14/01/41E.Sol – Youl’ifè – Día de las Seis Estrellas…
[08:53]
El
fin de aquella primera semana se acercaba y el tiempo no parecía acompañar. El
día había amanecido nublado y esas nubes pronto comenzaron a descargar nieve
sobre la ciudad. En las primeras horas de la mañana algunas zonas de los
jardines estaban ocultas bajo una fina capa de nieve.
La
jornada también había comenzado en la residencia Nuevo Jardín. Una residencia
en la cual nunca había vivido tanta gente como en los últimos días. En aquellos
momentos unos daban vueltas en sus camas, perdidos en el sueño, otros se
desperezaban o arreglaban para afrontar el nuevo día. La única persona que
parecía perfectamente despierta y activa era Airu Kressligh, quien se movía por
la cocina acabándose su modesto desayuno. Y es que ella era una persona de
madrugar. Bien porque consideraba ridículo quedarse en la cama, bien porque
directamente empalmaba un día con el siguiente. Por suerte, hoy era el primer
caso. Cuando Airu Kressligh no dormía podía llegar a mostrar un yo exterior que
conseguía que algunas personas llorasen pidiendo clemencia.
Mientras
terminaba de fregar los platos y cubiertos de su desayuno se dedicó a observar
la nieve caer por la ventana de la cocina. Seguía sumida en un debate
silencioso, un debate que había comenzado en el mismo momento que había pisado
su habitación en el Cruce. Quedarse o irse. No le gustaba demasiado el ambiente
de la residencia, de ninguna residencia, ella prefería la libertad y soledad de
un piso o un pequeño estudio. Pero era difícil. La gente no estaba dispuesta a
dar alquileres a extranjeros y menos aun si la persona en cuestión no estaba
allí para verlo. Esa era la principal razón que había frenado sus ansias de
abandonar las residencias. Estaba aguantando hasta que el curso comenzase y
pudiera moverse tranquilamente por la ciudad. Mientras, no le quedaba más
opción que permanecer allí. La joven se secó las manos y dejó el trapo que
había utilizado sobre la encimera. Oía pasos que se acercaban, así que se
dispuso a salir de la cocina y volver a su habitación. En la misma puerta un joven
le cortó el paso. Era el musculoso primate que ya había tenido la desgracia de
conocer y aguantar el día anterior. La miró de arriba abajo.
-¿Qué
es esto?
-En
esta situación, ambos podríamos preguntar lo mismo. – A su interlocutor parecía
divertirle su respuesta.
-¿Se
puede saber de qué vas vestida? – Airu se miró las uñas con ficticio
aburrimiento.
-Me
encantaría pararme a hablar contigo, pero no deseo saber en qué punto de la
escala evolutiva te quedaste atascado.
-Modera
la lengua enanita. Puedo hundirte en el suelo de un puñetazo.
-Como
una bestia primitiva. En realidad no sé qué otra cosa esperaba. – Fingió un
suspiro cansado. – ¿No tienes nada mejor que hacer? No deseo que se te pase una
toma de esteroides por detenerte a intercambiar insultos conmigo. Quién sabe,
podrías desinflarte.
Decidida
a no perder más tiempo se dispuso a salir por la puerta. Cada vez que se movía
aquel primate se interponía en su camino con una sonrisa estúpida adornando su
feo rostro.
-¿Ya
te vas, enana? – Dijo con una risotada al agacharse.
Airu
le observó en silencio, esperando plácidamente a que estuviese a la altura
adecuada. Se había detenido para mirarla fijamente.
-Tienes
muy mal genio para ser tan pequeña. Eso está mal, alguien más grande y más
fuerte podría hacerte daño.
-¿Tú?
Por ejemplo.
-Yo,
por ejemplo.
-Me
carcajearía, pero lo encuentro demasiado vulgar.
Con
un fluido movimiento tiró de su camiseta, tapándole la cabeza y arrodillándole
ante ella. Airu saltó sobre él utilizando una última y grácil patada en su
trasero para descender en el rellano de las escaleras. Se volvió para verle
gruñendo y forcejeando con su propia ropa, no pudo evitar reírse complacida
antes de comenzar su camino hacia su habitación.
-Aubensut, babon'giggasse. Espero que
algún día encuentres tu cerebro perdido, aunque lo dudo, seguramente se suicidó
horrorizado por tu estupidez.
[09:00]
En la sala común el reloj de péndulo marco las nueve
de la mañana. Los sofás vacíos estaban bañados en la suave luz de aquel blanco
día que entraba por las ventanas. Cuando habían pasado los nueve repiques de
campana todo volvió al silencio absoluto salvo el tenue tic-tac. Uriel Aidara
repasaba, ojeaba y ordenaba otro infinito montón de hojas en su escritorio. No
se volvió a mirar cuando Aideelyn entró.
-¿Ya
trabajando? – Preguntó ella con sorna.
-Quien
antes empieza, antes acaba.
-En
tu caso, quien antes empieza, tiene más que hacer.
La
joven caminó hacia su escritorio ignorando su mirada de protesta. Sin duda no
venía a ordenar un solo papel, sino únicamente a molestarle. Antes de volver a
su trabajo la observó inclinada, buscando algo en su mesa.
-La
residencia se está llenando de gente nueva. – Comentó con su acostumbrada
alegría y luminosidad. Uriel le respondió con una áspera exhalación.
-Más
gente significa más problemas.
-¡No
seas aguafiestas Uriel! – Exclamó aparentemente ofendida por su respuesta. – No
habíamos tenido tanta vida nueva en este edificio desde que compré la planta de
la escalera.
Debía
haber encontrado lo que fuese que buscaba, observó cómo se erguía ante su
escritorio. Desafortunadamente en lugar de irse se acercó a él. Trataba de
indagar en que estaba trabajando y debía de tener ya una idea clara al
respecto.
-¿Estás
trabajando en lo que yo creo que estas trabajando?
-Tal
cosa depende. ¿En qué crees que estoy trabajando? – La muchacha le dio un suave
golpe en el hombro.
-Pues
en nuevas formas de esclavizar Daivha como paso previo a tu imperio
intergaláctico. – La miró mientras ella respondía con una inocente sonrisa.
-No,
no trabajo en eso.
-¡Ah!
Pobre, lo había olvidado, el niño dentro de ti sigue castigado en una esquina.
– Se acercó a su oído. – ¡Ten fuerza mini-Uriel, lucha contra la opresión!
-Haz
el favor de dejar de molestarme. – Ordenó apartándola. – Si no tienes nada
mejor que hacer encárgate de la residencia como tu título indica.
-Molestarte
está recogido como algo que hacer. – Se llevó las manos a la cintura. – En fin
señor Gruñidos, ¿Qué información tienes entre manos? ¿Algo en relación con la
chica fallecida? ¿Tiene alguna relación con lo que ya sabemos?
-Eso
busco, que la tenga.
-Si
le pones tú las relaciones no sirve. ¿Por qué no me dijiste nada en su momento?
-¿Deseabas
que me pusiese a contar teorías y probabilidades en la puerta delantera frente
a gente externa?
-Menuda
excusa más pobre, Uriel, tu puedes darlas mejores. – El aludido puso los ojos
en blanco mientras volvía a sus papeles. – ¿Sabe Moyra todo esto?
-Ella
fue quien señaló en esa dirección, yo solo investigo.
-Es
hasta refrescante ver que has decidido creer en algo, o alguien.
-Hasta
la fecha ha acertado en todos sus consejos. – Uriel se detuvo un momento. –
Algo que tampoco me tomo como una garantía. Esos eventos pueden salir bien
porque ella lo quiera así.
-La
desconfianza no te llevará lejos, Uriel. – La repentina entrada de la aludida
en la conversación sobresaltó a ambos jóvenes.
-M-Moyra.
– Aidee trataba de recuperarse del susto. Moyra avanzó tranquilamente hacia
ellos. – Haz el favor de no aparecer de la nada.
-No
he aparecido de la nada Aideelyn, he entrado por la puerta.
-Da
igual. – La muchacha suspiró. – Entres como entres siempre consigues asustarme.
¿Sabes lo que está pasando?
-Tengo
una leve hipótesis al respecto, pero no sé si será del todo correcta. Por ello…
– Observó a Uriel.
-Prefieres
que yo lo investigue. – Había dejado de mirarlas, concentrándose en un punto
aleatorio de su mesa mientras ponía sus ideas en orden. – Tienes suerte… pienso
llegar al fondo de esto…
-No
es por minar tu determinación con detalles insignificantes, pero tenemos una
residencia, nuevos residentes. – Rió alegremente. – No me hagas mucho caso pero
creo que no se atienden solos ¿Sabes? Requieren personas poniendo orden y ese
tipo de cosas.
-Encárgate
de que no me molesten. – La observó sin parpadear. – Como ya ocurrió ayer. –
Ante su mirada de odio Aidee respondió con una sonrisa de suficiencia mientras
se atusaba la melena.
-Tenía
claro que iba a pasar. Esa chica es muy predecible. Tendrías que haber visto su
cara de "inocencia" pos-crimen. No tenía pre-
-Cerciórate
de que no se repita. No quiero exploradoras en mi residencia.
Uriel
volvió rápidamente a su escritorio mientras su compañera seguía riendo. Puso
ante ella su firme dedo índice.
-Que
no me molesten. – Recalcó cada palabra.
-¿Por
qué a Moyra no le dices nada?
-Porque
ella no es Encargada de esta residencia. Así que ¿Te ha quedado claro?
-Afirmativo,
su excelencia. – Respondió ella jocosamente. – Y dígame ¿Los tengo entretenidos
con juegos de mesa y chistes fáciles? ¿O prefiere su grandeza que los asesine
uno a uno? – Añadió con un tono más mordaz.
-Mientras
parezca un accidente.
-Así
se hará. Sus deseos son órdenes para mí.
-Aunque
te pediría encarecidamente que no entierres a nadie en el jardín. Es demasiado
tópico, incluso para ti.
[09:49]
-<Treinta
minutos…> – Pensó Yuna al mirar su reloj. – <¿Tanto me he descuidado
últimamente?>
Con
su antigua rutina de entrenamiento hubiera sido capaz de darle una vuelta
completa al campus universitario antes de comenzar a sentir fatiga. Casi una
hora ininterrumpida de carrera. Ahora llevaba treinta pésimos minutos y se
encontraba extenuada por el esfuerzo. Nunca tendría que haber permitido el
cambio de entrenador durante las exhibiciones en la capital imperial. Antes
estaba mucho más equilibrada, en fuerza, resistencia, velocidad. Ahora tras
unos meses parecía que todo su potencial había quedado concentrado en aumentar
su ya de por si portentosa musculatura, restándole toda capacidad de
movimiento.
Con
un suspiro se sentó en la fuente ante la entrada de la universidad para recobrar
el aliento. Comenzaba a notar como el frío traspasaba la barrera de calor que
su cuerpo había creado por el esfuerzo físico. Se concentró en olvidar que
aquel frío existía, solo necesitaba unos minutos para recuperarse, no helarse
por completo.
-¡Estúpido
mapa de mierda!
Se
escuchó el sonido de una patada contra un objeto metálico seguido de una airada
protesta. Yuna observó el lateral de la plaza, una muchacha rabiaba ante el plano
de la universidad que se encontraba junto al edificio de información. Suponía que era una muchacha por su voz y por
su melena, ya que su silueta, tapada por un estilizado y llamativo abrigo
blanco, era decididamente ambigua. Estaba rodeada por varias maletas y bolsas
de viaje cuya presencia allí era difícil de explicar, aquella muchacha no
poseía el músculo para haber cargado con todo aquello. Suspiró enfadada
mientras se quitaba unas gafas de sol de idéntico color a su abrigo.
-¡Joder!
¡Mierda! ¡Puto-mapa-de-los-cojones-obsoleto-gilipollas!
Rugió
de manera repentina mientras le propinaba más patadas al ritmo de sus palabras.
Con un rápido movimiento se apartó su cabello bicolor de la cara y lo sujetó
con sus gafas. Largos mechones de llamativo rojo daban paso a una extensión de azabache
cortada en una perfecta diagonal sobre su cuello. Decididamente no pasaba
desapercibida en medio del campus, aunque muchas de las personas que caminaban
ahora mismo por la plaza se alejaban de ella.
Yuna
vio como un grupo de chicos se fijaban en su rabieta. Iban todos vestidos y
decorados con una apariencia parecida a aquella muchacha, ropajes rotos,
cabellos con peinados erráticos de colores impensables. Uno de ellos comenzó a
realizar bravucones gestos antes de acercarse. No pudo evitar tensarse
deduciendo lo que ocurriría a continuación.
-Hola
guapa. ¿Necesitas llegar a alguna parte? – Preguntó con prepotencia. Su
interlocutora le observó. Hasta desde la lejanía era obvio que con desdén en su
rostro.
-No
a tu habitación. Así que vuélvete por dónde has venido con tu rabo entre las
piernas, en un sentido completamente literal, y le dices a tus amigos que he
sido una zorra por no dejarme tocar. – Le enseñó la palma de su mano,
indicándole que se apartase.
-Oye,
oye, calma. No hace falta responder así. Intento ayudarte. – La joven rió.
-¡Sí! ¡Venga! Y yo que me lo creo.
-En
serio.
-¿Y
aquellos son? – Señaló a sus compañeros. – ¿El equipo de emergencias por si
hace falta intervención? No ¿Verdad? Son los pringados de tus amigos a los que
te acercaras con el roñoso trozo de papel en que te escriba mi teléfono para
decirles "Ehhh tíos, esta noche mojo, ja, ja, ja, ja". Ya sabes, esa
risa que tenéis los tíos, esa en plan me he dado contra una baldosa y desde
entonces voy lentillo.
-¿Haciéndote
la estrecha? – El joven se cruzó de brazos.
-Definitivamente.
– Respondió con sarcasmo.
-De
nuevo, intento ayudarte, aunque si quieres darme tu teléfono no te diré que no.
-Claro.
Apunta. Ge de gilipollas, como tú. I de gilipollas, como tú. Y el resto ya todo
junto, lipollas, como tú. ¿Te lo repito?
-No
hace falta, diva.
-Entonces.
¡Adiós! ¡Hasta nunca! – Se despidió, sonriente, de él.
El
joven le dedicó una mirada de asco antes de darse la vuelta y caminar hacia sus
compañeros. Gesticulaba con amplios movimientos, usando todo tipo de nombres
obscenos para referirse a su fallida conquista.
-Así
que las mujeres que no se pliegan a tus deseos son todas esas palabras.
Deteniéndose
lentamente, el joven se volvió para encontrarse con la imponente figura de Yuna
Haejin tras él. Su tranquila mirada se fracturó en unos míseros instantes,
dando paso a una forzada sonrisa temerosa.
-N-no
sé de q-qué me hablas…
-Sí,
sabes perfectamente de lo que hablo. Y tendría que enseñarte el primer
principio de la retribución sagrada por tu comportamiento.
-¿R-retribución…?–
Yuna le levantó por el cuello de su raída camiseta sin dificultad.
-Todo
el mal que haces se acabará volviendo contra ti.
Forcejeaba
con fuerza contra ella, en su horror solo era capaz de cogerla por las muñecas
y patalear. Desesperado, el capturado joven se volvió a sus compañeros para
descubrir que habían desaparecido. Su miedo se volvió incluso más visible.
-¿Últimos
deseos?
-Que
le dejes en el suelo. A la de ya, señora grande.
-Señora…
¿Grande?
Ofendida,
se encaró con la extraña joven a quien intentaba ayudar. Sus brillantes ojos
marrones estaban fijos en Yuna emitiendo la palpitante sensación de que toda
aquella situación le resultaba extremadamente molesta. Su rostro era fino, con
una nariz recta y ligeramente puntiaguda, tan clásico que desentonaba entre
aquel cabello multicolor. Avanzó con los brazos cruzados y haciendo sonar los
tacones de sus botas de piel, largas hasta perderse por los bordes del abrigo
blanco.
-¿Qué
significan tus palabras? Claramente eras consciente de lo que este joven decía
sobre ti.
-Sí
y me daba igual. Palabras y palabras, bla, bla, bla. No es el primero, ni será
el último que me ha llamado puta, zorra y demás. – Afirmó aburrida. – Solo
podría decirle que no soy una zorra, soy LA zorra. Y que por ello tiene suerte
de no conocerme de nada, de lo contrario, de lo contrario. – Rió divertida. –
Dejémoslo ahí.
-Y-yo
solo… intentaba a-ayudar. – Dijo el joven entre jadeos. – N-no he dicho n-nada…
n-nada.
-Claro
que sí chavalote. Pero ni he pedido ayuda, ni necesito ayuda, y créeme, no
quiero tu ayuda. Así que déjame dándole patadas al mapa. Y eso va también por
usted señora grande. No necesito que la heroína del día venga a patear culos en
mi nombre. Puedo patearlos solita, solo me contengo porque estas botas se
merecen algo mejor que patear el culo de un perdedor, así que suéltale y vuélvete
por dónde has venido.
Sin
decir nada más les dio la espalda y regresó junto a sus maletas centrándose de
nuevo en el mapa. Yuna la estudió durante unos segundos antes de volver a fijar
su mirada en su presa. Solo con los ojos era capaz de trasmitirle su mensaje.
Aquel día se salvaba, pero si había una segunda trasgresión no vería la luz de
un nuevo amanecer. Le dejó caer con la menor gentileza posible, ignorándole
mientras se escurría por el suelo como un gusano.
-No
me agrada que me llamen señora grande. – Sentenció al acercarse a la extraña
joven que no deseaba su ayuda. Esta rió de nuevo.
-Eres
una mujer. ¿Correcto?
-Sí.
-Y
eres grande. ¿Correcto? – Yuna no respondió. – Señora grande. Ese no me agrada
más bien quiere decir que nadie se atreve a decirlo cuando puedes oírles.
-No
soy una persona violenta. En realidad detesto recurrir a la violencia. Pero
detesto aun más-
-¿A
los gallitos, verdad? – La miró por vez primera. – Dime algo que no sepa. ¿Tienes
que estar aquí encima de mí ahora mismo? ¿No tienes algún otro sitio al que
irte ni cosas mejores que hacer? Como por ejemplo salvar el día y ayudar a las
desamparadas del mundo. Seguro que en algún baño del campus hay una chica
suplicando que alguien le lleve una compresa. No me gustaría tenerte aquí
perdiendo el tiempo cuando puedes ayudarla.
-No
estoy acostumbrada, ni me gusta, que me hablen con ese tono.
-¡Ah!
Perdona ¿Debería tenerte miedo? – Preguntó con sorna. – Vivir bajo el mismo
techo que un alcohólico drogadicto, eso da miedo. Tú solo eres una señora
grande con músculos. Completamente normal si me preguntas.
-Alcohólico…
drogadicto. – Repitió sin salir de su asombro.
-A
veces simplemente le llamaba papá. – Afirmó con una radiante sonrisa.
Yuna
permaneció en silencio mientras aquella más que extraña joven que no deseaba su
ayuda seguía estudiando el mapa del campus. Acababa de narrar una experiencia
que cualquiera consideraría "traumática" con absoluta dejadez, como
quien se dispone a hablar del tiempo.
-¿Puedo
preguntar qué lugar buscas? – Su interlocutora suspiró con hastío.
-Una
puta residencia llamada Jodido Nuevo puto Jardín de mierda que no sale en el
mapa. Porque el mapa es otra mierda. – Se cruzó de brazos ante el objeto de su
odio, como si exigiese que este le entregase las respuestas que deseaba.
-Quizá
hasta pueda ayudarte.
La
extraña joven que antes no había querido su ayuda giró la cabeza lentamente
hasta que sus ojos se encontraron. Su rostro mostraba una sarcástica mueca.
[10:55]
-¿Entonces
sigue enfadado? – Preguntó Niko sin salir de su asombro.
-Bueno…
yo no diría enfadado, más bien levemente molesto.
Mie
secaba los platos que habían utilizado para desayunar. La cocina estaba vacía,
pero el comedor aun tenía gente acabando de desayunar. En ese momento Liam
entró con las bandejas vacías.
-Pero
no lo entiendo. Si he sido muy amable.
-La
cosa no es que seas amable… es que…
-¿Es
qué…?
-Puede
que se sienta un poco… incomodo porque le estas acosando. – Intentó explicar
Mie. El rostro de su amiga le dejó claro la inutilidad.
-No
le estoy acosando. – Protestó enfadada. – Además si le molestó ¿Por qué no me
lo dijiste ayer?
-Básicamente
porque no quería que le persiguieras. – Susurró entre dientes mientras dejaba
los platos en su respectiva alacena.
-¿Qué
debería hacer ahora? – Se preguntó Niko a sí misma.
-Yo
creo que las cosas se asentarán solas. Solo hay que darles el tiempo
suficiente. – Afirmó Liam. – Dageste parece un chico muy simpático.
Mie
sopesó aquellas palabras. Independientemente de que fuese o no simpático, lo
que parecía era un chico ligeramente despegado de los demás. Si hubiese sido
alegre y cercano ahora no estarían teniendo esta conversación, Niko y él ya se
llevarían de maravilla.
-No
entiendo por qué te preocupas tanto. Ya te dije que lo mejor es ser cordiales y
no llevarnos ni bien ni mal con nadie. – Mie se encaró con ella. – Aparte, me
prometiste que no ibas a ser el centro de la sociedad de esta residencia.
¿Recuerdas?
-Lo
sé, lo sé y lo sé. Es que no quiero que Eduin viva aquí teniendo una mala
impresión de mí. Y ya no se me ocurre nada…
-Edín.
– Corrigió Liam cariñosamente.
-¿No
he dicho lo mismo?
-Me
temo que no. – Respondió ella con una sonrisa.
-Pues
Eduin. – Liam rió.
-Yo
empezaría aprendiéndome su nombre correctamente… aunque seguro que el mundo se
acabará si tiene una mala impresión de ti. – Mie suspiró. – Te diría que lo que
tienes que hacer es ignorar el tema en su totalidad, pero te conozco así que a
lo mejor lo que deberías tomártelo con tranquilidad y sobre todo, dejar de
acosarle. Sé más natural… fuerza menos la situación.
-Más
natural… menos forzar. ¡Entendido! – Mie dudaba que lo hubiera entendido.
-No
sé que le veis a ese para que todas le prestéis tanta atención. – Dijo Maino
Szure al entrar en la cocina. – No es nada del otro mundo.
Ignorando
las miradas de las chicas avanzó desde la puerta del comedor seguido por Yoosu
Tanra. Comenzaron a fregar. Parecía que su comentario era simplemente un
añadido sin importancia, aunque había un tono de resentimiento perfectamente
perceptible que consiguió que Mie torciese la boca.
-¿Qué
intentas decir con eso? – Como era obvio, Niko no podía dejar pasar cualquier
situación para dar rienda suelta a su curiosidad.
-Nada.
Solo he dicho lo primero que se me ha pasado por la cabeza.
-No
quiero sacar conclusiones donde no las hay pero… ¿Estas celoso? – Maino Szure se
estremeció ante la pregunta de Liam.
-¡Claro
que no! – Se volvió a ellas.
-Ey,
ey, Szure, no grites. – Exigió Ohouji Kiraibeki al entrar en la cocina.
-No
estaba gritando.
-Ya,
lo que digas. – Kiraibeki dejó sus platos sobre los de Szure.
-¡Oye!
– Gritó enfadado al percatarse. – ¡Un momento!
-¿Pasa
algo?
Kiraibeki
había comenzado a alejarse, pero en el último momento se encaró con él. Maino
Szure se mantuvo en silencio. Apretaba los dientes y su cuerpo temblaba por la
furia. Al mismo tiempo era consciente de que se encontraba ante una batalla
perdida. Con frustrante sumisión se volvió al fregadero.
-Así
mejor, Szure. Buen chico.
Kiraibeki
le pasó una mano por la cabeza como si se tratase de una mascota. El gesto solo
consiguió que los furiosos temblores de Szure se incrementasen. Las tres chicas
observaron la escena con silenciosa desaprobación. Mie se acercó a Niko por si
decidía dar rienda suelta a su opinión acerca de lo que acababan de ver.
Aparentemente su amiga encontró la fuerza para contenerse. Con sus pesados pasos, Kiraibeki se acercó a
ellas.
-Asumo
que habláis del fracasado que duerme al lado de mi habitación. El extranjero.
Ese que se caería con solo soplarle. – Comentó riendo. – Si buscáis un nuevo
amiguito aquí me tenéis a mí. Para todo lo que haga falta. – Añadió acercándose
más de lo que era admisible.
-¿Tú?
– Niko se apartó asqueada.
-¿A
que viene esa cara? Te estoy ofreciendo mi amistad sincera. Soy cien veces
mejor que ningún extranjero.
-Con
todos mis respetos, creo que diré que no estoy interesada. – Afirmó Liam.
-¿Interesada?
Qué pena. Aunque nadie ha dicho nada de interés. Al final sois las mujeres las
que tenéis una mente sucia, Negiru. – A Mie le pareció escuchar como Szure
gruñía.
-Mis
disculpas, no lo decía con ese sentido. – Su sonrisa parecía más una forma de
cortesía que un gesto sincero.
-Me
gustan las chicas modositas. – Kiraibeki rió. – ¿Y tú, Eino?
-¿Yo?
– De nuevo habló asqueada por la posibilidad. – Nunca. Tú, yo, nunca. – Sentenció
moviendo las manos al ritmo de cada palabra. Su interlocutor sonreía.
-¿Nunca?
-Nunca.
– Recalcó Niko.
-No
hace falta ser tan dura. – Pidió Mie.
No
es que sintiese pena o conmiseración alguna por aquel joven, era simplemente
que Niko, como casi siempre, estaba siendo demasiado directa para su gusto.
Desgraciadamente su interlocutor lo entendió de otra manera y comenzó a
estudiarla. Mie se sintió ofendida, parecía estar pasando por algún tipo de
certamen de belleza.
-Una
pena Souten, tú no me interesas demasiado. Me gustan modositas, no sosas.
-Dejaré
que mi rostro de apatía hable por sí solo.
-¿Ves?
Demasiado sosa para mí gusto.
-¿En
serio consigues algo hablando así con las mujeres? – Preguntó Niko.
-Más
de lo que crees.
-¿Ninguna
te rechaza? – El tono extrañado de su voz se notaba a la perfección.
-Ninguna.
– Kiraibeki sonreía orgulloso.
-Eso
quiere decir que todas te rechazan. – Afirmó finalmente Niko. El joven
respondió con una seca carcajada.
-La
verdad es que todas se hacen las estrechas, como tú. Luego se les caen las
bragas rápidamente.
-Pues
será que no las compran de su talla. – Liam no pudo evitar reírse ante el
comentario de Niko. – ¿Qué he dicho ahora?
Su
amiga solo pudo responder moviendo la mano mientras se disculpaba. No era la
única que reía, desde allí podía ver a Maino Szure y Yoosu Tanra conteniéndose.
Justo cuando Ohouji Kiraibeki se disponía a hablar escucharon como tocaban a la
puerta principal. Instintivamente las chicas miraron hacia el pasillo. Niko
golpeó con el dedo a su Mie.
-¿Tenemos
que abrir nosotras?
-¿Tú
has visto que en alguna parte tengan un portero? – Respondió Mie mientras salía
de la cocina.
Con
celeridad se dirigió a la puerta delantera y abrió agradeciendo el dejar atrás a
Ohouji Kiraibeki, quien parecía que había finalizado aquella conversación. Al
otro lado esperaba una muchacha alta y robusta.
-Haejin.
– Dijo al verla. – ¿Se te han olvidado las llaves?
-No.
Esperaba que viniese la encargada a la puerta. Traigo una nueva inquilina.
Avanzó
al interior para dejarle paso a otra persona. Era una muchacha de estrambótico
cabello, algo más alta que Mie, engalanada en un abrigo blanco y cargada casi
por completo por su equipaje. Fue dejándolo en la entrada mientras recobraba el
aliento y la compostura. No parecía ser una persona acostumbrada al deporte o
el esfuerzo físico. Aunque a ojos de Mie no parecía ser una persona
acostumbrada a nada que no estuviese relacionado con su apariencia. Se apartó
un mechón de cabello rosa que había caído sobre su rostro.
-Te
dije que me dejases llevar alguna maleta. – El comentario de Haejin tuvo como
resultado una mirada asesina.
-Y
yo te dije que te metieses en tus asuntos. Creo que estamos empatadas.
Tomó
aire con fuerza y comenzó a estudiar sus alrededores. Tras la sorpresa inicial
abrió la boca. Mie supuso que estaba maravillada por aquella elegante
residencia, pero el gesto de sombro se fue torciendo lentamente.
-Pero…
¿Que mierda de sitio es este? – Protestó. – Oye, espero que no me estés
timando. ¿Es esto Nuevo Jardín? – Preguntó mirando fijamente a Mie.
-Sí…
esto es Nuevo Jardín. – Observó cómo se pasaba una mano por el pelo con un
gesto de frustración.
-Este
día ya no puede empeorar más. Mapas de mierda desactualizados, gilipollas
asaltándome en medio del campus, una residencia asquerosa perdida entre el
bosque. Y encima está decorada con el puto gusto de hace quinientos años. Guay,
simplemente guay.
Mie
atendió a sus palabras sin dar crédito. Aquella joven hablaba como si acabase
de salir de un antro callejero lleno de bandas, drogas y música
prohibitivamente alta. En realidad nunca había oído tantas palabras malsonantes
seguidas en una misma frase, y tenía claro que podría encadenar muchos más si
así lo quería. Tampoco era capaz de entender su crítica a la residencia.
-Eres…
¿Eres una nueva residente? – Preguntó con cortesía.
-Eso
parece. En el cutre-Cruce me han dicho que tenía que ir a Nuevo Jardín. Si este
sitio es Nuevo Jardín…
-¿Va
todo bien? – Liam se había asomado por la puerta de la cocina. Niko apareció
tras ella.
-¿Quién
es? ¿Quién ha venido?
Se
detuvieron al encontrarse cara a cara con la recién llegada. Niko, como era
costumbre en ella, permaneció mirando, sin pudor, su vestimenta y apariencia.
-Eh,
coli-rosa. – Chasqueó los dedos ligeramente molesta.
-Es
que eres un poco llamativa. – Niko se disculpó con una sonrisa.
-Dijo
la chica con el pelo color chicle. – Niko se llevó sus manos a su coleta, casi
desolada por el comentario. Había tocado un tema escabroso, a ella le encantaba
su pelo.
-¡No
es chicle, es rosa coral oscuro!
-Me
suena tu cara, ¿Te conozco de algo? – La nueva inquilina estaba estudiando su
rostro atentamente.
-L-lo
dudo. – Niko se separó de ella para acercarse, levemente avasallada, a Mie.
-Mira
a quien tenemos aquí. Una nueva adquisición. – Ohouji Kiraibeki se apoyó en la
puerta del comedor. – Hola. – Hubo una mueca de asco colectiva.
-¿Este
también vive aquí? – Inquirió señalándole mientras miraba a Haejin. Ella se
limitó a asentir. – Fabuloso todo. – Se pasó la mano por el pelo. – ¿Puede
alguien buscar a quien sea que mande en este agujero y traerlo aquí a ser
posible ya?
-No
has dicho las palabras mágicas. – Rió Kiraibeki.
-¿Muérete?
– Preguntó sonriente.
-Casi,
casi.
-Uy
que pena. He perdido. Ahora lo nuestro nunca podrá funcionar.
-Iré
a buscar a la Encargada Hyome. – Dijo Liam.
-Sí
por favor y gracias.
Se
sentó, más bien dejó caer, sobre su gigantesca maleta con cansancio y comenzó a
observar a sus interlocutores. Maino Szure y Yoosu Tanra se habían unido a
ellos, aunque miraban desde la puerta de la cocina sin decir nada. La recién
llegada alzó una ceja.
-¿Siempre
recibís a todo el mundo como si fueseis psicópatas sonrientes salidos de algún
tipo de casa de locos? ¿Cuando me esté bañando me apuñalareis y me dejareis
desangrándome por el sumidero?
-¿Quién
sabe? – Rió Ohouji. La aludida le miró de soslayo al entender el doble sentido
de sus palabras.
-Quizá
si nos presentamos no será tan violento. – Niko sonreía. – Mi nombre es Nieriko
Eino, pero todo el mundo me llama Niko. Es un placer. Ella es mi amiga Mie
Souten. – Añadió señalando a Mie. Tras unos segundos de incredulidad la recién
llegada se puso las gafas de sol. – ¿Qué haces?
-Protegerme
los ojos. Eres tan alegre y feliz que se me pueden derretir. Me han dado hasta sudores
al oírte. – Su respuesta consiguió que Niko hinchase ofendida los mofletes.
-Si
quieres me presento yo-
-No.
– Cortó en dos la frase de Kiraibeki. – Seré más feliz no sabiendo tu nombre. –
Se levantó de su maleta y quitó las gafas de sol. – Shu'Len. Ese es mi nombre.
-¿Shu'Len?
– Repitió Niko. – ¿Eso es un nombre?
-"Dalia
dorada". Un nombre tan bueno como cualquier otro.
-¿Pero
es un nombre real? ¿Es tu nombre real? – Shu'Len rió.
-He
dicho que ese es mi nombre. ¿Tienes algún problema con él?
-Ninguno.
– Respondió rápidamente Niko. – Es muy bonito.
-Así
mejor.
-Estás
dando una inmejorable primera impresión. – Dijo Haejin. Shu'Len la observó.
-¿Crees
que me importa?
-No.
Pero quería decirlo aun así.
Su
interlocutora respondió aplaudiendo un par de veces con un sarcástico gesto de
apoyo a sus palabras. Su conversación se detuvo ahí, sumiendo la entrada en un
silencio que duró hasta que escucharon los pasos desde la escalera. Liam venía
acompañada por la Encargada Aidee Hyome, quien sonreía a Shu'Len.
-Hola,
bienvenida a la residencia Nuevo Jardín. Soy la Encargada Aidee Hyome. – Dijo
con su característico giro de muñeca.
-No,
más gente sonriente y feliz no. Clemencia. – Protestó poniéndose de nuevo las
gafas de sol. Su respuesta dejó a Aidee sin palabras. Se levantó de su maleta
con un brinco y se colocó ante ella. – Mira, me llamo Shu'Len y tiene que haber
un error. Verás, yo iba al Cruce de Caminos y el simpático Prefecto, gilipollas.
– Masculló. – Me ha dicho que no puedo vivir en el Cruce de Caminos por no sé
qué de que está deshabitada temporalmente, así que me ha mandado aquí. Seguro
que este sitio es la bomba, todos sois súper simpáticos. Ya me he dado cuenta,
me ha venido a recibir hasta uno que pasaba por allí. Pero esto no es para mí.
Está lejos del puto centro de la ciudad, del puto edificio de artes. – Se
detuvo para pensar. – Bueno, del edificio de Artes no, pero tú me entiendes.
¡Está lejos de absolutamente todo es este asqueroso mundo! Así que, ¿Me harías
el favor de llamar al Cruce de Caminos y decirle a ese gilipollas que tienen
como Prefecto que me readmita? Yo seguiré mi camino y vosotros viviréis en este
universo de luz y bondad que os rodea.
La
Encargada Aidee atendió a la totalidad del discurso sin dejar de asentir una y
otra vez. Cuando Shu'Len terminó de explicarse proyectó sobre ella una poderosa
sonrisa.
-Verás,
Shu'Len, no está en mi poder coger a la gente, porque sí, y cambiarla de una
residencia a otra.
-Mierda.
– Gruñó la recién llegada. – ¿Y qué coño ha pasado en el cutre-Cruce para que estén
diciendo que está deshabitada?
-Un…
desafortunado incidente.
-¿Cómo?
– Dijo con una risita.
-Un
suicidio. – Sentenció Haejin. La boca de Shu'Len se desencajó mientras sus
gafas se deslizaban por su nariz.
-¿C-cómo…?
-Debido
al incidente ahora mismo nos resulta imposible realizar cualquier tipo de
cambio con respecto a las residencias. – Explicó la Encargada. Shu'Len parecía
salir de un largo trance. Se pasó una mano por la frente mientras con la otra
cogía sus gafas de sol. Suspiró.
-E…
entiendo… perfectamente. ¿Puedes decirme cual es mi habitación? – El repentino
cambio de actitud sorprendió a Mie, y aunque seguro que no fue la única, nadie
dijo nada.
-En
el segundo piso. Habitaciones de chicas. Aunque primero necesitaría el impreso
de cambio de residencia que deben de haberte dado al llegar al Cruce de
Caminos.
Shu'Len
introdujo su mano en el amplio bolsillo del abrigo blanco y entregó el arrugado
formulario. La Encargada lo estudió en silencio.
-Está
todo en orden. Si me sigues arriba.
-Sí.
Claro. – Respondió cansada. – ¿Puedes ayudarme con mi equipaje?
Su
mirada se centró en Haejin. Esta asintió antes de coger una maleta. No fue la
única, Niko se armó con varias bolsas de viaje. En pocos segundos Shu'Len no
tenía absolutamente nada que subir.
-A
ver… ¡A VER! La idea era que me ayudaseis. – Gruñó al ver que todas sus
compañeras contribuían a subir su abultado equipaje. – Ahora solo falta que
alguien me suba en brazos por las escaleras. – Desde la puerta del comedor
Kiraibeki sonrió. Shu'Len le fulminó. – Ni en tus sueños, chavalote. Grábatelo,
ni-en-tus-sueños.
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