viernes, 21 de febrero de 2014

4 - 15/01/41 (Parte 2)

[17:25]
                Airu Kressligh emergió de su habitación. El pasillo estaba gratamente vacío, aunque allí se escuchaban aun más las voces. Probablemente los atrofiados pabellones auditivos de un humano no lo encontraban frustrante, pero tener al lado a sus nuevas compañeras de residencia debía ser considerado una innovadora forma de tortura. Aquella voz subía y bajaba, repentinamente chillaba alguna afirmación aleatoria o reía estruendosamente. A su lado, la porcina risa de Maino Szure le parecía perfecta como música en su despertador. Por desgracia parecía que estaban tomando la costumbre de reunirse en una de las cercanas habitaciones. En aquel momento, y pese a encontrarse frente a la habitación de Airu, escuchaba aquella voz como si taladrase pared con pared. Tras media hora sin descanso se había vuelto insoportable. En aquel momento, inmóvil en el pasillo, podía imaginarlas, calculaba que eran tres personas, una de ellas Negiru, en el interior de la habitación, riendo, divirtiéndose. Entonces la ventana se cerraba y comenzaban a asfixiarse. La nueva risotada dejó claro que eso, desgraciadamente, no ocurría más allá de su mente.
                Como siempre decía Rovole Endyon, su detective de ficción favorito, tenía que “poner sus neuronas en funcionamiento” y buscar prados más verdes en los cuales asentarse hasta que la amigable reunión concluyese.
                Una grata idea llegó a su mente, obra y gracia de sus neuronas en funcionamiento. Airu sonrió con satisfacción. El salón estaría vacío en aquel momento. El bruto de Kiraibeki llegaba más tarde para ver sus estúpidos programas, arrastrando con él a Szure y Tanra. Mientras, todo estaría despejado y tendría horas de descanso ininterrumpido antes de que alguien apareciese para molestar. Era un plan perfecto.
                Escapando de las histéricas y alocadas risas, probablemente el cerebro de su portador se estaba cociendo en su propia ignorancia, dando lugar a la euforia previa a un caso grave de demencia, fue hacia el rellano y descendió al piso de los chicos. De nuevo, todo estaba gratamente vacío de cualquiera que pudiera desear alguna forma de interacción social, por lo que sus pasos la dejaron ante el pasillo que llevaba hacia la entrada principal de la residencia. Sus ojos se centraron en la puerta del salón. Si recordaba bien, y ella siempre recordaba bien, existían en esa habitación estanterías cuyos contenidos no había explorado a fondo. Cabía la posibilidad de encontrar algún libro interesante en su interior. Ya tenía pues un entretenimiento para descansar hasta que la amigable reunión concluyese, rebuscar en aquellas estanterías para encontrar algo interesante que leer y sentarse plácidamente a leerlo.
                La estancia seguía tal y como la recordaba. El primer día se había acomodado en uno de los sofás para explicarle al Prefecto de la residencia lo que sabía del incidente del Cruce de Caminos. Su imagen le vino fugazmente a la memoria. Por un momento se preguntó dónde estaría, ya que hacía al menos un día que no le había visto. Por muy grande que aquel edificio fuese, nadie podía esconderse eternamente. Sus pensamientos se detuvieron al fijarse en una de las estanterías que pensaba explorar. Allí había una corpulenta figura observando los libros. No cabía duda alguna de que era un dozmor, y no era el primero que veía. En Bahía Tyrene no eran lo más común, pero los había trabajando, principalmente en el puerto. Le gustaban los dozmor. Eran seres de vida sencilla, principios honrados y con un gran sentido del honor. Siempre se le había dicho eso y hasta la fecha ni uno solo de los seres de aquella raza que se habían cruzado en su camino incumplían esa imagen. Por ello los respetaba y consideraba dignos de conversación, al contrario que los humanos, quienes siempre estaban parloteando pero al final el día se traicionaban a la primera de cambio.
                El dozmor que estaba ante ella no era tan corpulento como muchos de los que conocía, ni tenía unos cuernos tan marcados o unos brazos tan inmensos. Igualmente triplicaría la altura de Airu sin dudarlo un solo segundo. Estaba vestido con remendada tela vaquera que le daba un desafortunado aire de miseria, aunque solo sería la consecuencia de su tamaño y la incapacidad de encontrar ropa que lo pudiesen tapar en su totalidad. Levantó un ceniciento brazo, tatuado con lo que a priori parecía un abstracto dibujo negro, pero claramente eran algún tipo de símbolos, y sus dedos se movieron por las cubiertas de los libros. Airu se acercó tranquilamente a él.
                -Daarlam. – Saludó en su lengua.
                El dozmor se volvió intrigado, estudiando la saar que había ante él. Era una de las cosas que le gustaba de aquella raza. No la miraba juzgándola por su altura o vestimenta, la miraba con tranquilidad aunque intrigado por su inteligencia. Airu observó la formación ósea que tapaba parte de su rostro y formaba sus cuernos, no era tan basta como la de muchos dozmor con los que se había topado.
                -Daarlam. – Respondió él con una profunda voz gutural.
                -Ilith Airu naarmen. – Dijo recordando lo poco que sabía de lengua dozrita.
                -Ileth Evaaran naarmen.
El dozmor llamado Evaaran la miraba a través de sus hipnóticos ojos, casi dos estrellas plateadas, con interés y asombro ante su sabiduría.
                -Ilith krurth. – Dijo ella para dar a entender que le agradaba conocerle.
El dozmor llamado Evaaran inclinó la cabeza en deferencia a su actitud. Ella imitó su elegante gesto. Su gigantesca figura se volvió a la estantería para seguir estudiando los libros. Tras estudiarle durante unos segundos más, Airu también se encaró con una de las estanterías, comenzando a estudiar sus contenidos.

[18:10]
                -¡Has traído un montón de fotos!
Niko sacaba y contemplaba entretenida las fotos de la caja que Liam le había dado. Luego se las pasaba a la muchacha quien las adhería a la pared con una masilla pegajosa, creando un mosaico encima del cabecero de su cama.
-Simplemente no podía dejarlas en casa. Mira, tengo una de la escuela media. – Comentó buscando por la caja. – ¡Aquí está!
Era una fotografía en la cual un grupo de chicos y chicas vestidos con un uniforme marrón posaban en ordenadas filas. Aunque Niko sonreía por el recuerdo la volvió a esconder entre las demás fotos. Sin percatarse Liam cogió la primera foto del montón y la colocó cerca de algunas otras en las que salía con su familia. Estaba adecentando su habitación con todo tipo de adornos, recuerdos y pequeños detalles. Mie miraba una foto que había sobre una mesita, era Liam con sus dos hermanos, un joven mayor y una niña pequeña.
-Qué envidia. – Suspiró. Liam la observaba sin entender. – Me gustaría que mi habitación estuviese así de hogareña. Aun tengo que pasar por algunas tiendas para comprar cosas…
-Bueno… yo ya lo traía todo preparado. – Rió. – Así que contaba con algo de ventaja. No es mi primera vez viviendo fuera de casa, pero ya he aprendido que lo mejor es ir acompañada por una caja de recuerdos. – Liam tomó aire. – Así que para no sentir añoranza espero dejar todo esto lo más parecido a mi habitación. – Después de considerar que su mosaico de fotos estaba completo se dejó caer en la cama, sentándose junto a Niko con una gran sonrisa. – No es que tenga queja, en realidad esta habitación es fabulosa. Solo le falta una ducha, cosa que no entiendo ya que el aseo tiene un plato de ducha, pero sin grifería.
-La encargada Aidee dijo que la residencia había estado en obras. – Explicó Niko. – Puede que aun les quede por arreglar…
-No pasa nada, al menos tenemos duchas solo para las chicas. Y la habitación me está gustando, me siento casi como en casa. Pronto se me pasarán las ganas de volver.
-Espero que lo que ha pasado en el Cruce de Caminos no haya sido para peor… – Mie la miraba afligida. La aludida respondió moviendo la mano para quitarle importancia.
-No os he preguntado pero… – Liam observó dubitativa a sus dos compañeras. – ¿La… la conocíais?
-No. – Mie negó al ritmo de la respuesta de Niko. – Hablamos con ella un par de veces, cuando llegamos y eso…
-Estaba actuando como la Encargada en funciones. El joven que tenía ese cargo estaba enfermo creo recordar.
-Nos saludó, no indicó donde estaban las habitaciones y nos pidió perdón por la desorganización de la residencia. – Explicó Niko rápidamente. – Aunque no entiendo por qué… el Cruce no estaba tan mal…
-Bueno, dejémoslo ahí. – Mie le dedicó una mirada incrédula a su amiga.
-¿Por qué? – Su amiga la observaba sin entender.
-No habéis cambiado en nada. – Liam reía plácidamente.
-¿Qué quieres decir? – Preguntó Niko mirándola a ella.
-Que sois tal cual os recordaba de la escuela media. – Comenzó sonriente. – En realidad os vi en la escalera pensé que no os acordaríais de mi, con todos los años que han pasado, pero decidí probar suerte. Me alegraba muchísimo encontrar caras conocidas.
-¿Pensabas que no nos acordaríamos? – Liam negó.
-Son casi tres años, ¿No? – Comentó pensativa. – Además dejé de ver a todos.
-¿Por el equipo de natación? – Preguntó Mie.
-Sí. Después de los resultados de la escuela media mis padres me mandaron al instituto deportivo Natseruki Ge-Jo.
-¿Natseruki Ge-Jo? Es un instituto prestigioso de la capital imperial… – El añadido de Mie iba para Niko, quien mostraba su ya conocido rostro de incomprensión.
-Lo sé… y se lo agradezco… Pero me separaron de mis amigos. Fue muy… solitario. – Explicó afligida. – Aparte Ge-Jo es un lugar muy… competitivo. Allí no podías hacer amigos ni llevarte bien con nadie, te entrenaban para ser rival de todo el mundo. – Liam hizo desaparecer su rostro triste, sustituyéndolo por una sonrisa. – Pero ya da igual, ahora estoy aquí y estamos otra vez juntas. – La muchacha dejó una tranquila pausa. – ¿Sabéis? No he podido poner un pie en Keisobe. ¿Sigue todo en pie?
-El máximo cambio es que han asfaltado las calles.
-¿En condiciones? – Preguntó divertida.
-No, por desgracia no.
-¡Si vas en bicicleta sigues botando como una pelota! – Afirmó Niko alegremente. Liam sonreía.
-Entonces los señores mayores estarán entretenidos veinticuatro horas y seguro que el viejo señor Oka se ha vuelto hasta simpático.
-Únicamente cuando quien va en bicicleta es la hija de los señores Shije. – Añadió Mie. Liam ya definitivamente comenzó a reír. – Por cierto… no deberíamos comentar en voz alta lo de Keisobe.
-Lo sé, he tenido que aprenderlo de malas maneras. Me han mirado mal más de una y más de de dos veces por ser de la “tierra subdesarrollada”. – Explicó recostándose ligeramente y con un punzante tono de resentimiento.
-La gente es muy rara. No quieren al Protectorado, pero te miran mal si vives como nuestros ancestros. – Añadió Niko, se creó un suave silencio entre ellas.
-Se os ve muy tranquilas. ¿Vosotras no sentís añoranza? – Preguntó al poco rato. Los amplios y negativos movimientos de cabeza de Niko la inquietaron al levantarse. – ¿Nada…?
-Bueno… no es la primera vez que vivimos en Yakeru. – Explicó Mie. – Tuvimos que venir para el instituto superior.
-Cierto. No había caído.
-Y luego vinimos para las preparatorias de las carreras.
-¿Preparatorias de las carreras? – La joven observaba asombrada. Repentinamente recordó. – Medicina. – Señaló a Mie. – Y tú seguirás con los exámenes del conservatorio ¿No?
-¡Qué va! – Respondió Niko. – Ya los pasé hace medio año. Bueno… solo el intermedio de violín. Aun tengo que registrar el intermedio de piano… pero no tendré problema.
-No has mencionado el examen de sitar Oo-sugi. ¿No? – Niko le dedicó a su amiga una mirada punzante y cargada de odio.
-Antes me corto los dedos de las manos que pasarme el resto de la vida tocando un Oo-sugi para ancianos amantes de los "viejos tiempos". – Rugió mirando como Mie se encogía de hombros.
-Veo que sigues dando tanto miedo como en las clases de música de la escuela. – Comentó Liam. – ¿Y eso es lo que vais a estudiar en la universidad? ¿Medicina y música?
-No. ¡Yo voy a estudiar interpretación y arte dramático!
-¿Y ese cambio? ¿Es igual que el del pelo? – Liam reía dulcemente.
-Es hora de hacer algo más que el conservatorio. Creo que quince años de música son suficientes ¿No?
-Bueno… yo llevo más o menos los mismos en el equipo de natación y voy a continuar con lo mismo.
-¿Estás ya en el equipo? – Preguntó Mie.
-Así es. Me presenté a las pruebas a finales del año pasado. Pasé sin problema, aunque no me extraña, la mayor parte de la gente de la universidad viene de equipos normales, no de Ge-Jo. Afortunados ellos. Tuvo hasta gracia, recién salida de Fouhe-Ji me hacen volver para los campeonatos de presentación.
-¿Campeonatos de presentación? – Preguntó Niko, Liam asintió.
-Cuando encuentran nuevas promesas del deporte las llevan junto a otros “ilustres” miembros del equipo a Fouhe-Ji para que participen en torneos de demostración. De hecho, gracias a eso los equipos deportivos empezamos la universidad más tarde, ya que aun hay gente allí.
-¿Nuevas promesas? – Repitió su amiga.
-Ni lo menciones Niko, yo no me considero una "nueva promesa" parece que he aparecido para salvar a la humanidad con mis habilidades de natación. ¡Observa mi estilo mariposa de la salvación definitiva! – Las tres chicas rieron. – Aunque antes de que empiece la universidad, el equipo de natación también tiene un torneo.
-¿Es que los equipos deportivos no descansan? – Niko suspiraba hastiada.
-Ya descansas tú por ellos, no te preocupes. – Respondió Mie.
-¡Qué alivio! ¡OYE! – Dijo a los pocos segundos. Liam volvía a reír.
-Es un pequeño torneo preparatorio para los entrenamientos. Cosas del equipo. – Explicó la muchacha. – En realidad no me preocupo demasiado por ello. – Mie analizó aquella información.
-Porque no tendrás problema ¿Verdad?
-No quiero resultar arrogante, pero sí, no creo que tenga problema. – Liam reía de nuevo, su alegría inundando la habitación.
                Cuando cerró la caja de fotos, dando por finalizados los arreglos de su habitación, el infinito estómago de Niko comenzó a resonar. Mie supuso que era hora de una merienda y decidieron bajar a la cocina. Nada más llegar al rellano de los chicos comenzaron a escuchar enormes risotadas que provenían del pasillo y que hicieron que las tres muchachas se quedaran unos segundos mirando al vacio.
-Y luego te atreves a decirme que yo me rio muy alto. – Le increpó Niko a su amiga.
-Y te ríes muy alto. – Mie suspiraba.
-¡Eso no es verdad! – Liam reía por la cómica respuesta.
-¿Quien se ríe es una persona? Parece un cerdito alegre.
-Prefiero no saberlo. – Suspiró Mie.
Siguieron descendiendo para alcanzar el pasillo de entrada, tras ellas aun resonaban las porcinas risas. Mie y Liam entraron en la cocina, percatándose en aquel momento de que Niko no las seguía, se había detenido en la puerta mirando hacia el pasillo. Se acercaron para comprobar que espiaba a través de la puerta del salón. En el interior había una figura que, sentada sola, leía en silencio. Una muchacha extranjera de orejas puntiagudas. Mie carraspeó firmemente.
-No hagas lo que estas pensando. – Niko asintió al mismo tiempo que avanzaba hacia el salón. Su amiga la detuvo a centímetros de la puerta. – ¿Qué haces?
-¿Socializar? – Respondió como si fuera evidente. Su amiga negó con la cabeza.
-Sabes a lo que me refiero. Me lo prometiste…
-¿Te lo prometió? – Preguntó Liam.
-Le prometí que no estaría en el centro de la sociedad de la residencia, no que no fuese a hablar con nadie. – Mie abrió la boca de par en par.
-Que bien te acuerdas de lo que quieres cuando quieres…
Sin mediar más palabra y asumiendo el beneplácito de su amiga se dirigió al interior del salón caminando alegremente.
-¿Y a que se debe…? – Comenzó Liam. Su acompañante suspiró al seguir a Niko.
-Siempre hace lo mismo, yo solo quiero una estancia universitaria normal, no estar en el centro de todo lo que ocurra.
-Bueno, por saludar a esa chica tampoco va a pasar nada. ¿No?
Se detuvieron confusas al comprobar que Niko había dejado de moverse. Resultaba que la solitaria muchacha del salón no era tan solitaria como en un primer momento parecía mostrar, ya que estaba acompañada por un alumno al que no habían visto hasta ese momento. Era un joven muy alto, muy corpulento y para nada humano. Su rostro estaba cubierto por lo que parecía hueso que sobresalía por encima de su piel color ceniza. Iba cubierto con amplia ropa de remendada tela vaquera que parecía adaptada para ajustarse a sus dimensiones, incluso a la extraña forma que adoptaban sus piernas. Las tres muchachas le observaron mientras pasaba una afilada uña por los libros de las estanterías.
                -Un… ¿Estudiante? – Preguntó Liam sin salir de su asombro. – No le había visto hasta ahora.
                -Parece… un estudiante. Aunque… no es demasiado humano…
                -Pero es muy exótico y atractivo. – Respondió Niko con entusiasmo.
Sus dos amigas se mantuvieron en silencio hasta mirarse entre ellas y encogerse de hombros. Nuevamente, Niko avanzó sin temor alguno hacia los sofás. 
-Hola – Dijo con dulzura al sentarse.
El ser que estudiaba las estanterías se volvió para mirarlas, respondiendo con un educado asentimiento. Por su parte la joven de las orejas puntiagudas levantó la cabeza del libro. Estaba sentada con las piernas recogidas encima del sofá. Ataviada con una camisa de seda negra cuyos bordes recordaban a una estilizada telaraña y unos pantalones azul oscuro. Su lacio pelo negro caía sobre su cara tapándole la mitad de sus pequeñas gafas de cristales cuadrados, dirigió su inexpresiva mirada a la recién llegada por encima estas.
-Muy buen día. – Respondió tranquila.
-¿Estáis aquí solos? – Preguntó Niko.
Su alegre amiga se acomodó junto a su interlocutora en el sofá, su repentino movimiento molestado a la muchacha de las orejas puntiagudas. Liam se acomodó junto a ella mientras Mie, suspirando, se sentaba en el cercano sofá.
-¡Pobre criatura! – Comenzó la joven de las orejas puntiagudas. – Eres un triste ser que ha perdido el regalo de la visión. – Respondió mientras se quitaba las gafas.
Tras unos segundos de incertidumbre Mie y Liam se miraron tratando de aceptar como real la respuesta que acababan de oír. Por su parte Niko se limitaba a asentir divertidamente.
-Para ser extranjera hablas muy bien.
-Te lo agradezco. Tú para ser una rantesi posees muy poca capacidad de comprensión. ¿Nu? – Afirmó. – Creo que existe una frase en vuestro idioma. Ee… ¿Cómo era? "No sabe leer el ambiente" ¿Puede ser? – Niko volvía a asentir.
-Sí, lo decimos así.
Liam no daba crédito. Su mirada se centró en Mie, quien se limitó a encogerse de hombros, atendiendo nuevamente a la conversación. Estaba acostumbrada a que Niko existiese en su universo particular donde ella era la totalidad de la población, aunque también sabía que no era tan ignorante como hacía creer a los demás. Ya había habido más de una vez en la que había fluido con una conversación para mostrar, en el último momento, que simplemente estaba tolerando el comportamiento de su interlocutor.
-Esta chica es muy simpática. Me va a caer bien.
Se lo explicó a sus compañeras como si la chica de las orejas puntiagudas no estuviera ante ellas ni pudiera oírlas. Ella en concreto estaba observando a Niko sin variar su expresión lo más mínimo.
-Me vas a caer bien. – Afirmó luego con una sonrisa contemplando a su interlocutora. – Me llamo Nieriko Eino pero todos me llaman Niko, esta son mis amigas Mie Souten y Liam Negiru.
La joven de las orejas puntiagudas la estudió durante unos segundos antes de volverse al ser junto a las estanterías, con quien intercambió una larga mirada. Al final volvió a encararse con ellas utilizando aquel rostro inexpresivo. Niko esperaba alegremente.
-Ee. Utilizaré otro enfoque. Estoy leyendo un libro. – Comenzó señalando al libro que tenía entre sus manos. – Debido a ello no busco entablar ninguna forma de conversación contigo o, en su defecto, tus acompañantes.
-Y por eso me insultas utilizando palabras grandilocuentes. Pese a lo cual, sigo aquí parada tratando de hablar contigo un par de palabras.
Liam se sorprendieron por aquella sonriente respuesta. Mie simplemente puso los ojos en blanco, como cada vez que Niko era maleducada con alguien.
-Çese-on'çe? ¡Estoy sorprendida! – Su tono sarcástico no pasó desapercibido.
-¡Gracias! – Niko sonreía.
-No se trataba de un cumplido. – Sentenció la muchacha de las orejas puntiagudas.
-Lo sé. – Seguía sonriendo.
-¡De nuevo me sorprendes!
-¡Gracias! – No había dejado de sonreír.
-Te he dicho que no era un cumplido.
-¡Lo sé! – Aun sonreía.
Su interlocutora liberó un cansado gemido mientras se llevaba una mano a la frente. Mie conocía ese gesto tan bien, como que era el mismo que ella utilizaba cuando Niko la superaba.
-¿Qué he de hacer para que te marches de aquí? Eternamente a ser posible.
-¿Presentarte? Sería un buen comienzo.
-¿Siempre eres así de simple?
-Casi siempre. – En respuesta, la joven de las orejas puntiagudas cerró el libro.
-Mi nombre, recuérdalo, es Airu Kressligh.
-¿Ariu Kreislin? – Repitió dubitativa. Su interlocutora contuvo un tic en el ojo.
-Airu Kressligh inculta descerebrada.
-Lo que he dicho. – Afirmó alegre. – ¿Y él como se llama?
-Al contrario que tú yo no tengo la necesidad de ir presentando a terceras personas. Si ellos quieren dar sus nombres depende de sus voluntades.
-Resumiendo… no te sabes su nombre.
Airu Kressligh contuvo otro tic antes de observarlas fijamente. Mientras Liam y Mie eran abofeteadas por la amenazante aura que la joven había comenzado a emitir, Niko se mantuvo sonriendo.
-¿Te pasa algo? – Preguntó tranquila. Airu detuvo su mirada.
-Eres demasiado simple como para darte cuenta. Tienes hasta gracia. Podría decir que eres una ironía cómica. Ee… ya puedes irte. ¿Nu? Puedes retirarte de mi presencia. Aubensut, adiós.
Movió los dedos de una mano creando una desdeñosa despedida. Repentinamente se detuvo con una horrorizada mirada en su rostro. Comenzaron a escuchar unos poderosos pasos, casi una estampida, que bajaba por las escaleras. En el último escalón saltaron y al suelo le faltó temblar. A los segundos Ohouji Kiraibeki entró en el salón, arrastraba, como siempre, a Maino Szure y Yoosu Tanra.
-¡Eh! ¡Mira a quien tenemos aquí! – Comenzó Kiraibeki con una socarrona sonrisa. – Souten la sosa, Eino la que no quiere ser mi amiga, Negiru la que me ha roto el corazón, la enana y… ¿Qué coño se supone que eres tú?
El silencioso humanoide junto a las estanterías no respondió nada, limitándose a mirar firmemente a Kiraibeki.
-La historia y cultura no eran tus materias fuertes, se nota. – Comentó Kressligh. – ¡Oh! Que arrogancia la mía, he asumido que fuiste al colegio.
-Cuando hablas, me canso, dejo de escucharte.
-Eso es tu cerebro avisándote de su estupidez. – Kirabeki realizó burlones gestos con una mano, simulando como Kressligh hablaba.
-Veo que estáis todas muy cómodas. Ya os estáis pirando, es la hora de la tele.
Movió su pulgar hacia la puerta del salón consiguiendo que Mie le amonestase con la mirada. Cuando sus ojos se encontraron con los de Tanra y Szure ambos la esquivaron, probablemente avergonzados por formar parte de aquella escena.
-¡Hemos llegado antes que tú! – Protestó Niko.
-¿Y qué? Si queréis leer. ¡A la biblioteca! El salón es para ver la tele.
-¡Vete tú a la biblioteca! – Niko se había puesto de rodillas sobre el sofá y le señalaba firmemente.
-Cálmate Eino. No me gusta pelearme con mujeres, siempre pierden, patalean, lloran y luego acaban en mi cama. Se lo toman a mal.
-Si yo acabase en tu cama me lo tomaría a mal. – Afirmó Airu Kressligh. Kiraibeki la miró con una mueca de desdén, apoyándose en el respaldo del sofá para acercar su rostro a ella.
-Tú y yo aun tenemos asuntos pendientes enana. – La aludida le fulminó. – Pero ahora es la hora de la tele y tú estás en mi sofá. Fuera de él.
-Oblígame. – Kressligh volvió a su libro.
-Encantado.
Mie no tuvo tiempo de entender lo que ocurría, solo vio a Niko y Liam cayendo del sofá. Entonces se percató de que Kiraibeki las había empujado para apoyarse en el respaldo y saltar sobre los asientos. El pobre mueble liberó un gemido de dolor al soportar aquel peso mastodóntico sobre él y los cojines volaron por los aires. No fue lo único, tras una mirada de pánico y un intento desesperado de agarrarse al reposabrazos, Airu Kressligh también voló por los aires, abrazada a su libro, cayendo de nuevo en su asiento, ahora con Kiraibeki a su lado. Si ya de por sí era blanca, en aquel momento parecía un auténtico cadáver. Su rostro se giró lentamente para encararse con Kiraibeki, sus manos todavía agarradas con firmeza al libro.
-Tú… gigantesco… bruto… – Parecía realizar un esfuerzo sobrehumano por controlarse.
Mie se levantó aceleradamente del sillón, sorteando la mesa de café para alcanzar sus caídas amigas. El gigantesco ser también se aproximó a ellas.
-¡Oye! – Gritó Niko al incorporarse. – ¡¿Quien te crees que eres?!
-¿Decís algo? – Se pasaba el meñique por el oído. – No os oigo.
Mie le miró ofendida por su actitud. Tras él, Szure y Tanra parecían divididos entre acercarse a ayudar o permanecer inmóviles para no atraer la ira de Kiraibeki. El rostro de Szure se endureció al ver como el gigantesco ser ayudaba a Liam a levantarse.
-Gracias. – Dijo ella posando su mano sobre el inmenso brazo.
-¡Liam! ¿Estás bien? – Preguntó Niko.
-Sí. No me he hecho daño. – Respondió una vez en pie.
-¿Ves? Todo va bien. – Kiraibeki cogió el mando de la televisión y su sonido inundó la estancia. – Ahora desfilad por la puerta. Tú la primera. – De un manotazo le arrebató su libro a Kressligh y lo arrojó al otro lado del salón. – Ve. ¡Busca! ¡Busca!
Sus risas se cortaron cuando liberó un gruñido de dolor, imitando entonces a un flotador que se desinflaba. Kressligh le había dado una patada en el costado. Se levantó de su asiento con elegancia y se apartó para coger el libro.
-Enana. – Rugió Kiraibeki. Su voz había quedado reducida a una ronca tos.
-¿No te falta nada? – El joven respondió buscando a su alrededor sin comprender. – Lento y estúpido saco de esteroides. – Kressligh oscilaba el mando de la televisión en una de sus manos.
-Devuélvemelo enana, si tengo que levantarme no respondo de lo que te pase.
-Claro. – Se lo arrojó con desgana mientras él sonreía.
-Buena chica.
-Pero esto me lo quedo yo, babon'giggasse. Seguro que no te importa.
Entre dos de sus dedos le mostraba las baterías del mando. Kiraibeki era quien la fulminaba en aquel momento. Tras recuperar su respiración se mostró tranquilo, recostándose en el sofá.
-Szure. – El aludido se volvió rígido al escuchar su nombre. – Trae las baterías.
Aun rígido, giró su cabeza para observar a Airu Kressligh mientras meditaba aquella petición que más había sonado como una arrogante orden que otra cosa. Junto a él Yoosu Tanra se mostró incómodo, parecía buscar el momento para decir algo y al mismo tiempo ser incapaz de encontrarlo.
-¡Oye! – El rugido de Kiraibeki sacó a Maino Szure de sus ensoñaciones. – ¿A qué coño estás esperando? ¡Quítale las putas baterías a la enana y tráemelas!
-¡Para de una vez! – Protestó Niko. – ¡No eres nadie para dar esas órdenes! ¡Nadie tiene por qué hacerte caso!
-¿A quién le importa tu opinión?
-¡No tienes derecho a empujarle de un lado a otro! – Aquella vez fue Liam quien habló. Su acostumbrada sonrisa había sido sustituida por un ceño fruncido. – Desde que has entrado por la puerta. Szure esto, Szure lo otro.
-Tu opinión importa aun menos.
-¡Eres una persona penosa y detestable!
El salón permaneció en silencio mientras Kiraibeki sonreía como si aquello comentarios no hubiesen sido contra él. Detrás del sofá Szure miraba ahora a Niko y Liam, nuevamente parecía sopesar lo que hacer.
-¿Oh? Una persona penosa y detestable, ¿No?  – Preguntó Kiraibeki. – ¿Pero no sois vosotras las que siempre estáis detrás del extranjerito? Extranjero esto y extranjero lo otro. Es muy bonito y muy fácil predicar acerca de los demás. ¿Qué piensas al respecto, Szure? Primero pasan de ti y ahora quieren arreglar las cosas poniéndote en mi contra. Yo por lo menos me he molestado en tratarte como un colega, pero puedes hacer lo que quieras.
-Manipulador. – Masculló Liam con enfado.
Maino Szure pareció hundirse bajo el peso de las miradas que se centraron sobre él. Su mirada se volvió hacia Yoosu Tanra, debía estar preguntándole qué hacer usando solo su mirada. La única respuesta de Tanra fue encogerse ligeramente de hombros. En su gesto parecía estar escrito “yo no puedo decidir por ti”. Szure suspiró.
-O… Oye Kressligh… dame las baterías, por favor.
Toda aquella frase fue recitada sin que Szure mirase una sola vez a su interlocutora. Airu Kressligh había disfrutado de la escena ante ella como quien ve un teatro en vivo, pero ahora había en su gesto, en sus ojos, una tenue sombra de decepción, como si ella también hubiese esperado que Szure respondiera en contra de Kiraibeki, dejando de una vez de ser tratado como su esclavo. Tras estudiarle de arriba abajo acercó su mano a él.
-Qué decepción. – Dijo al dejar caer las baterías sobre la abierta palma de su mano.
Sin mirarle de nuevo se volvió hacia la puerta del salón y desapareció por ella. Szure apretó las baterías antes de acercarse a Kiraibeki y entregárselas. A su “amigo” si se le podía llamar así, le faltó reírse por cómo estaban sucediendo las cosas.
-¡COBARDE! – Gritó Niko con toda la fuerza de sus pulmones, señalaba a Maino. – ¡ESO ES LO QUE ERES, UN COBARDE! ¡SI TE PREGUNTAS LUEGO POR QUÉ LE HACEMOS CASO A OTRAS PERSONAS ANTES QUE A TI AHÍ TIENES LA RESPUESTA!
Szure recibió todos aquellos gritos sin responder, negar o afirman nada de lo que se le decía. Simplemente hundió su cabeza, consiguiendo que su alborotado pelo ensombreciese sus ojos.
-¡Niko! ¡YA! – Ordenó Mie. Ella se dispuso a responder, pero su férrea mirada la contuvo.
-Lo entiendo. – Afirmó Liam mirando en otra dirección. – Hemos creado una pelea por una tontería. – Niko se sobresaltó por sus apagadas palabras.
-¿L-Liam?
-Voy a irme a mi habitación… hasta la hora de cenar…
-No te lo tomes como algo personal Negiru. – Rió Kiraibeki mientras la muchacha andaba junto al sofá.
-¡Liam! – La llamada de Niko no sirvió de nada, Liam simplemente se marchó. – ¡Tú! – Volvió a señalar a Maino. – ¡Mira lo que has conseguido!
-Solo ha hecho lo que tenía que hacer. Déjalo estar de una vez y lárgate con tu amiguita. – Ordenó Kiraibeki.
-¡Y a ti! ¡A ti no te pienso perdonar jamás! ¡Eres el ser más despreciable que nunca se ha cruzado en mi camino! ¡Mentiroso, manipulador!
-No merezco tantos piropos
-Chicos. – Se volvieron para ver a una joven junto a la puerta del salón. La Encargada Aidee se cruzó de brazos. – ¿Qué se supone que está pasado?
-¡Es culpa de ellos! ¡Son un manipulador y un cobarde!
-¡Niko! Ni una palabra más.
-¡No! – Su amiga negaba moviendo su cabeza de un lado a otro, consiguiendo que su coleta rosa trazase amplios arcos a su alrededor.
-¿Manipulador y… cobarde? – La encargada observaba a Kiraibeki y Szure. Mie liberó un cansado suspiro.
-¡Eso son! ¡Eso es lo que ellos son! – Les miraba enfadada. – ¡Liam se ha vuelto a su habitación enfadada por vuestra culpa!
-¡DEJA DE GRITAR DE UNA PUTA VEZ! – Rugió Kiraibeki. – ¡ERES COMO UNA CRÍA! Vete a llorarle a tu mamá.
-No te lo pienso perdonar jamás, Kiraibeki. No lo olvides.
Sin decir una palabra más, solo con una última mirada de ira, Niko sorteó el sofá en una acelerada carrera para escapar del salón y seguir a Liam. Entendiendo que no habría forma de detenerla, Aidee Hyome se apartó de su camino con elegancia.
-¡Niko! ¡Espera! – Protestó Mie al seguirla.
-Un minuto. – Exigió la Encargada. – Creo haber preguntado qué está pasando.
Detuvo sus pasos violentamente para no chocar contra ella. Se vio obligada a pensar rápidamente en qué responder.
-Kiraibeki quiere ver la televisión y nos ha parecido mal que nos eche del salón. Pero… no pasa nada más. – Afirmó Mie.
-¿Es así?
-Sí, es así.
-Kiraibeki, ¿Es así?
-Sí, ¿Por qué no? – La Encargada liberó una divertida exhalación.
-Szure, Tanra, ¿Es así? – Los aludidos se mantuvieron en silencio.
-E-es así. – Respondió al final Tanra. Szure seguía con su cabeza hundida.
-¿Es así?
En último lugar miró a la poderosa criatura, no había dicho una sola palabra, ni a favor ni en contra de lo que había ocurrido en aquella habitación. Se limitó a cerrar los ojos y dejar que la pregunta se perdiese. Con gesto cansado la Encargada se apartó para dejar que Mie y el estudiante extranjero saliesen. No les miraba, tenía la vista fija en la pared al otro lado de la habitación. Una vez atravesó la puerta escuchó sus pasos tras ellos, deteniéndose al otro lado para verles marchar y probablemente oyendo, igual que ella, unas últimas frases antes de que el volumen de la televisión las amortiguase.

-¿Ves lo que te dije? En el fondo soy el único que se preocupa por ti… y por Tanra. Te dije que no te elegirían por encima del sucio extranjero y ¿Qué pensaste tú? – Kiraibeki suspiró. – He hecho todo lo que he podido para protegerte de ti mismo y tú pensando que lo hacía solo por tenerte de mayordomo. ¡Qué injusta es la vida conmigo!

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