres completamente inconsciente de…? – Mie miró a su amiga fijamente. – Si,
tienes razón, es un encanto. – Liam rió.
-Sí
¿Verdad? ¿De qué te ríes?
-De
nada. Es verdad que es encantador.
Niko
seguía sonriendo, orgullosa de haber dejado una buena impresión. Mie
simplemente miró a Liam con cansancio, su respuesta fue otra suave risita.
Finalmente suspiró.
-Creo
que yo también voy a irme a mi habitación…
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