viernes, 21 de febrero de 2014

4 - 15/01/41 (Parte 1)

15/01/41E.Sol – Nanja’ifè – Día de las Siete Estrellas…
[10:37]
                En un perfectamente coordinado movimiento se ajustó sus gafas, concediéndose a sí mismo unos segundos en los cuales sus ojos quedaron ocultos. Parecía poco, pero fue tiempo más que suficiente como para permitir que las dos muchachas que iban a cruzarse con él no se fijasen en la dispar coloración de su iris. Hyuureiki Aisamu era una persona perfectamente normal que caminaba por los jardines del campus Universitario, hasta que le mirabas a los ojos. Entonces la mayor parte de las personas tenían la decencia de apartar la mirada rápidamente. Otros se detenían a comprobar que sí, el joven poseía un ojo marrón y otro de un dorado amarillo. Los que menos, preguntaban en voz alta por aquella coloración. Y así, se veía a sí mismo reducido a un simple par de globos oculares bicolor que tenían mucho más interés que él, una persona simple, anodina y aburrida. Sus ojos no eran la única rareza de su cuerpo, pero sí la más visible y por ello había desarrollado elegantes formas de ocultarla cuando lo creía conveniente. Por ejemplo, ajustándose las gafas.
                Afortunadamente los caminos del campus estaban vacíos de cualquier ser viviente. De lo contrario, una persona ajustándose las gafas repetidamente, casi atrapada en un bucle, habría resultado curiosa. La ausencia de gente estaba compensada por la presencia de la nieve, aun no barrida, que había ante él. Sus piernas avanzaban sin dificultad, aunque no podía afirmar lo mismo de sus maletas. La situación empeoraba cuanto más cerca se encontraba de su destino. Se incrementaba la superficie dedicada a los jardines, se reducían los caminos de piedra. De haber nevado fieramente un par de horas más, en aquel momento hubiese sido más rentable "nadar" sobre la nieve que tratar de sortearla con dignidad. Por suerte la nevada era liviana, casi el comienzo de un cuento invernal, y los copos flotaban lentamente hacia el suelo.
                Su inexorable marcha le dejó a las puertas del lugar al que se dirigía. Un edificio solemne distanciado del bullicio central de la universidad y rodeado de la tranquilidad de la naturaleza. No había terminado de admirarlo en su majestuosa totalidad cuando su maleta resbaló de su mano izquierda. Bajo el guante de piel, los dedos comenzaron a arderle antes de entumecerse. Se apretó la mano con aprensión para tratar de calmar el súbito e inexplicable dolor. Hacía mucho tiempo que no le había dolido y de nuevo, sin razón aparente, volvía en aquel preciso momento. Podía ser el frío. También podía no serlo. Miraba el reflejo en los cristales de la ventana cuando un sonido le alertó. Un coche, destartalado y erosionado por el tiempo, había apartado violentamente la nieve para detenerse no muy lejos de la puerta.
                Había que ser muy imaginativo, poseer una gran suerte, o estar ligeramente chiflado, para atravesar una zona nevada en la cual distinguir camino, carretera y naturaleza parecía una prueba de habilidad. Y aun así, allí se acababa de detener un coche.
                -¿Te dije o no te dije que pasaba? – El joven que se había bajado sonreía complacido. Poseía una profunda voz. – Te preocupas demasiado.
                -¿Yo voy pidiendo dentro el teléfono para que llamen a un remolque ya?
                Una muchacha descendió por la puerta contraria. Entre abrigo, bufanda, gorro y guantes iba cubierta con tantas capas de ropa que Hyuure se preguntó cómo era capaz de andar. Poseía, no solo un timbre liviano y suave, diametralmente opuesto al de su masculino compañero, sino un curioso acento, marcial hasta cierto punto, con pausas que hacían que cada palabra sonase independiente del resto de la frase y las convertía en pequeñas órdenes.
                -Grúa, cariño, se dice grúa. – La corrección de su compañero fue completamente ignorada, la concentrada muchacha miraba el coche desde todos los ángulos.
                -Esto no vas a dar marcha hacia atrás Tae-taeni. No vas a dar marcha hacia atrás.
                -Qué sí. Qué la va a dar. – Insistió el joven.
                -¿Pero oíste el porrazo que le das antes? Eso suenas a roto.
                -¡Y sigue! Dari, que va a dar marcha atrás. – Afirmó enfadado. – Llama a la puerta de una vez a ver si es aquí. Que no quiero congelarme el culo hostia.
                La muchacha torció la boca antes de girarse. Su mirada se encontró con la de Hyuure, entonces asintió complacida. Se acercó a él con grandes y amplios saltitos, como huyendo de la nieve, algo que resultaba increíble teniendo en cuenta la carga de ropa que debía llevar a sus espaldas.
                -¡Perdona, perdona! – Saludó a pocos pasos de él.
                Recorrió la corta distancia que les separaba. Aunque estaba completamente tapada por su gorro de lana naranja su blanca piel era perfectamente visible, mostrando unas rosadas mejillas debido el frío. Poseía unos resplandecientes ojos cian, ligeramente alargados y contrarios a la inmaculada rectitud de su rostro, acabado en líneas tan firmes y trabajadas que resultaba hasta antinatural. Era indudablemente delgada, con seguridad muy delgada, pero debía llevar al menos dos abrigos, o un abrigo de grosor considerable, lo cual le otorgaba aquel efecto cómico al andar.
                -Hola, buenos días tenga.
                -Buenos días tenga usted también señorita. – Saludó Hyuure.
Instintivamente se llevó su mano izquierda a la espalda, seguía torturándole con fugazes pinchazos. Ante él y como solía ocurrir, la joven se percató en su curioso color de ojos, observándolos absorta durante unos segundos. Salió de su trance con una apopléjica sonrisa.
                -Perdona. Yo estoy buscando un lugar. Yo estoy buscando la residencia Nuevo… Nuevo… Mmm… – Se llevó una mano, agrandada por sus guantes de lana, a la boca mientras pensaba.
                -¡Jardín! – Dijo el joven desde la distancia. Cerraba el coche. – ¡Nuevo Jardín!
                -¡Vrën, vrën! Yo sé que esa era el nombre, Tae-taeni. No necesito repeticiones más. – Protestó. – Yo estoy buscando la residencia Nuevo Jardín ¿Sabes? – Preguntó con un elegante y acogedor movimiento. Parecía complacida de haber sido capaz de decir lo que tenía en mente.
                -Es este mismo edificio. – Hyuure señaló a la puerta de entrada. – Me dirigía a él en este momento-
                -¡Ah! ¡Tae-taeni! ¡Esta chico viene a este residencia añadido! – Anunció alegre mientras miraba a su compañero acercarse. – Recuerda en momento de ahora. Dije que hoy era día de grande suerte.
                El muchacho se acercó con un sonriente gesto de disculpa dirigido a Hyuure, aunque sin ocultar su curiosidad al ver sus ojos bicolor. Eran de altura similar, incluso se atrevería decir que ella debía ser unos centímetros más alta. También llevaba un gorro, este con orejeras, que no tapaba del todo los curvados mechones de su cabello castaño. Poseía unas pobladas y vivarachas cejas que bailaban al son de todas las expresiones de sus ojos grises. Ojos que en aquel momento se movían con sarcástico significado por su límite superior. Su desarreglada barba, producto de varios días sin afeitarse, Hyuure no sabía si premeditadamente o no, fallaba a la hora de conectar el pelo de sus mejillas con el de su bigote.
                -Viene también. – Corrigió. – Y día de mucha suerte, o gran suerte. Cualquier cosa menos "grande suerte".
                -La suerte es grande. Grande suerte. ¿Dónde está el error? – Argumentó enfadada.
                -En parte ninguna estar eso. – La imitó sin dejar de sonreír, acercándose entonces a su oído. – Lo primero que hace uno es presentarse, Dari.
                Su musical susurro entre dientes parecía destinado a excusar los modales de la muchacha, consiguió que la joven liberase una exclamación.
                -¡Yo estoy desolados por esto! – El joven suspiró al realizar una reverencia.
                -Me llamo Taeri Taewari. Perdona a mi novia… aun no- – Parecía medir sus palabras con temerosa precisión. – Se ha acostumbrado a Rantei. – La muchacha asintió.
                -Es una país no fácil. Su idioma añadido. – Le miró con una sonrisa y trazó probablemente la reverencia más exageradamente elaborada que Hyuure jamás había visto. – Mi nombre es Darla Krym.
                Una muchacha extranjera emparejada con un joven rantense. Era algo que no se podía ver todos los días, o al menos no con tal naturalidad, si es que había que expresar con una palabra, la despreocupada actitud que ambos parecían emanar.
                -<Taeri Taewari.>  – Repitió en su mente.
                Taeri estaba compuesto de los caracteres de "Tae", "Honestidad" y "Ri", "Persona", aunque también lo había visto escrito como "Ta", que significaba "Prospero" y "Eri", "Primavera". Teniendo en cuenta la repetición de su nombre en el apellido debía tratarse de una tradición familiar. La persona honesta o el honesto, venido de "Wari", "personas", "Tae", "Honestas". Hyuure esperaba que estuviese a la altura de tanta honestidad.
                Del nombre de Darla Krym, como de cualquier otro traído del extranjero, no podía pensar nada. Le había costado años dejar de irritarse por ello, pero tenía que admitirlo, las costumbres onomásticas del Protectorado le eran distantes y confusas. Aunque en base a su limitado conocimiento podía afirmar dos cosas, la primera que Krym no parecía un apellido humano común y corriente. La segunda es que, aparte de sus carencias, por darle un nombre adecuado aunque no correcto, idiomáticas, debía de poseer una tendencia infantil para llamar Tae-taeni a un hombre adulto, incluso existiendo la coincidencia entre nombre y apellido. Era como si a él le llamaban Hyu-hyuni, con ese "ni" diminutivo que usan los niños para referirse a todo y todos a su alrededor. Al menos el aludido respondía llamándola Dari, por lo que se podía considerar que la balanza estaba equilibrada.
                -Hyuureiki Aisamu. Es un placer. – Afirmó trazando una reverencia.
                -¡Guau! Tú es chico muy formal y muy serio. – Respondió Krym con una sonrisa. Taewari rió cansadamente.
                -Cariño. En el Protectorado podéis decirle a la gente que parece muy formal y seria nada más conocerla, pero aquí no. Queda un poco… directo. – La muchacha le miró sin entender, consiguiendo que el joven repitiese su explicación en un acelerado idioma extranjero.
                -Vrën. – Asintió. – Yo ahora entiendo lo que ocurre. Estoy desolados. – Afirmó al final. Taewari rió de nuevo.
                -Desolada. Y normalmente decimos lo siento mucho, o mis disculpas. Te lo he dicho ya unas cien veces.
                Darla Krym se volvió para fulminarle fieramente, consiguiendo que el joven se encogiese de hombros con una sonrisa.
                -¡Vyü sevaarïchk!
                Le propinó un pellizco en su descubierta mano. El joven protestó al alejar su lastimado miembro de ella. Hyuure estaba asombrado por la proeza, no todo el mundo poseía aquella destreza y facilidad con guantes.
                -¡Vale, vale! Esconde el mal genio y vamos a entrar antes de que a los tres se nos hiele el culo de estar aquí fuera. – Protestó mientras volvía al coche. Darla Krym miró a Hyuure.
                -Él va a extraer las maleta mía del… Emm…
                -¿Maletero? – Considerando sus reacciones temía emitir cualquier cosa que pudiese ser considerada una corrección.
                -¡Esa es la palabra! – Afirmó alegre. – Nosotros, mientras y ahora, podemos ir a entrar a residencia. ¿No crees? Llamar a quien preguntar.
                Hyuure le sonrió con condescendencia, no había entendido la mitad, y recogió su maleta del suelo. El dolor de la mano se había disipado. Avanzaron entre la nieve hacia la puerta de la residencia, agradeció finalmente encontrar los limpios escalones donde su equipaje no se atrancaría más. Había subido su última maleta a la puerta cuando se detuvo a observar a Darla Krym mirando por los coloridos cristales a ambos lados de la puerta. La muchacha los limpiaba tratando de descubrir que había en el interior y cuando no podía se agachaba o colocaba sobre la punta de sus pies para alcanzar otro cristal. Siguió entretenido hasta que Taewari dejó las maletas junto a él.
                -Dari, cariño.
                Más que llamar su atención parecía amonestarla. Cuando la joven le observó Taewari realizó un rápido y cortante gesto pasándose la mano por el cuello. Krym asintió.
               -Yo voy a tocar en puerta. – Anunció. Se disponía a golpearla con el nudillo cuando su novio la apartó gentilmente.
                -¿Y por qué no dejamos que Aisamu, que ha llegado primero, haga los honores de llamar? – Argumentó rápidamente.
                -¿Eso es un honor en Rantei? – Preguntó confusa. Taewari dudó, balbuceando frases inconexas durante unos segundos. La muchacha le miró atentamente.
                -¡Vyü sevaarïchk! – Rugió propinándole una rápida patada en el trasero. De nuevo Hyuure se encontraba impresionado con su extrema agilidad.
                -¿Haces el favor de llamar? – Pidió mientras se recobraba del golpe.
                No le quedaba otro remedio, de lo contrario permanecería allí toda la mañana, observando a aquella extraña pareja. Tocó con fuerza y esperaron pacientemente. En unos minutos abrió la joven de cabello más estrambótico que jamás había visto. Largos mechones de un brillante rosado que luego se transformaban en un profundo bermellón. Vestía unos raídos vaqueros, con agujeros suficientes para ella y otras muchas personas, y una camiseta de rayas negras y blancas. Sus colgantes tintinearon cuando se apoyó en la puerta, terminó pacientemente de hinchar la pompa de chicle, rosa como su pelo, y una vez desinflada se la tragó sin variar su rostro de aburrimiento.
                -¡Vaya cabello más de colores! – Señaló la maravillada Darla Krym. – Es brillante y con muchas luz.
                -¿Perdona? – Respondió la estrambótica muchacha sin ocultar una mueca. Taewari negó mientras alejaba a Krym de la puerta. Hyuure se convirtió entonces en el objetivo de su mirada. – ¿Qué? – Preguntó con ruda brusquedad.
                -Buscamos hablar con la persona o personas al cargo de la residencia. ¿Serias tu una de esas personas por casualidad? – Usó su tono más educado y amable. Solo consiguió que la muchacha riese.
                -Por favor. – Cruzó los dedos. – Que me libre de ello. Yo tengo que "encargarme" de esta residencia y al segundo día estoy balanceándome colgada de una lámpara. – Se llevó la mano al cuello fingiendo que se ahorcaba.
                Sin decir más se apartó, alejándose por el pasillo. Hyuure giró la cabeza para mirar a sus dos acompañantes. Darla Krym mostraba su incomprensión, Taewari simplemente se encogió de hombros. Les llamó un silbido y se encararon con la extraña y estrambótica muchacha. Se había detenido a mitad del pasillo.
                -¿Qué pasa? ¿Necesitáis una invitación perfumada? ¿El frío no basta? – Preguntó con sorna. – Con que entréis vosotros vale. No el invierno, la nieve, cuatro gatos callejeros sarnosos y un par de violadores reincidentes que pasaban por la calle. Solo vosotros.
                Mantuvo su firme mirada y aquella actitud engreída y altiva hasta que entraron con su equipaje, cerrando la puerta tras ellos. El frío comenzó a verse superado por la confortable temperatura del interior y un agradable aroma a desayuno. Se escuchaba a gente hablando desde alguna cercana habitación.
                -Voy a llamar a… ¿Cómo lo has dicho, gafitas? – Buscó la respuesta chasqueando los dedos varias veces sin inmutarse por el enfadado gesto de Hyuure. – La persona o personas al cargo de esta residencia. – Recitó con tono pretencioso antes de desaparecer por la escalera.
                -Qué muchacha joven más simpática. ¿No? – Comentó Krym.
                -Sí. Lo has pillado por completo cariño. – Respondió Taewari. Su pareja le miró sin entender, propiciando un nuevo y acelerado diálogo en una lengua extranjera.
                Hyuure les dejó en su incompresible intercambio de palabras mientras se detenía por vez primera a observar sus alrededores. Estaban en una entrada bellamente decorada. No saturada, quizá si algo exagerada para una residencia, aunque era sabido que las residencias del campus representaban otro nivel con respecto a las demás.
                El mueble junto a la entrada era un excelente ejemplo de ello. De trabajada madera y elegante acabado. Decorado con una planta color esmeralda y una figura de un gato gris cuyos ojos amarillos parpadearon. Hyuure se irguió. Por suerte su violenta reacción había pasado desapercibida por sus acompañantes. No se trataba de una figura de un gato, era un animal vivo que le estaba observando fijamente. La presión que ejercía aquella mirada era extraña, demasiado juiciosa para un simple felino, por muy bien cuidado que este se encontrase. Se fulminaron mutuamente.
                -Buenos días. – Saludó la persona que descendía las escaleras y se acercaba a ellos. Iba acompañada por la estrambótica muchacha.
                Se trataba de una joven de visible belleza, desde el cabello a la suela de sus zapatos, que no debía estar muy concienciada en ocultar. En su rostro se formó una preciosa sonrisa mientras estudiaba sus rostros. Durante unos segundos Hyuure volvió a fijarse en el cercano mueble. El felino de juiciosa mirada había desaparecido y cuando levantó la vista se percató de que la estrambótica joven también.
                -¡Hola! Nosotros somos estudiantas futuros de este residencia. – Saludó Darla Krym. – Nosotros buscamos a la persona que da las órdenes en este residencia. – Su interlocutora rió suavemente.
                -La persona que gruñe las órdenes en esta residencia está de vacaciones. Tendréis que hablar con la Encargada. – Krym asintió.
                -Entonces y ahora nosotros queremos hablar con la Encargada de residencia.
                Taewari suspiró. Para todos, menos para Krym, era obvio que aquella muchacha debía ser la Encargada de la residencia.
                -Tienes suerte. Va a llegar de un momento a otro.
                -Nosotros esperamos. – Taewari suspiró de nuevo, propiciando que Krym le mirase. – ¿Qué ocurre? No dejas de soplar.
                -Suspirar, se dice suspirar. Y lo que ocurre es que esta chica seguro que es la Encargada de la residencia.
                -¿Ella lo es? – Preguntó sorprendida. La recién llegada asintió con una sonrisa.
                -Era una pequeña broma. Soy la Encargada de la residencia Nuevo Jardín. Aidee Hyome. – Realizó un coqueto gesto con su mano, llevándose el índice a la mejilla. – Me han avisado de que habían llegado nuevos estudiantes. Sois vosotros ¿No?
                Aidee Hyome no era una combinación de nombres habituales. Aidee estaba claramente traído del Protectorado, marcando a aquella muchacha como una hija de las Nuevas Familias de Rantei, quienes habían abandonado parte de su cultura y costumbres a fin de complacer a los extranjeros. Hyuure se preguntó si tendría un nombre "real" bajo Aidee.
                En cuanto a Hyome, le extrañaba como apellido. Las Nuevas Familias solían venir de la clase media-alta o la directamente alta. Aquella muchacha parecía poseer las cualidades de alguien enseñado en la clase alta. Carisma, gracia, elegancia al moverse y dialogar. En aquel momento, mientras mantenía su conversación con Krym y Taewari, se encontraba a un vestido de distancia de parecer una dama en una recepción de la alta sociedad. Y sin embargo tenía un apellido simple como Hyome, "nacida al amanecer", que iba en contra de todo lo que su imagen física proyectaba. Se sentía confuso.
                -¿Y tú? – La Encargada Hyome le preguntaba.
                -Lo lamento… me he… abstraído unos segundos y no sé de qué hablamos. Mis sinceras disculpas.
                -Te habré… no sé… hechizado. – Afirmó con una sonrisa. – Te pedía el impreso de cambio de residencia. Deben habértelo dado en el Cruce de Caminos.
                -¡Ah! Así es. Permíteme buscarlo. – Se volvió a su maleta.
                -Se nota el cambio de temperatura aquí dentro.
                El comentario de Taewari fue de la mano de su movimiento para librarse de su gorro, mostrando el alborotado cabello castaño oculto bajo él. Tras una larga mirada Darla Krym le imitó. Hyuure se levantó con su formulario entre las manos a tiempo para ver una cortina de cabello rubio brillante que fluía como agua libre desde su gorro. Entre los mechones podían verse dos alargadas orejas. No entendía cómo podían haber estado escondidas bajo la lana. Era una elfa. Se deshizo también de su pesado abrigo, mostrando, como él ya intuía, que era muy delgada.
                -¿Ocurre ahora algo? – Preguntó al percatarse de que había atraído las miradas de todos a su alrededor.
                Por suerte el sonido de una puerta al abrirse les evitó tener que responder lo obvio, nadie esperaba una elfa. Repentinamente emergió una muchacha de cabello color rosa oscuro arreglado en una larga coleta que se movía a un lado de su rostro. Poseía un peculiar rostro, soñador, energético y redondeado. Se volvió al interior de la habitación.
                -¡Son estudiantes nuevos! – Clamó emocionada.
                -¡Niko! ¡No es necesario pregonarlo de esa forma! – Regañó otra voz desde el interior. Ignorándola, la joven salida de la nada se acercó a ellos con grandes zancadas.
                -Esta es una de vuestros compañeros. – La Encargada les miraba.
                -¡Bienvenidos a Nuevo Jardín! – Gritó la extraña desconocida alegremente. – Soy Nieriko Eino, pero todo el mundo me llama Niko. La que protesta desde el interior es mi amiga Mie Souten.
                -¡Haz el favor de no presentarme cuando no estoy! – Regañó nuevamente la voz.
                A los pocos segundos apareció otra chica, esta de cabello negro recogido, seguida de otra más, con una fluida melena de idéntico color. La primera, de rostro serio y digno, debía ser quien estaba regañando, mientras que la segunda mostraba los mismos perfectos rasgos de una muñeca. Trazó una reverencia.
                -Liam Negiru. Es un placer. – Saludó con dulce voz.
                -Yo soy Mie Souten, como ya se ha dicho. – También realizó una reverencia.
                Nieriko Eino, Mie Souten y Liam Negiru. Tres nombres muy diferentes entre sí. Nieriko eran los tres caracteres de "Ni" escrito como "brisa", "Eri" "Primavera" y "Ko" que simplemente significaba niño, o en este caso niña. "Nieri" todo junto, hacía referencia a un viento primaveral, conocido como primera brisa del año, que barría el invierno y daba paso a la primavera. Tendría que ver como lo escribía para saber si usaba una u otra versión, aunque considerando que permitía ser llamada Niko, debía tratarse de una muchacha infantil.
                Mie por su parte podía escribirse como "Mi" "Guardar" y "E" "Hogar". Era mucho más común encontrarlo junto como "Mie" escrito con el carácter de "Humildad". Un nombre algo desaparecido en los últimos años, por lo cual sus padres debían ser personas tradicionales. Ella misma daba la impresión de ser formal y recatada por lo que seguramente cumpliría con los estándares impuestos por su nombre.
                En el extremo opuesto se hallaba "Liam", un nombre mucho más común y utilizado durante los últimos años. La escritura más utilizada lo mostraba como "Complaciente" y se consideraba un nombre femenino y coqueto, muy adecuado a la imagen física que aquella joven poseía. Existía aun así una lectura algo menos extendida, relacionada con el mundo de la botánica, donde el carácter de "Liam" se utilizaba para señalar a las plantas que florecían tres veces antes de morir.
                -¡Qué personas de más diversión! – Exclamó Krym. – ¿Lo parecen no lo crees tú así Tae-taeni? – El joven respondió pasándose la mano por el pelo. – Yo me llamo Darla Krym.
                -Taeri Taewari. Encantado. – Continuó su pareja.
                -¡Ala! ¡Tienes las orejas puntiagudas! – Señaló Nieri Eino. – ¿Eres una trelfam?
                -Elfa. – Corrigió Souten.
                -Así es la cosa. Soy una elfa del Protectorado de Sehril. – Respondió la aludida con una amable sonrisa.
                -¡Qué chulo! Es verdad lo que dicen. ¡Tenéis el rostro perfecto!
                -Gracias. – Dijo sobresaltada. – Tu rostro es también bonito en abundancia.
                Al menos parecía que Darla Krym había encontrado una persona empática con la cual tratarse en aquel lugar. Hyuure se había abstraído nuevamente, encontrándose, de forma repentina, a Eino ante él. La estudió confusamente.
                -¿Qué-?
                -¡Tienes un ojo de cada color! – Señaló, físicamente incluso. - ¡Qué súper chulo! ¿Es una lentilla o son tus ojos de verdad?
                -¡P-por supuesto que se trata de mis verdaderos ojos! ¿Quién en su sano juicio llevaría una única lentilla? – Preguntó airado. No le agradaba lo directa que había sido. Ella no se achantó.
                -¿Cuál es tu nombre? – Se percató entonces de que no se había presentado.
                -Hyuureiki Aisamu. – Eino mostró una cansada mueca.
                -¡Es muy largo! – Souten suspiró por el comentario de su amiga.
                -¡No puedo hacerle nada! ¡Ese es mi nombre!
                -Te llamaré Hyu Aisu.
                -No. – Sentenció.
                -Aisu ¿Es verdad eso que dicen de que las personas con un ojo de cada color estáis malditas con mil calamidades?
                -¡Suficiente!
                Antes de que Hyuure pudiese abrir la boca, Mie Souten arrastraba a Eino lejos de él mientras le repetía de forma constante que no debía ser maleducada con las visitas. Desaparecieron por la misma puerta por la cual habían entrado, dejando a Liam Negiru tras ellas. La muchacha reía.
                -¿Habéis desayunado? Si no es así venid a compartir mesa con nosotros. – Afirmó amablemente.
                -Yo no tenía hambre… pero ahora que llega olor de desayuno. – Darla Krym meditaba mirando de soslayo a Taewari.
                -Está bien. Te ha invitado, puedes ir.
                La muchacha saltó con alegría, acompañando rápidamente a Liam Negiru hacia la habitación de la que habían salido. La Encargada esperó hasta que desaparecieron.
                -Supongo que también habéis conocido a Shu'Len.
                -¿Shu'Len? – Repitió Taewari. – ¡Ah! La chica de la puerta.
                -De indudable amabilidad. – Hyuure contuvo sus propias palabras.
                -Sé que habláis de mí. – El objeto de su conversación emergió de otra habitación, camino nuevamente hacia las escaleras. – Siempre me pitan los oídos cuando hablan de mí. Pero me da igual. – Se volvió para sonreírles antes de marcharse, dejándoles en un tenso silencio.
                Hyuure analizó aquel nombre. Shu'Len era una construcción artificial, un pseudónimo, probablemente creado por ella misma para esconder su propio nombre. Estaba compuesto de "Shu" "Dalia" y "Len" "Dorada". Una combinación seguramente elegida por su valor estético.
                -¡Tae-taeni! ¡Mira el salón de comer grande! ¡Es grande! – Escuchaba la voz de Darla Krym desde la puerta. – ¡Es de mi encanto! – La Encargada rió mientras Taewari suspiraba de nuevo.
                -¿Tae-taeni? – Preguntó entretenida.
                -Aun no se ha enterado de que los diminutivos de su idioma aquí no sirven.
                -A mi me parece un creativo nombre de pareja.
                -Bueno… si se quedase solo en la intimidad. – Comentó con resignación.
                Escucharon la clara exclamación de Krym acerca del desayuno que debía haber en el comedor. La Encargada no contuvo una risita. Entonces Taewari metió su mano en el bolsillo de su pantalón y le entregó a la encargada una hoja de papel.
                -Es mi teléfono, por si hiciese falta cualquier cosa.
                -¿Hacer falta? – Preguntó la confusa joven.
                -Sí. Por si hiciese. – Repitió cansadamente. – He intentado convencerla de que… bueno, no tiene que venir a una residencia, que podía venir a vivir a mi apartamento. Pero tengo un amigo viviendo en la otra habitación y ya ella se ha montado la película de que estará en medio y tal. Así que se ha empeñado en una residencia para practicar el idioma. Sé que no lo parece, pero se maneja bastante bien escuchando, entendiendo y tal. Y… con práctica. – Añadió encogiéndose de hombros. – Puedes llegar hasta a entender lo que dice. Aun así… si hubiese algún problema-
                -Tenemos otros alumnos extranjeros. – Antes de que la encargada pudiese terminar la frase Taeri Taewari alzó las manos en una plegaria hacia el techo.
                -Gracias Ancestros, gracias Kenyu. – Miró fijamente a la muchacha. – ¡Sí! Te lo suplico, júntala con ellos y no tiene que haber problema alguno.
                -Permíteme dudar que se pueda juntar con todos. – Masculló ella. Rápidamente recuperó su sonrisa. – Aun así no te preocupes.
                Hyuure analizó aquellas palabras. Junto con el comentario de la joven estrambótica daban a entender que aquel edificio no era tan pacífico como podía parecer a primera vista. Le mostró su impreso de cambio de residencia a la Encargada.
                -Muchas gracias. – Dijo al cogerlo. Sus ojos lo recorrieron con celeridad. – Nada más que decir, solo que bienvenidos a Nuevo Jardín y que os llevaré a las habitaciones.
                -¡Tae-taeni! ¡Ven al salón de comer! ¡Es desayuno es bueno!
                La Encargada rió mientras Taeri Taewari se disculpaba para ir a recoger a Darla Krym a la habitación contigua. Hyuure seguía observando a aquella muchacha, estudiándola en silencio.
                               
[11:15]
                Tras dejar a los recién llegados en sus habitaciones, Aidee entró en la cocina con su botella de agua en el mismo momento en que Airu Kressligh llenaba su taza de té, impregnándolo todo con un fuerte olor a menta. Aunque era agradable terminó tosiendo mientras apartaba el invisible aroma de su rostro. Liam Negiru, quien se dirigía hacia ella, observó su gesto y sonrió con empatía. En uno de los fregaderos Maino Szure, ayudado por su amigo Yoosu Tanra, limpiaba una alta torre de platos, tan exagerada que era imposible que la hubiese producido él. No muy lejos Yuna Haejin colocaba los cubiertos ya secos en un cajón.
                -Negiru. ¿Tienes un momento?
                Al oír su voz la aludida se detuvo. Probablemente iba tras Souten y Eino, con quienes Aidee se había cruzado bajando la escalera.
                -Sí, por supuesto que tengo un momento. ¿Qué necesitas?
                -Solo era para preguntarte, ya que quizá tú hablas un poco más con él. ¿Has visto hoy a Dageste? No me he cruzado con él en toda la mañana. – Durante unos instantes le pareció que Szure la fulminaba con la mirada. Ante ella la muchacha se sorprendió por la pregunta, atrayendo su atención. – ¿Pasa algo?
                -No, nada. Es solo… – Pensó unos segundos antes de responder. – Creo que hoy no se encuentra… bien…
                -¿Ha descubierto lo vacía que es nuestra existencia y ha decidido vivir en aislamiento hasta fallecer? – Kressligh le dio un sorbo a su bebida mientras observaba sus molestos rostros. – Ugne… Únicamente preguntaba.
               -¿Qué quieres decir con que no se encuentra bien? – Prosiguió Aidee ignorando las cortantes respuestas de la Saar.
                -Esta mañana estábamos hablando Mie, Niko y yo, acerca de… acerca de lo que había pasado en El Cruce de Caminos. – Explicó afligida. – Creo que él ha escuchado la conversación… estaba en la puerta y entonces ha dicho que tenía que irse un momento…
                -No lo entiendo… ¿Qué tiene que ver el Cruce con él? Aparte de que lo vio, claro está. – Añadió con un rápido movimiento de mano.
                -Pues… – Liam Negiru finalmente asintió. – Cuando le conocí en la estación de tren estaba esperando que una muchacha le recogiese para llevarle al Cruce de Caminos.
                -No es posible. – Aidee la miraba sorprendida.
                -Por desgracia lo es. Reika Kirabe era el nombre de la chica. Creo que enterarse de que murió le ha destrozado. Supongo que lo pensaba… no había vuelto a oír nada de ella, pero también creo que en el fondo él esperaba que hubiese otra explicación.
                La cocina permaneció en silencio. El fluir del agua que limpiaba los platos se había detenido, Szure y Tanra les miraban. Sorprendida, Haejin permanecía con una mano apoyada en el abierto cajón mientras otra sujetaba varios cubiertos. La única que conservaba su más que clásica inexpresividad era Kressligh, quien estudiaba sus rostros como si tratase de grabar su incomodidad en su mente para posteriores reposiciones.
                -¿Debería hablar con él? – Preguntó Negiru para romper el silencio. Aidee negó.
                -Mejor dejarle descansar. Supongo que mañana se encontrará mejor.
                -Pero… no ha desayunado. – Añadió la última parte como un susurro.
                -¿Y te preocupa? – Preguntó Szure. Su tono resultó brusco.
                -Claro que me preocupa.
                El joven torció la boca, más aun al escuchar la suave, aunque repetitiva y fingida, risa de Kressligh. Los intentos de Tanra para apaciguarle parecían no funcionar.
                -Me preocuparía así de él y de cualquier otra persona. No puede no comer.
                -¡Deja de reír! – Exigió volviéndose a la Saar. Esta se llevó una mano al rostro.
                -Qué forma más cruel y deplorable de comportarse. – Se volvió para mirar a Negiru. – Dageste y tú parecéis, Ee… ¿Cómo decirlo para intensificar el impacto en esta modesta sociedad? Muy cercanos. – La aludida retrocedió sobresaltada por aquellas palabras.
                -¿Qué intentas decir?
                -Creo que no puedo expresarlo con mayor claridad. ¿Nu?
                -¿Qué intentas con esa pregunta? ¿Humillarla? – Inquirió Haejin.
                -Extraña sociedad en la cual las relaciones personales son humillantes. Únicamente me preguntaba por la preocupación que Negiru siente. Çese-on'çe.
                -Lo he dicho. Me preocupo por Dageste como me preocuparía por cualquier otra persona en su situación. Sería cruel no hacerlo.
                -Cruel. – Rió falsamente. – Tu opinión de mi debe ser hasta divertida de oír.
                -Si crees que como das pie a que todo el mundo piense mal de ti yo voy a hacer lo mismo, lamento decirte que te vas a llevar un sano disgusto. – Negiru si sonrió con sinceridad.
                -Y me he aburrido. – Afirmó volviendo a su bebida.
                A Aidee le faltó darle las gracias por finalmente desentenderse de una conversación en la que no tenía razón para participar.
                -Eso era todo. Siento haberte retenido. – Afirmó ligeramente enfadada.
                De conocer las distintas reacciones hubiese hablado con ella a solas. Una cosa estaba clara, Maino Szure estaba celoso de Edín Dageste, el sabría porque, aunque Aidee lo intuía, y Airu Kressligh parecía estar aprovechando las circunstancias para montar su propia telenovela en vivo.
                -No te preocupes.
                Mostrando una última sonrisa se marchó de la cocina. Decididamente, Liam Negiru tenía la capacidad de sonreír y mantenerse alegre contra viento y marea. Cualquier otra persona hubiese explotado contra Kressligh por aquella afirmación y sin embargo había encajado su comentario con simpatía, algo que parecía alejar a la Saar como repelente.
                De nuevo con su vacía botella de agua entre las manos, Aidee se encaminó al fregadero. Szure y Tanra casi habían terminado los platos, Kressligh se mantenía en apacible silencio. Yuna Haejin se encaró con Aidee cuando la muchacha se acercó al grifo del otro fregadero.
                -Parece que hoy ha realizado sus tareas. – Anunció firmemente.
                Necesitó unos segundos para entender sus palabras. No había platos sucios por la cocina, exceptuando los que Szure y Tanra fregaban, por lo que parecía que Kiraibeki debía haber abandonado sus cochinas tendencias.
                -Un problema menos.
                -Así es. ¿Has hablado con él? – Tras colocar el último cubierto cerró el cajón usando su vendada mano.
                -¿Yo? – Se señaló confusa. – No… no he hablado con él…
                -Extraño. Shu'Len dice que tampoco ha hablado con-
                Haejin se detuvo a mitad de su frase mientras estudiaba de nuevo sus alrededores. Su poderosa mirada se encontró con el indiferente gesto de Kressligh, quien tomaba sorbitos de su bebida sin prestarles demasiada atención, y se detuvo en la figura de Maino Szure. Sus pasos la situaron junto a los dos muchachos, concretamente junto al ahora huraño Szure.
                -¿Qué-? – Preguntó asustado al descubrirla a escasa distancia de él.
                -¿Has ensuciado tú todos estos platos? – Preguntó.
                Se extrañó de que no mencionase a Tanra en absoluto pese a que el joven también la contemplaba, pero su extrañeza duró solo durante unos segundos. El rostro de Haejin había adquirido un matiz oscuro y agresivo que dejó a Szure en un silencio aun más profundo y comenzó a preocupar a Aidee.
                -¿Son tuyos? – Insistió mientras cogía el último plato de la torre y se lo mostraba.
                -P-pues… exactamente…
                -Exactamente.
                Haejin se encontraba en ese punto que, de ser posible, emanaría ondas de ira a través de la habitación, consiguiendo que todo a su paso reventase.
                -Exactamente… ¿Qué? – Szure tragó saliva con dificultad.
                -Son nuestros. – Afirmó Tanra con absoluta entereza. Haejin le observó ahora a él.
                -¿Todos?
                -H-hemos desayunado ma-más de lo habitual.
                -No me creo la historia, Tanra. No estás logrando lo que buscas. – Volvió a fulminar a Szure. – ¿Sería una posibilidad que Kiraibeki te hubiera dado los platos de su desayuno que obligarte a fregarlos?
                -¡¿O-obligar?! ¡Q-qué va! – Balbuceó.
                Con un gruñido Yuna Haejin reventó el plato que tenía entre las manos, lanzando pequeños trozos de cerámica blanca por toda la cocina. Maino Szure retrocedió, chocando contra Tanra mientras apuntaba a la terrorífica muchacha con sus manos cubiertas de espuma. Kressligh observaba la escena con su característica inexpresividad, aunque había un brillo malicioso en sus ojos, como si nuevamente le interesase lo que ocurría ante ella.  Por su parte, Aidee suspiró pensando en el plato roto. Si Yuna Haejin seguía así se quedarían sin vajilla.
                La silenciosa muchacha se volvió al cubo de basura y arrojó a su interior los rotos pedazos del plato. Entonces cogió el cepillo apoyado en una esquina de la habitación y se acercó de nuevo a los restos esparcidos por el suelo.
                -Mis disculpas. – Afirmó mientras comenzaba a barrer.
                Aidee esquivó el estropicio para acercarse a Maino Szure. Le sombraba su propia capacidad para considerar que una persona reventando un plato entre sus manos no era un hecho suficientemente destacable como para sentirse perpleja ante ello, al contrario que cualquier otra persona que observase a Yuna Haejin enfadada.
                -Szure. ¿Ha ocurrido eso?
                -¡No! ¡Para nada! – Negó, confuso por la actitud de Haejin. No se había movido un solo centímetro.
                -Ha ocurrido así. – Sentenció Tanra.
Su amigo se volvió lentamente para fulminarle y luego miró al frente con una sonrisa. Aidee suspiró llevándose las manos a la cintura.
                -No puedes permitir que Kiraibeki te utilice de esa forma.
                -No me usa de ninguna forma.
                -¿Entonces qué haces fregando sus platos?
                -Los ha dejado ahí… – Miró en otra dirección. Estaba claro que, por orgullo, no quería admitir la verdad.
                -Seguro que sin darse cuenta. – Airu Kressligh les miraba. – Es un bruto tan despistado y tú un idiota tan irremediable. Sin duda deberíais casaros. – Szure la fulminó.
                -¡Metete en tus asuntos!
                -Esto es mucho más divertido que mis asuntos. – Afirmó inexpresivamente antes de darle otro sorbo a su bebida.
                -Que sufrimiento. – Aidee resopló cansada. – Szure. Esto no puede seguir así. Kiraibeki no tiene derecho a tratarte de este modo.
                -No me trata de ningún modo. – Dijo volviendo al fregadero.
-Ese… hombre. – Aidee se percató demasiado tarde de cómo Haejin temblaba. Con aprensión observó el palo metálico del cepillo.
                -Haejin. – La llamó.
                -Ese despreciable e indigno cerdo. No posee vergüenza alguna. Sirviéndose de los demás como un miserable parásito. – Les miró. Su rostro era una máscara de ira. – Szure… ¿Dónde está tu honor?
                -¿Q-qué? – Fue lo único que el joven pudo responder.
-¡¿Dónde está tu honor?! – Rugió con tal potencia que podría haberle tirado al suelo. – ¡¿Bajo qué clase de cobardía te escondes?!
                Maino Szure permaneció lívido, estático, inmóvil, en silencio. Solo sus ojos se movían en breves e imprecisos vaivenes, centrados por completo en Yuna Haejin. La joven respiraba con fuerza. Debía haber descargado toda la ira que tenía acumulada con Kiraibeki y ahora las tensas facciones de su rostro daban a entender que se arrepentía. Desgraciadamente demasiado tarde.
                Yoosu Tanra trató de acercarse a su amigo y romper el contacto visual con Haejin. No hizo falta, Szure se volvió al fregadero sin decir una sola palabra y continuó su tarea.
                -¿Feliz? – Preguntó Kressligh. La corpulenta muchacha la fulminó.
                -No he dicho mis palabras con maldad… solo con… ira. – Se lamentó. – Szure…
                -Ee. ¿Por qué no llevas a cabo una tarea para la que estas perfectamente preparada, Haejin? El silencio. Absoluto. Desde ahora. – La aludida se preparó para responder, recibiendo el rápido siseo de la Saar. – No era una petición. Era una exigencia. Barre tus barbáricos actos y prosigue con tu limitada existencia más allá de esta habitación donde ya has hablado por encima de lo necesario.
                Pese a que estaba tentada nuevamente a responder, las palabras de Kressligh ocultaban una verdad innegable, había hablado más de lo necesario. Estaba claro que Yuna Haejin deseaba disculparse, pero no era el momento. Recogió lo que quedaba de los restos rotos y dejó el cepillo contra la esquina donde lo había encontrado.
                -¿Vamos? – Preguntó Aidee animadamente.
                No era mucho, pero por lo menos rebajaba el efecto negativo de las exigencias y ultimatos de Kressligh. Haejin asintió y dejaron la cocina tras ellas. No habían dado un paso fuera de la habitación cuando el timbre de la puerta inundó la entrada de la residencia. Se detuvo y le dedicó un cansado gesto a su acompañante. La joven asintió, prosiguiendo su camino, mientras ella volvía hacia la puerta.
                Obviamente debía ser un nuevo residente. Ese simple pensamiento llevó a un sinfín de posibilidades que recorrieron su mente. Desde las más raras hasta las aun más raras. Y visto lo visto hasta aquel momento, sería de las muy, muy raras.
                Se arregló la ropa y entonces su mano cogió el tirador. Al otro lado no había nadie. Miró en todas direcciones antes de encontrarse a un muchacho de corto cabello teñido de azul oscuro y algún que otro mechón blanco, vestido con un abrigo negro. Aunque no lo creía en un primer momento, confirmó lo que sospechaba, estaba haciendo un muñeco de nieve.
                -Esto… ¿Hola? – Saludó desde la puerta. El joven levantó la vista, ajustándose unas gafas cuadradas.
                -¡Buenas! ¿Tenéis zanahorias? – Señalaba al muñeco.
                Aidee se dispuso a cerrar la puerta cuando descubrió equipaje colocado en el último escalón. Deseaba pasarse la mano por el rostro, aunque se contuvo para que no resultase tan evidente. Mentalmente realizó el gesto.
                -No. No hay zanahorias para muñecos de nieve.
                -¡Venga! – Protestó. – Una nariz para un pobre muñeco desfallecido. ¿Qué le cuesta? Caridad invernal. Sea buena hermosa señorita.
                En amplias zancadas recorrió la distancia que le separaba de Aidee. La estudió de arriba abajo antes de arrodillarse y coger su mano.
                -Lo lamento tanto. ¿He dicho hermosa señorita? Deseaba decir perfecta diosa de la más absoluta belleza.
                Tenía unos ojos color nuez que desprendían astucia y picaresca. Aunque al mismo tiempo daba la sensación de ser una persona extremadamente relajada, de esas que simplemente se dejan llevar por la vida y hacen lo primero que se les pasa por la cabeza sin pensar en las consecuencias. Lamentó que Eino no estuviese allí, ahora tendrían a dos personas haciendo muñecos y pidiendo zanahorias. Le miró fijamente y luego contempló el muñeco de nieve.
                -Te daré una zanahoria. – Dijo cansada.
                -Si es necesario me ofrezco para cualquier tipo de trabajo y servicio que pudiese pagar una zanahoria. Por ejemplo, invitarte a cenar, llevarte al cine-
                -No abusar de tu suerte. – Añadió sonriendo como si se tratase de otra posibilidad más en aquella lista.
                -No abusar de mi suerte. – Repitió él con una risita.
                Volvió a la cocina. Seguía habitada por las personas que había dejado allí y sumida en un penetrante silencio. Probablemente ninguno de aquellos residentes deseaba, o se encontraba en condiciones de, conocer al recién llegado. De nuevo lamentó la ausencia de Eino, ahora se encontraría dando alegres saltos y disparando comprometidas preguntas. Volvió a la entrada con una zanahoria que su nuevo inquilino recogió como si le estuviesen entregando un título de caballero. Una vez en sus manos se la colocó al muñeco en la nariz, volviendo entonces ante ella.
-Decidme diosa de la belleza. ¿Es esto es Nuevo Jardín? – Preguntó tras saludar moviendo los dedos índice y corazón desde su frente.
-Sí, es Nuevo Jardín, oh insignificante mortal. – Respondió aburrida.
-No es por ofender a tan poderosa, hermosa y perfecta deidad, pero os encontráis un poco… como en el culo del mundo ¿No?
-Nosotros preferimos pensar que estamos rodeados de agradable naturaleza, oh inapreciable y efímero humano.  
El joven rió con amplias y sinceras carcajadas, había dejado su maleta en la entrada. Se volvió a la encargada con un papel en las manos.
-Jyogen Hetsu. – Se presentó.
-Aidee Hyome, Encargada.
-Me han trasladado del Cruce de Caminos. Aunque… no tengo ni idea de la razón…
-Ha ocurrido un desafortunado incidente.
-¿Incidente? ¿La chica de las noticias? – Permaneció pensativo. – Pensaba que era una nueva leyenda urbana de la red… no le hice ni caso cuando lo leí.
-No es una nueva leyenda urbana, por desgracia. – Cerró la puerta, percatándose de que su interlocutor la observaba ahora fijamente. – ¡Aparta tu mirada, oh ínfimo ser! – Rió de nuevo.
-Es imposible no mirar a una diosa de la belleza. Especialmente cuando se visten atractivas. – Le guiñó un ojo. Aidee observó su ropa. No llevaba nada fuera de lo habitual en su vestimenta.
-¿Siempre… eres así de directo?
-No tengo demasiados pelos en la lengua, si eso es lo que preguntas.

-Bueno… agradezcamos tu humana sinceridad. Al menos no miras y luego intentas parecer digno. – El joven liberó una risita. – Sígueme, te llevaré a tu habitación.

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