viernes, 7 de febrero de 2014

2 - 13/01/41 (Parte 3)

[15:44]
               Niko bajaba la escalera junto a Mie y Liam. La muchacha se entretenía rememorando su exploración de la planta de los dormitorios masculinos, como si sus dos acompañantes no hubiesen estado con ella. Mie ignoraba lo que decía, dentro de lo posible, quedándose con palabras sueltas para deducir si tenía que responder algo o no. Mientras pensaba que con lo poco que habían visto, podía admitir que aquella residencia era extremadamente elegante, incluso para un edificio del campus. Suelos de madera, paredes de estuco y madera tallada, brillantemente decoradas con apliques de pared que se asemejaban a candelabros, cortinas de suave tela sujetas limpiamente con cordones a los laterales de cada ventanal. Rellanos que perfectamente se podrían haber considerado salones supletorios. Con cómodos sofás franqueados por lámparas de pie y rodeando a mesitas de café. Un deleite para la vista que iba más allá de una habitación cómoda. Se sentía como la habitante de una mansión del lejano este.
-La planta de los chicos y las chicas parece que es idéntica, ocho habitaciones más una para los encargados, el rellano y suponemos que un baño con dos duchas… ya que no me has dejado entrar. – Recalcó Niko.
-Había alguien duchándose.
-Bueno… tampoco es que fuera a espiarle. – Liam rió ante aquella respuesta.
-Había alguien duchándose es una frase de cierre. – Explicó Mie. – Nadie entra en un baño del género contrario si hay alguien duchándose. Es simplemente irrespetuoso e inconcebible.
-Aguafiestas… – Liam volvió a reír.
Las chicas llegaron al pasillo central de entrada. Estaba decorado exactamente como los pasillos de los pisos superiores. La puerta de madera que marcaba la entrada tenía dos preciosas vidrieras que convertían la luz del exterior en brillos multicolor. Directamente al lado de donde acababan las escaleras por las que habían bajado tenían una puerta cerrada que supusieron que llevaba al piso inferior. No les dio tiempo a comprobarlo, dos personas salían de la primera puerta a su derecha.
-¡Hola chicas!
Era la encargada Aidee Hyome. Iba acompañada por el joven extranjero al que habían conocido en las escaleras.
-¡Hola! – Aunque Niko puso su mejor sonrisa para saludarles, el muchacho se mantuvo serio y silencioso. – Esto… emm…
-Hyome, Aidee Hyome. – Le susurró Mie al ver que se había quedado atascada. Fue bastante obvio, pero Niko parecía no darse cuenta.
-¡Eso! Encargada Hyome, hola. – La aludida emitió una risita.
-Aidee, llamadme Aidee.
-Vale, Encargada Aidee.
-Con Aidee a secas vale. – Suspiró mientras su susurro se perdía en el pasillo.
-Voy a ir a comprar… antes de que me cierren las tiendas. – Explicó el joven extranjero mirándola. La Encargada se sorprendió levemente por lo repentino, pero mostró una sonrisa con celeridad.
-Muy bien cielo, ten cuidado.
-Espera. – Comenzó Liam. – Iré contigo.
-¿Segura? – Preguntó observando a Mie y Niko.
-Sí. Iba a salir a comprar de todos modos. Mejor acompañada que sola. – Explicó con una alegre sonrisa. – Claro… si no te molesta que vaya.
-No molesta, no era… da igual. – Con un simple asentimiento se despidió de la Encargada Aidee, Mie y Niko, caminando firmemente hacia la puerta delantera.
-Nos vemos más tarde. – Dijo Liam con una apopléjica sonrisa.
 Se acercó rápidamente al joven extranjero. La puerta delantera se cerró tras ellos. Niko giró la cabeza para mirar a Mie dándose cuenta de que era verdad que estaba ofendido. Su amiga se limitó a encogerse de hombros.
-¿Qué hacéis por aquí? – Preguntó la encargada Aidee una vez se quedaron solas.
Antes de que pudiese responder un maullido llamó su atención, un gato gris daba vueltas alrededor de sus piernas. Niko liberó un alegre gritito.
-¡Un gato! – Dijo capturándolo y abrazándolo contra ella.
Sin dejar que pasasen siquiera unos segundos Mie se lo arrebató para evitar que en su ciego amor animal lo vapulease aun más, en el mismo movimiento se lo entregó a la encargada.
-¡No sabía que se podían tener animales en la residencia! Si llego a saberlo me hubiese comprado un perro antes de venir.
-Que eso nunca ocurra. – Suspiró Mie. Aidee liberó una incómoda risita mientras acurrucaba al gato contra ella.
-No solemos permitir mascotas, pero este gato es de Moyra Vontirel, creo que ya la conocéis. – Las chicas asintieron. – Es la única que tiene ese privilegio, pero por circunstancias propias.
-¿Cuáles?
-Eso no se pregunta Niko. – Siseó Mie.
-¿Tiene nombre? – Prosiguió como si el comentario de su amiga careciese de importancia.
-Se llama Arquímede. – Afirmó la encargada Aidee.
-¿Jarquinedes?
-Ar-quí-me-de. – Recalcó Mie.
-¿No he dicho lo mismo? – Su amiga negó. Entre risas la Encargada dejó el animal en el suelo, donde comenzó a caminar hacia las escaleras, Niko se colocó de cuclillas. – Ven bonito.
-Mejor no lo toqueteéis demasiado, no le hace caso a casi nadie que no sea Moyra. – Explicó antes de verlo desaparecer. – Bueno… ¿Qué hacéis por aquí?
-Estamos explorando la residencia. – Afirmó Niko al levantarse, como si fuera una gran aventura digna de varios libros y una telenovela. Mie suspiraba.
-Uuuuuh ¡Que divertido!
La inesperada y alegre respuesta de la Encargada dejó sin palabras a la muchacha, mientras a su lado Niko asentía feliz.
-Os aviso que ya no nos quedan tesoros. Pero… si queréis puedo haceros un pequeño tour por esta planta.
-¡Sí! Así será más divertido. – La Encargada sonreía.
-Esperad un segundo, voy a mirar la lavadora y vuelvo. – Nada más decirlo desapareció por el cercano pasillo.
-¡Muy bien! – Gritó Niko.
-Vivir… para ver. – Masculló Mie. Hubo unos segundos de silencio antes de que Niko se volviese para mirarla.
-Mie… Está enfadado con nosotras. – Comentó la muchacha, quizá incluso más ofendida que el propio joven. – ¡Pero si no le hemos hecho nada!
-Eso debería decirlo yo. También me mira a mí con malos ojos y YO sí que no le he hecho nada de nada. – Mie resopló cansada. Entonces comenzó a estudiar a su amiga, leía sus ideas casi instantáneamente. – ¿No estarás pensando en utilizar el sistema Nieriko Eino de acoso y derribo?
-No… no, para nada. – Afirmó con una preocupante sonrisa.
-Tú misma. Si le persigues y se lo toma a mal es problema tuyo, luego no vengas a llorarme. – Su amiga asintió. Más que sentirse amenazada por su frase parecía que acababa de darle el visto bueno a cualquier cosa que hiciese.
-Listo. – Afirmó la encargada al reaparecer. – Si me siguen las señoritas las llevaré al salón. – Afirmó marchando como una autentica guía turística hacia una cercana puerta a su izquierda.
-¡Bien! ¡A explorar! – Anunció con un tono aventurero. Mie las siguió con una desganada exclamación de júbilo.
-Este es el salón de la residencia. – Explicó al detenerse junto a los sofás. – Lo decoré yo misma. – Niko no contuvo su admiración.
-Es precioso.
-Gracias. Como veis posee una gran iluminación natural por los inmensos ventanales que dan al exterior. – Avanzó hasta sentarse en un pequeño asiento de cojines adherido al alfeizar de la ventana. – Yo misma elegí los colores y combinación de tonos en estos sillones así como en los que rodean a la mesa de café central. También escogí las cortinas. – Anunció cogiendo una de ellas sin dejar de sonreír. Tras soltarla se levantó. – El salón posee numerosas comodidades como televisión, un aparato de música, así como estanterías preparadas con libros de consulta para quien así lo necesite. Si alguna vez lo deseáis, en la parte baja también guardamos películas.
-Tenéis de todo. – Comentó Niko alegremente mientras toqueteaba los botones del equipo de música.
-A ver si lo vas a romper. – Regañó Mie.
-No te preocupes, lo máximo que puede pasar es que se encienda. – Rió la Encargada. – Si ahora me seguís por favor, os enseñaré el recibidor.
Nuevamente cual guía turística, lideró la marcha hacia la pequeña habitación junto a la entrada de la residencia. Un recibidor con asientos para que los visitantes pudiesen esperar si no se quería que entrasen al salón o al comedor.
-Antes servía como recepción de la residencia, para guardar las llaves, pero lo remodelamos como una pequeña sala de espera. A veces no quieres que la gente esté dando vueltas por las habitaciones si están de paso. Aquí al lado tenemos el comedor.
Avanzó hacia las puertas acristaladas a su izquierda para guiarlas dentro de una coqueta y elegante estancia cuadrada dominada por completo por una inmensa mesa de madera con veinte sillas de mullidos y aterciopelados asientos.
-Nuevamente la luz entra por los ventanales, aunque aquí solemos dejar las cortinas casi siempre, así que no suele notarse. Pese a ello es una habitación muy fresca, por las flores. – Afirmó la Encargada Aidee señalando a los diferentes jarrones de flores y plantas que decoraban las repisas.
-¡Qué guay! – Niko se acercó corriendo a toquetear el terciopelo de las sillas.
-Me encanta esta residencia. – Mie observaba la estancia maravillada. – Tienes un gusto exquisito decorando Encargada Hyome. Parece una auténtica mansión de película.
-Muchas gracias. ¿Habéis visto la cocina? – Sus dos acompañantes negaron. – Síganme pues. – Entonó al comenzar la marcha hacia una puerta cercana.
La cocina era una habitación de colores brillantes con una amplia ventana sobre el fregadero. La mayor parte de las paredes permanecían ocultas tras las encimeras y los muebles que colgaban sobre ellas, un compendio de alacenas y estanterías acristaladas que mostraban vajillas o juegos de vasos y copas. Otras estaban separadas, creando un pequeño pasillo y un lugar perfecto para preparar cualquier comida.
-Nuevamente tiene todo tipo de comodidades necesarias para la vida moderna. Dos fogones para que pueda haber varias personas cocinando, frigoríficos, hornos, lavavajillas. Aun no he pedido a los residentes que hagamos un reparto equitativo del espacio. Aunque lo haga, me conozco estas cosas, yo que vosotras iba cogiendo alacenas y baldas de frigorífico ya.
-¿Y qué pasa con la limpieza? – Preguntó Mie.
-¡Oh! Pues tenemos un servicio de limpieza trabajando extremadamente temprano, para que no estén por medio. Las habitaciones dependen de vosotros. – Su interlocutora asintió. – Ahora solo nos queda la lavandería, por aquí.
Aidee las guió fuera de la cocina, girando a la izquierda y dejando tras ella las escaleras. Otra pared de ventanales iluminaba aquel trozo hasta llegar a dos puertas casi juntas.
-Esto es un baño. – Anunció la encargada señalando a la derecha. – Y esta la lavandería.
Abrió la puerta ante ellos para entrar en una estancia en forma de ele que tras una fila de lavadoras desembocaba en una pared acristalada donde la ropa se secaba tendida sobre cuerdas.
-Fuera también tenemos un tendedero, pero para evitar que la ropa vuele, o se olvide fuera, o la posible aunque no muy común situación de que la robasen, pusimos un tendedero interior. Espero que podamos organizarnos, no es tan grande como para que todos lavemos y tendamos a la vez. – Comentó preocupada.
-Seguro que no encontramos problemas. – Niko sonreía.
-Ya quisiera yo tener optimismo.
-No eres la única. – Añadió Mie casi en un susurro.
-Bien. – Las condujo hacia las escaleras que antes habían dejado atrás. – Con esto concluimos nuestra visita guiada a la planta baja de Nuevo Jardín, espero que la hayan disfrutado y por favor valórennos con cinco estrellas en nuestra página oficial.
-Pero queda una puerta ¿No? – Niko señalaba hacia las escaleras, donde una puerta cerrada esperaba.
-Ah… bueno, esa puerta es la del sótano. Allí abajo solo hay una despensa para guardar algunas reservas de comida en casos de emergencia. También está la caldera y una habitación, más bien un almacén, para guardar las cuatro cosas que no caben en ninguna parte. – Explicó acercándose. – Esta puerta siempre está cerrada, abajo solo vamos si hace falta revisar la caldera.
-Ya veo…
-Haz el favor de dejar de pensar en las hipotéticas e irreales cosas que puedan estar guardando ahí abajo. – Pidió Mie en un fustigante susurro. Su amiga resopló.
-¿Qué quieres que piense si no me dejan bajar? ¿Y aquella puerta? – Preguntó tras su protesta, señalaba al cercano objeto, no muy lejos de las escaleras.
-Es un pasillo, lleva a la sala que usamos el encargado y yo para tener papeles organizados.
-¿Y no la vemos?
-No entra dentro de la visita oficial. – Explicó con una risita. Niko resopló alicaída.
-¿Entonces ya hemos acabado? Se me ha hecho súper corto…
-Ya no quedan habitaciones por ver. Salvo que no hayáis pasado por los otros pisos.
-Hemos pasado, salvo por el baño de ch-
-¡Chicas! – Acabó Mie aceleradamente. – Porque en ese momento no nos hacía falta entrar, ya iremos a ducharnos.
-Vale. – Aidee la observaba sorprendida por aquella rápida intervención. – Entonces, ¿Venís conmigo arriba? – Niko negó tranquilamente.
-Tendríamos que organizar las baldas de la cocina. ¿No Mie? – Comenzó Niko. Su amiga la observó varias veces sin llegar a creérselo.
-Sí… deberíamos…
-Muy bien, luego os veo, aun me queda por tender la lavadora. – La encargada subió la escalera tras despedirse de ellas. Pocos segundos después había desaparecido de su vista.
-Me has dejado sorprendida Niko, no esperaba tal responsa… bilidad…
Su amiga se acercó a la puerta cerrada que daba entrada al pasillo y cogió el tirador, pero la puerta no cedía. Enfadada comenzó a gruñir realizando un esfuerzo sobrehumano sin que la puerta se moviese. Mie suspiró.
-Ya decía yo que aquí algo no me encajaba.
-Puñeta… está cerrada.
-Ni me lo imaginaba. – Su sarcasmo fue ignorado. – Entonces… ¿Vamos a arreglar la cocina o simplemente subimos?
-Tengo una idea. – Afirmó Niko firmemente. – Vamos al salón. – Ordenó antes de dirigirse hacia la estancia cercana.
-Pero… ¡Niko! – Entre protestas Mie la siguió.

[16:29]
La sala común la componía una estancia algo más pequeña que el salón, cuyo nombre no se adecuaba con la realidad presentada en Nuevo Jardín. En primer y único lugar se la llamaba “común”, estando claramente preparada para que los encargados de la residencia se relajasen en ella cuando no quería estar en sus respectivas habitaciones. Las paredes de un lateral estaban llenas de estanterías cargadas de miles de libros, salvándose únicamente el ventanal que iluminaba la estancia. El centro de la misma lo ocupaba una alargada mesita cercana a un par de sofás y sillones donde una elegante mujer vestida de color bermellón tomaba té en una taza de porcelana blanca y leía un pequeño libro desgastado por el paso del tiempo.
 En cada lateral de la estancia reposaba un escritorio. Uno, cercano al piano, adecentado con una lámpara y cubierto por algún que otro libro, una decorativa planta o figuritas infantiles y el otro lleno a rebosar de montones de hojas, folios y papeles colocados en perfectos montones. Uriel Aidara se apoyaba sobre este último, esperando a que le atendieran por el teléfono. No dejaba de pagar sus frustraciones con un alargado lápiz de plástico que tenía entre sus manos, estrujándolo y doblándolo cada vez que resoplaba.
-Pronostico una corta duración a ese lápiz que torturas entre tus manos. – Comentó Moyra pausadamente antes de darle un sorbo a su té. – Deberías calmarte Uriel.
-Me calmaré cuando Residencias Universitarias se consuma en llamas. – Rugió.
-En lugar de llamar por teléfono sería mucho más útil acercarse al edificio y prenderle fuego. ¿No lo crees así?
-Era una forma figurativa de hablar. – Respondió rechinando los dientes.
-Para ser una forma figurativa tu tortura sobre el lápiz no cesa.
Cuando se disponía a responder algo ofensivo comenzó a escuchar una voz masculina al otro lado del teléfono.
                -Servicio de residencias de la universidad de Yakeru, le atiende Jou’zi. ¿En qué puedo asistir-? – Se produjo un corto silencio. Uriel escuchaba perfectamente sus cuchicheos. – Disculpe señor Aidara. ¿En qué puedo ayudarle?
                -Están mandando alumnos a mi residencia. – Anunció cortantemente y sin perder oportunidad de recalcar el “mi”.
                -¿D-desea una explicación oficial? – Uriel suspiró.
                -No, por favor, llamaba para informarme de la previsión meteorológica de mañana.
                -Dis-disculpe. Ayer hubo un… desafortunado incidente en la residencia del Cruce de Caminos. El Prefecto de la residencia ha tratado de desplazar a los alumnos a otros alojamientos, pero simplemente no tenemos bastantes plazas libres… y comprenderá que Nuevo Jardín está completamente vacía-
                -No lo comprendo, ni tengo porque, pero ahora mismo no importa. ¿Qué alumnos han sido reubicados aquí?
                -Los alumnos que estaban cuando ocurrió el desgraciado evento, también otros que se negaron a aceptar los alojamientos que se les entregaban.
                -¿En qué momento se decidió que era necesario escuchar y atender a sus quejas?
                -El Prefecto de la residencia lo estimó conveniente.
                -Es un joven ciertamente entregado a la caridad con los demás. – Afirmó mientras se esforzaba por no apretar los dientes. – ¿Qué otros alumnos van a ser trasladados?
                Cambió de tema al notar que perdía la poca paciencia que le quedaba. Si comenzaban a hablar del Prefecto Luoji Kei y sus políticas de caridad con la humanidad dejaría de responder de sus actos. Para aumentar su frustración Moyra seguía tomando té como quien no tiene nada mejor que hacer que ver la vida pasar.
                -Los alumnos que han llegado o van a llegar en los últimos días. – Explicó con voz asustada. – No p-podemos darles plaza en ninguna parte…
                Uriel dejó una cómoda y silenciosa pausa para escuchar como su interlocutor tragaba saliva con dificultad.
                -Deseo una lista.
                -¿Una lista de los alumnos trasladados?
                -Te ruego me expliques que otra lista podría desear. – Inevitablemente rugió la última parte de la frase.
                -L-lo sient-
                -Mándame la lista por facsímil de inmediato. – Exigió perdiendo los nervios.
                -N-no puedo mandarle una lista señor Aidara…
                -¿Por?
                -El jefe de sección el señor-
                -¡Pásame con el jefe de sección!
                Al otro lado escuchó como quien le atendía cortaba la llamada para comunicar el cambio. Uriel había retorcido el lápiz lo suficiente como para que ahora formase un perfecto círculo. Una nueva voz apareció al otro lado.
                -¿Quién es y qué quiere? – Exigió con rudeza.
                -Soy Uriel Aidara, Prefecto de la residencia Nuevo Jardín.
La persona que le atendía había comenzado a balbucear. Nuevamente se creó el silencio. El jefe de sección hablaba con alguien aceleradamente.
-Le mandamos la lista de traslados a Nuevo Jardín. – Avisó asustado.
-Excelente. – Escuchó un suspiro de alivio. – Pero no pienso colgar hasta que la tenga en mis manos y la podamos revisar… punto por punto.
La puerta de la sala común se abrió lentamente. Uriel y Moyra observaron en silencio como al llegar a su tope se asomaban dos muchachas admirando la belleza de la estancia. No se percataron de que estaban allí hasta que giraron la cabeza.
-¡Uy! – Gritó sorprendida la más cercana. Tenía su chirriante pelo rosa recogido en una larga coleta que orbitaba en un lateral de su cabeza. – Hola ¿Qué tal? – Dijo observando a Moyra. – Esto… emm… – Se escucharon cuchicheos tras ella. – Señorita Vontirello. – Hubo una tremenda palmada al otro lado de la puerta, como alguien que se golpeaba la frente.
-Vontirel. – Corrigió la aludida sin variar el gesto. – Buenas tardes señorita Eino y señorita Souten, un placer volver a verlas. ¿He de asumir que ha concluido ya la exploración de los dormitorios?
-Más o menos. – Comentó la muchacha de las coletas al entrar, su compañera de cabello negro se colocó a un lado. – Hemos visto a su gato, Jarquinedes. – Añadió emocionada.
-Arquímede. Espero que lo tratéis con consideración, es un animal de constitución delicada, como su dueña.
-No se preocupe, si a mí me encantan los animales.
-Me alegra oír tal afirmación. – Encontrar alegría en el inexpresivo rostro de Moyra hubiera constituido un milagro en sí mismo.
-Disculpe un momento. – Dijo Uriel mientras tapaba el altavoz del teléfono. – No es por detener esta inolvidable conversación pero, ¿Qué hacéis aquí? ¿Cómo habéis entrado? Y ¿Qué queréis?
-Explorar, hemos entrado por la puerta del salón y nada. – Explicó alegremente consiguiendo que el joven la mirase irritado. Parecía haber olvidado su encuentro en la puerta principal. – Usted era el Prefecto de la residencia, ¿No? Esto…
-Aidara, Uriel Aidara. – Le ayudó rápidamente su compañera.
-Sí, soy yo.
Estaba realizando un esfuerzo sobrehumano para no echarlas de allí con un grito, esperando que se dieran cuenta solas.
-Encantada de verle de nuevo. Tiene una habitación genial. ¿Es de uso público? Si no lo es, debería serlo. – Comenzó. Su amiga la retuvo para que no avanzase por la habitación. – Podría ser una sala de juegos. ¿No te parece Mie?
Uriel seguía mirándola en silencio, incapaz de abrir la boca para decir algo que no consistiera en un grito de ira. La chica de las coletas parecía no darse cuenta, su amiga por el contrario se encontraba cada vez más atemorizada.
-Creo que deberíamos irnos… le estamos molestando…
-¿Qué dices? No le estamos molestando. – Protestó mirándola, entonces volvió a encararse con Uriel. – ¿Verdad encargado Aidara?
Uriel sonreía con la apacible tranquilidad de alguien que estaba a punto de cometer un asesinato múltiple. La muchacha de cabello negro comenzó a tirar de su amiga sacándola de la habitación entre quejas y protestas.
-Hasta otro momento señorita Eino, señorita Souten. – Moyra le dio otro sorbo a su té. Incluso desde el interior seguía escuchando sus inagotables quejas por la apresurada salida.

[17:43]
-Qué vergüenza. – Suspiró Mie. – Creo que hoy has superado todos los límites de mi aguante…
-Pues no sé cómo. – Respondió Niko aburridamente.
Era la octava o la novena vez que repetía las mismas palabras desde que habían salido de la sala común, era la octava o la novena vez que recibía la misma respuesta. Aun así, Niko no se había contenido en absoluto de merendarse media caja de galletas que la Encargada les había ofrecido al bajar a por la ropa de la lavadora. Tras arrebatarle la comida, aguantando sus protestas de niña pequeña, y regañarle un par de veces más, le pidió que subiese a las habitaciones. En un día ya había sufrido suficientes momentos alegres de Niko para una semana.
Pese a la mirada de Mie, Niko se había sentado en el rellano del primer piso, cerca de las habitaciones de los chicos, comenzando a entretenerse consultando su móvil. No tuvo más remedio que acompañarla.
-Tu comportamiento de hoy ha sido imperdonable.
-¿Lo ha sido? – Seguía con su móvil.
-Ya sabes que quiero que te comportes con una mínima decencia.
-Eso hago ¿No? – No levantaba la vista de la pantalla.
-¡Deja de mirar el móvil y escúchame! – No siguió hablando al ver el fruncido ceño de su amiga. – ¿Qué-?
-¡¿Otra vez?!
-¿Qué pasa? ¿Más mensajes?
-Sí, más malditos mensajes. – Mie observó afligida como Niko borraba varios mensajes sin leer y un par de llamadas no respondidas. – Idiota… no se entera de que no tengo nada que hablar. Si ya he dicho que no, es que no. Hoy, mañana y siempre. – Con un furioso movimiento guardó el móvil. Mie aguardó unos instantes antes de hablar de nuevo.
-¿Seguimos subiendo? ¿O has decidido no levantarte de aquí?
Mientras Niko meditaba su pregunta acomodándose más en el sofá comenzaron a escuchar pasos que subían por las escaleras. Era Liam, acompañada por el joven extranjero. Ella conversaba alegremente mientras él se limitaba a mantenerse silencioso. Cuando sus miradas se cruzaron, las observó unos segundos y luego bajó la cabeza. Liam las saludó moviendo una mano. Pese al intento de Mie por agarrarla, Niko corrió hacia ellos justo cuando llegaban al rellano.
-Hola de nuevo. – Dijo la muchacha al alcanzarles. Era obvio que se había detenido únicamente por educación a Liam. Mie se acercó con cautela.
-Hola. – Respondió secamente.
-Hola chicas. – Dijo su amiga. – ¿Qué tal la tarde?
-Bien. – Afirmó Niko con fuerza. Se volvió al muchacho extranjero. – Oye, antes no nos hemos presentado, ¿Verdad? – Preguntó ladeando la cabeza con una sonrisa. – Me llamo Nieriko Eino, pero todo el mundo me llama Niko. – Entonces se volvió a Mie. – Esta es mi mejor amiga Mie Souten.
-Encantada. – Añadió ella con algo de vergüenza.
El joven extranjero suspiró. Probablemente Liam ya les había dicho quienes eran y que se conocían, pero Niko parecía no haberse percatado de esa posibilidad.
-Yo soy Edín Dageste.
-E-Eduín. – Repitió Niko con dificultad. Luego asintió como si lo hubiera comprendido. – Dag… Dagu…
-Edín Dageste. – Le dijo su amiga.
-¡Ya lo sé! Es que es difícil.
-Edín Dageste. – Repitió Liam. – Es como suena.
Mie observaba al joven, seguramente jamás había considerado que su nombre o apellido fueran siquiera levemente complicados. Ahí estaba Niko para sorprenderle.
-Eduín. – Niko tomó aire, preparándose. – Daguesthi… ¿Así? – Mie suspiró y Liam rompió a reír. – ¿Qué pasa? ¿No lo he dicho bien?
-Lo has dicho de una forma… creativa. – Afirmó la alegre joven.
-O más concretamente, mal. – Sentenció Mie. Niko resopló decaída con una exclamación de cansancio y derrota.
-Esto… – Las tres miraron al muchacho extranjero. Parecía levemente incómodo. –  Yo… emm, tengo que irme a mi habitación… – Niko se encaró con él asintiendo alegremente.
-Vale, es un placer conocerte y compartir residencia contigo.
-Sí… claro… igualmente…
-Hasta más tarde, Dageste. – Dijo Liam.
El joven asintió a modo de respuesta y desapareció por el pasillo mientras Niko se despedía felizmente de él. Era obvio que no se había dado cuenta de que acababa de huir, probablemente avergonzado, otra vez.
-¿Ves? Todo se soluciona hablando. – Explicó con una sonrisa. – Además es un encanto de chico.
-Niko, ¿Eres completamente inconsciente de…? – Mie miró a su amiga fijamente. – Si, tienes razón, es un encanto. – Liam rió.
-Sí ¿Verdad? ¿De qué te ríes?
-De nada. Es verdad que es encantador.
Niko seguía sonriendo, orgullosa de haber dejado una buena impresión. Mie simplemente miró a Liam con cansancio, su respuesta fue otra suave risita. Finalmente suspiró.

-Creo que yo también voy a irme a mi habitación…

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